Después de unas horribles horas de espera, por fin había podido ver a Aaron. Las cosas entre ambos habían tomado otro rumbo y eso me ponía feliz. Aaron había preguntado dos veces por Marcos y su madre le había respondido lo mismo en las dos ocasiones. Ella decía que se encontraba estable, pero cada vez que lo decía mis dudas afloraban. No tenía idea cual era el pronóstico para Marcos, solo sabía que estaba despierto y el número de su habitación. Tenía clarísimo que nuestra relación era tensa y rara, pero aun así quería hablar con él y darle a Aaron la calma que necesitaba. Caminé hasta su habitación y toqué la puerta dos veces seguidas. Sin esperar una invitación, entré en el lugar con cautela, casi bordeando el miedo. Sus ojos me observaron primero con confusión y luego con asom

