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Un reencuentro inesperado

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chica buena
perra
inspirador
mamá soltera
tragedia
YA Fiction Writing Contest
humor
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intro-logo
Descripción

Micaela era una chica de 16 años nacida en Inglaterra. Ella era muy feliz con su familia, pero no todo era color rosa. Cuando ella cumplió 8 años su padre murió.

Sofía, su madre, decidió que lo mejor sería mudarse a México, dejando a su gran amiga Ana, su trabajo y todo lo que le recuerde a su esposo.

Micaela se puso muy triste, puesto que en Inglaterra estaban todos sus amigos, sobre todo Chase, el hijo de Ana, pero no podía hacer nada al respecto.

¿Qué pasaría cuando Micaela y Chase se vuelvan a ver?

¿Recordarían conocerse?

¿Se llevarán bien?

¿Serán amigos ... O algo más?

Descúbrelo en "Un reencuentro inesperado..."

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Capítulo 1
Micaela Era un viernes por la tarde y me encontraba en la computadora hablando con la web cam encendida con mi mejor amiga Sabrina, cuando de pronto escuché a mi mamá gritar. —¿Mamá que te pasa?, ¡¿me quieres matar de un susto?! —exclamé. —Lo siento mi vida, es que… ¡Ana viene a México! —¿Ana? —ese nombre me parecía muy familiar. —No me digas que ya te olvídate de ella— asentí —es mi mejor amiga ¿lo olvidas?, ¿vecina en Inglaterra?, ¿madre de Chase? Intenté recordar, pero no venía nada a mi mente, aunque a decir verdad el nombre Ana y Chase me sonaban muy familiares… ¡Al fin lo recordé! ¡Chase era el hijo de Ana y ambos eran mis vecinos en Inglaterra!, ¿Cómo olvidar a mi primer amor de niñez? Mamá y Ana eran muy unidas, pero no tenía idea de que se mantenían en contacto. Creí que mamá no quería tener contacto ni saber nada que le recuerde a papá. Cuando aún no había ocurrido la tragedia solíamos pasear juntos con mi padre ya que el de Chase había desaparecido del mapa, la verdad no recuerdo si a él lo llegue a conocer… La verdad ahora no me importaba mucho ver a Chase. Si bien es cierto antes éramos buenos amigos, ya habían pasado muchos años y era obvio que él ni me recordaría. Precisamente habían pasado 8 años desde que nos vimos por última vez. Cuando la tragedia de papá aún no ocurría. Con Chase pase muchos momentos de mi infancia, incluso fue mi primer beso a los 5, pero ¿quién recordaría eso?, ¡teníamos 5!, ni yo lo recordaba, sólo lo sé porque mi madre me lo contó en el avión mientras nos dirigíamos a México, ella dijo que él me beso en mi cumpleaños cuando yo le di un dulce o algo así, la verdad que no recuerdo mucho ya que mamá me lo contó cuando tenía 8. Yo solo estaba triste porque ya no vería más a mis amigos de Inglaterra y no le estaba prestando atención a mi madre. Lo que si recuerdo es que me encantaba pasar el día jugando con Chase, era mi complemento ideal en ese entonces. —Bueno Mica voy a recogerlos al aeropuerto, ¿vienes? —me preguntó mamá trayéndome de vuelta a la realidad. —No ma, prefiero quedarme en casa. Estoy en un asunto personal con Sabrina. —Está bien querida, no tardo. —Depositó un beso en mi mejilla y se marchó. Me quedé en las r************* todo el día hablando con mi amiga sobre sus mil y un amoríos, ¿podría haber alguien más enamoradiza que ella? Es que no miento, cada semana se ilusionaba con un nuevo amor. Estábamos en una reunión virtual pasándola muy bien hasta que fui interrumpida por el timbre de la casa. ¡Esto era e colmo! ¿Cuándo mamá aprendería a sacar su llave? A regañadientes me dirigí a la puerta principal, tuve que terminar la llamada con mis amigos. No quería que me vean alejarme de la pantalla pues aún seguía en pijama. Al abrir la puerta me encontré con mi madre, Ana, que no había cambiado nada y un chico de ojos celestes, cabello castaño y súper despeinado, supuse que se trataba de Chase. —¡Hola querida!, ¡Cuanto haz crecido!, ¡Te vez genial!, ¡Ya eres toda una señorita! —me saludó eufóricamente Ana —Hola Ana, cuanto tiempo. —Estas muy linda cielo, recuerdo cuando aún eras una petiza —la señora Ana limpio las pequeñas lagrimas que se acumulaban en su rostro —Ay no, yo siempre tan llorona. Ignórame linda es que me pongo muy sentimental, ¿cómo es que el tiempo pasa tan rápido? —No te preocupes —sonreí —que lindo vernos después de tanto tiempo. —¿Recuerdas a Chase? Chase que estaba distraído jugando