—¡Qué exagerado eres! —sonreí rodeando su cuello con mis brazos—. ¿Y dónde están todos? —Ya se fueron. Tus padres se llevaron a Thiago con el chofer y los escoltas. Vamos nosotros. ¿De verdad tengo que dormir en casa de Oliver? ¡No le diré nada a Sofía! —me pidió casi suplicando. —Sí, tienes que ir. Porque ella se terminará enterando y no quiero que se enoje conmigo —sonreí y lo saqué de la mano. Él salió suspirando. Cuando llegamos, ya estaban todos allí. Nuestros amigos, los padres, Marta, Rosita. Saludamos a todos y me llovieron los cumplidos. Thiago estaba con Oliver contándole sobre una película de carritos y Oliver le prestaba atención como si fuera el tema más importante del mundo. Estaba feliz de tener a la gente que quiero allí. Mientras nos servían champán, Max pidió la atenc

