Caída. Creo que hubiera sido imposible para mi el actuar como santa si no supiera que cada mínimo error implicaba la muerte de mi persona y un hundimiento a un profundo dolor tortuoso. Alzar la cabeza no era fácil, enfrentarse a Karlo tampoco lo era. Tuve que presentarme frente a él como princesa, no como su hija a pesar de saber que sus amorosos ojos me seguían viendo como su pequeña niña. —Saludos al emperador. Me incliné ante él con suavidad. Ante todo era la santa, es decir que tenía que tener un comportamiento ejemplar ante cualquier situación, incluso si era frente a mi propio padre. Vi el rostro entre frustrado y cansado de Su Majestad. —Ariadne, he sido siempre muy comprensivo con cada cosa que has hecho. No te he cuestionado como muchos harían. Era verdad y lo sabía. Pretend