en su teléfono me miro de arriba abajo y sonrió a ver que tenía puesto un pijama de corazoncitos. —Hola —se limitó a decir mientras despistaba la vista de la pantalla y me miraba a los ojos. —Hola Todos entramos a casa, mi madre no paraba de hablar con Ana, ambas estaban súper felices, se notaba a millas. Y claro, quién no estaría así al ver a su mejor amiga después de tanto tiempo. Chase por su parte lo único que hacía era jugar en su celular. Como yo sobraba en esa escena decidí subir a mi habitación y reanudar mi llamada con mis amigos. Brandom, el más tímido de la clase había perdido un reto y tenía que tomar un par de shots. ¡No me lo podía perder! Estaba hablando con Sabrina, mi mejor amiga, cuando veo a alguien parado mirándome fijamente en el marco de mi puerta, era Chase. —¿Se te ofrece algo? —dije en tono malhumorado. Acababa de perder una apuesta, además odiaba que invadieran mi privacidad. —Nuestras madres se fueron de compras y me dijeron que estaba a cargo por ser el mayor. —¿Qué demonios?, si mal no recuerdo tenemos la misma edad. —Te equivocas —dijo sonriendo —soy mayor por un mes y medio. —¡Que ridículo! De igual manera que estés a cargo no te permite invadir mi privacidad. Así que déjame tranquila ¿sí? —Estoy a cargo de todo lo que este en la casa —dijo en tono autoritario —incluyendo tu cuarto, así que yo creo que sí puedo entrar aquí. —¡Largo de mi cuarto! Me sentía al fin en privacidad cuando note que un pie impedía que la puerta se cerrara completamente. Este chico comenzaba a exasperarme. La puerta se abrió dejándome ver a Chase sonriendo ridículamente. —Te comportas como si siguiéramos teniendo 8 años —¿yo me comportaba como niña de 8 años? Miren que tenemos aquí, el burro hablando de orejas. —Mira Chase yo me comporto como quiero, donde quiero y cuando quiero en especial si estoy en mi casa. No sé qué quieres que haga para que me dejes tranquila y sola en ¡Mi casa! —Bueno señorita yo hago lo que quiero —enfatizó mis primeras palabras —Sofía, tu madre dijo que me ayudarías a ordenar mi cuarto como recompensa de no habernos ido a recoger al aeropuerto. —¿Qué no puedes hacer tus cosas solo? —Son demasiadas cosas. —¿Y si no quiero ayudarte qué? —Pues tu madre me dijo que si te negabas ya no irías al estreno de... —¿Cómo mi madre pondría un castigo tan grande a simplemente no querer ayudar a un loco a ordenar su habitación? —Si quieres llámala y compruébalo. —Por la naturalidad en que me lo sugería supuse que estaba diciendo la verdad. ¿Es que mi madre se volvió loca? —Bueno, que sea rápido. Chase bajo por sus maletas mientras yo me dirigía a la habitación asignada por mi madre.  Fui tomando una de las maletas que ya estaba aquí con el fin de terminar con esto lo más rápido posible, la abrí y para mi buena suerte *sarcasmo* lo primero que tuve a la vista fue su ropa interior. Unos boxers de bob esponja. Y me decía infantil a mí. —Oye, esa maleta es personal. —¿Quieres que te ayude o no? —estiré su bóxer de bob esponja y no pude evitar reir. —Estas imaginándome con eso puesto, ¿cierto? ¿Que era él?, ¿una especie de brujo o algo por el estilo? —Claro que no. —No sabes mentir, es obvio que si lo hacías. —¡Te estoy diciendo que no lo hacía! —Pues yo creo que sí. —¡Que no! —¡Que sí! —¿Y qué si lo hacía? —Pues te lo regalo si tanto lo quieres. Tómalo como un suvenir de Inglaterra. —No lo quiero —le tiré el bóxer directo a la cara, pero los buenos reflejos de Chase reaccionaron de inmediato. No me sorprendería que se haya vuelto capitán del equipo de baseball. Sabía que ese deporte le encantaba. —Entonces déjame esa maleta a mí. —¿Y yo que hago? ¿Es tan necesario que te ayude? Yo creo que puedes solo. —Puedes ayudarme a acomodar mi ropa, no la interior —señaló una maleta grande ignorando mi petición. En la maleta se encontraban muchas prendas de vestir, saque todo y lo tire en la cama. Lo fui acomodando en los cajones, estaba dirigiéndome a la cama por más ropa cuando tropecé con una maleta y caí sobre los labios de Chase. —¡Ay! —me queje por esa tonta maleta mientras me separaba rápidamente. Estaba segura de estar roja como un tomate. —Hace tiempo que no sentía tus labios Mica —soltó mirándome fijamente. —¿De qué hablas? —Nada, olvídalo. —Anda Chase cuéntame —supliqué con mi mirada de cachorro. —No Mica, esa mirada ya no funcionara.                

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