Inhalé el aroma de su perfume, esa esencia de ámbar rojo que me volvía loco. Pegué mi cuerpo al suyo; la reacción fue instantánea, mi cuerpo la reconoció como su mitad. Susurré en su oído: —¿Vas a salir con él de nuevo, mi amorl? ¿Así va a ser? ¿Yo consumiéndome por ti y tú yendo a divertirte con otro? —Los celos me quemaban por dentro. —Maximilian... —su respiración se volvió pesada al sentir la presión de mi cuerpo contra el suyo. —Dime una cosa... ¿tu cuerpo reacciona así cuando estás con él? —Aparté su cabello y deposité besos lentos en su cuello. Succioné levemente el lóbulo de su oreja y terminé con un pequeño mordisco en su nuca. Sentí su estremecimiento. —¡Max, por favor, no me hagas esto! —suplicó—. ¿No ves lo que me cuesta mantenerme en pie? Vas a casarte y yo necesito recons

