Punto de vista de Elena. Ya estaba lista cuando recibí un mensaje de Leandro diciendo que me esperaba en la puerta. Tomé mi bolso, le di un beso a Thiago mientras dormía y me despedí de Marta y de Sofía, que se habían quedado en el salón. Cuando bajé a la entrada, vi a Leandro apoyado en su auto, con esa sonrisa que parecía diseñada para desarmar a cualquiera. Dios mío, este hombre era un peligro. Estoy muriendo por dentro por haber tenido que soltar a Maximilian, pero Leandro tenía una belleza casi indecente. Irradiaba un carisma seductor y un aroma que era la mezcla perfecta entre elegancia y masculinidad. Era el tipo de hombre que hacía que cualquier mujer en Astoria se detuviera a mirar dos veces. —¡Hola, hermosa Elena! —caminó hacia mí y me dio un beso en la comisura de los labios

