Punto de vista de Elena. Después de despedirnos de todos, Maximilian y yo nos quedamos un rato más en la casa conversando con Rosita, quien se encargaba de supervisar que todo el servicio del banquete quedara impecable antes de cerrar la propiedad. Max iba a llevarme a casa, pero recibió una notificación de Esteban, uno de los directivos de la sede en Madrid solicitando una videoconferencia urgente para revisar unos avances del proyecto internacional. —Amor, ¿te importa acompañarme a la oficina de la constructora para atender esto? Es un tema que no puede esperar al lunes. —Para nada. Vamos, todavía es temprano. Aún no se ha acabado el encanto de la noche —le sonreí, subiendo al coche. —Tú siempre tienes ese encanto, Elena. No necesitas que sea medianoche —bromeó mientras arranca

