Colapso. Era incontrolable el deseo de poseerla en cuanto la vio. Hermosa y joven como una rosa, una santa que parecia la fantasía lasciva del pecador mas lujurioso. —La princesa… Incluso su título era exquisito de pronunciar. Era evidente no importa que tanto intentó ignorar sus deseos bajos, estaba destinado a caer continuamente ante la belleza de sus ojos, la fiereza de su carácter. Pero aquel sentimiento eufórico se vio opacado por un sentido agrio como el limón en cuanto vio su desesperación por correr hacia Kassiel Verdem. Nikolai era el hombre por quien ella llamaba, aquel que acudió rápidamente a su carta sin mayor prisa, pero no era el hombre al que ella quería. Mordió sus labios evitando la agresividad que lo corroía. Ariadne no necesitaba ser resguardada por otros brazos.

