Carolina estaba en la ciudad. De seguro había viajado para ver a su familia. La sonrisa de mi rostro no podía ampliarse más, por fin nos encontraríamos. Corrí hacia la habitación de mi madre y me tiré a su lado de la cama mientras ponía una cara de perro degollado. Aún estaba castigado, era una mierda. —Mamá, necesito un favor... Mi madre me observó fijamente y negó con su cabeza mientras se cruzaba de brazos sin decir ninguna palabra. —Hoy conoceré al amor de mi vida, tienes que dejarme ir a verla —suspiré y luego la tomé del brazo. Mi madre abrió los ojos con sorpresa y luego soltó una carcajada. —¿Sabe que eres un pequeño delincuente? —alzó una ceja y luego negó con la cabeza—. La respuesta es no. Recuerda que ayer hice una excepción solo por ser tu cumpleaños. Bufé con fastidi

