Los nervios estaban por comerme la mente entera. Hoy era el gran día y ya no había vuelta atrás. Elegí vestirme un poco fuera de lo común. Saqué un vestido de mi ropero y me lo puse por encima de los gastados jeans que traía puesto. Me observé de pies a cabeza en el espejo de mi dormitorio y luego decidí vestirme como normalmente lo hacía, de todas maneras tenía que mostrarme así frente a Aaron, y luego era su decisión el aceptarme o no. El final de nuestra historia estaba en sus manos y me sentía muy vulnerable ante eso. (...) Salí de casa con una sonrisa nerviosa en el rostro. ¿Aaron me recordaría de la fiesta en casa de su amigo? Quizá no. Entonces, cuando llegué a la plaza de la ciudad lo vi con un ramo de flores en las manos mi estómago comenzó a moverse violentamente. Este

