Janeth escuchó en silencio y con mucha atención la historia de Olivia. Las lágrimas de la mujer eran suficientes para conmover a cualquiera que no la conociera.
Desde que llegó a la capital y concretamente a la casa de Carolina, la castaña no había hecho más que entrometerse en su vida y en la de Iolita, cada vez que parecía estar su amiga recuperando un poco de su autoestima, esta mujer llegaba con un comentario displicente o lleno de veneno que reforzaba los que durante años Karina le dijo. Por esa razón, por más que le contaba la triste historia de su vida, no podía tragarse el cuento de la víctima que —debía reconocer— estaba representando a las mil maravillas.
Olivia limpió su rostro, alzó la cabeza para continuar con su plan. Si había alguien que podía sacar de su vida definitivamente a Iolita Kernel, era la amante de Hugo Infante, lo único que debía hacer era buscar su punto débil, la chica en esos días demostró más carácter que la misma Lita, si lograba generar entre ellas desconfianza, quizás su venganza podía darse por concluida mucho antes de lo que esperaba. Tomó aire, y confesó lo que aprendió a usar como arma tanto para levantarse de la depresión que le embargó cuando lo perdió, como ahora que debía enfrentarse a la causa de todos sus males.
Janeth escuchó con asombro la confesión de la razón por la que debía alejarse de Iolita, la pintó como la quita novios, la envidiosa mayor y, finalmente, como una asesina, esto último sino se lo esperaba.
—Bueno, creo que oí suficiente —dijo la ojiazul levantándose, miró el reloj, iba con el tiempo justo para iniciar la sesión de fisioterapia, y por alguna razón sabía que este encuentro no era la única jugada de la castaña.
Si podía decir una cosa buena de ella, la palabra que utilizaría era tenacidad, desde que la conoció al lado de Matías, demostró que no se detenía frente a nada con tal de lograr lo que quería; pero a esa cualidad debía unir el defecto de la manipulación.
Lita alguna ve le dijo que ella era una persona muy diferente, tanto que podía pasar por alguien demasiado inocente y confiado, por lo visto, la situación con Cortés y el rencor por la pérdida de su feto, la convirtió en lo que era ahora.
—¿Me ayudarás? —sus ojos rojos y el rímel un poco corrido, por poco y le provocan risa.
—Déjame pensarlo, y ya sabrás cual de mi decisión —dijo siendo lo menos directa posible, no quería comprometerse, con Olivia la frase "todo lo que digas podrás ser usado en su contra", tomaba su sentido literal —además, ¿Cuánto tiempo van a anunciar el compromiso y su pequeño secreto?
—Matías no tiene idea de que he quedado de nuevo embarazada, espero que en dos semanas podamos liberarnos de Iolita —apretó la mano de Janeth mientras terminaba de limpiar las falsas lágrimas —cuento contigo... si no es por mí, hazlo por mi futuro hijo, no aguantaría una segunda perdida por ella y su obsesión con mi amado.
Casi vomita cuando escuchó lo meloso de la frase, estaba loca. Caminó hacia la habitación de Iolita, cuando iba subiendo escuchó los gritos de Cortés llenos de insultos a quien era su esposa.
Lita se encontraba analizándolos reportes que Irwing Salguero entregó en la oficina que estaba a su cargo en el bufete de Carolina Manjarrez, como socia mayoritaria y asesora legal de la comercializadora, le envió los documentos para que chequeara el balance contable. Esto generó que se comunicara con la secretaria del inversionista que la remitió directamente a su jefe.
La conversación fluyó en un tono ameno que hizo reír a Lita en más de una ocasión, los comentarios coquetos no faltaron durante el proceso, desafortunadamente, en uno de esos instantes Matías llegó y no le pareció una reunión de trabajo sino la manera como su esposa le era infiel.
El primer golpe se lo llevó el computador que cayó rompiendo la pantalla, pero dejando el micrófono encendido.
—¡Eres una maldita zorra!, Anoche bien que te vi ofreciéndote como lo haces con todos los hombres que se te acercan.
Iolita no alcanzó a levantarse de la mesa por el yeso que limitaba sus movimientos, lo que aprovechó Matías para tomarla de la trenza en la que tenía sujeto su cabello, pronto vio tratando de luchar contra el dolor que el agarre y la forma como la tiraba le producían.
—¿Quién te va a querer como te quiero yo? —sonaba más a una burla que a un sentimiento sincero—. Tienes suerte de que te quiera…Crees que ese hombre acostumbrado a mujeres de mundo ¿Se va a fijar en ti?
El golpe que recibió contra el escritorio, derrumbó a Iolita y sintió que se lo merecía por seguirle el juego a Irwing. Comenzó a llorar en silencio, se prometió no hacerlo, pero ese día en especial su estado de ánimo no ayudaba, con eso la posibilidad de visitar a Pieter se esfumaba.
—Por favor, Matías perdóname…yo me equivoqué, me arrepiento de haberlo hecho…por favor, no volveré a hablarle.
El maltrato subió de nivel, la actitud de sumisión de Iolita hizo sentir a Cortés como el hombre más poderoso del mundo, la miró limpiarse las lágrimas mezcladas con la sangre de la herida que le abrió en la frente. Se aproximó con una sonrisa que calmó un poco a la azabache que respondió con el mismo gesto, lástima que se la borró con un puñetazo que la envió contra el borde de la cama causando un grito que no cubrió el crujido en su espalda.
Cortés pareció darse cuenta de lo que hizo y corrió a su lado a levantarla, la sangre caía de la parte de atrás de la cabeza, una línea roja se deslizaba por el cuello empapando la camisa. El gesto del ojimiel cambió de nuevo.
—Ves lo que logras con tu mal comportamiento. Eres la culpable de que trate así. —Iolita comenzó a temblar al verlo acercarse, el tono conciliador no era un buen presagio—. ¿Quieres comportarte como una puta? Te tratare como una.
Lita sintió como su falta era rasgada junto con su ropa interior, no podía creer lo que sucedía, como la rabia de Matías lo llevó a cometer ese acto tan rastrero.
Pronto se vio embestida sin cuidado, las manos de su marido fueron a la garganta que apretó con fuerza obligándola a buscar desesperada el aire que poco a poco se le escapaba.
—¿Te gusta? —Cuestionó el ojimiel sin percatarse que si ella no respondía era porque cada aspiración era para buscar un poco de aire—. ¡CONTESTA!
Por primera vez Iolita agradeció que la mano de Matías fuese ocupada para golpearla, eso le permitió respirar. Un nuevo grito salió de su cónyuge mientras ella sintió como su cabeza era golpeada otra vez contra la cama.
Lo siguiente que percibió de manera borrosa fue alguien que ordenaba a Cortés soltarla, luego perdió la conciencia.
Janeth dejó caer la base del florero que estrelló contra la cabeza del malnacido que parecía poseído, ¿Ese era el amor de Olivia?
Parecía que la mujer no lo había visto en su esplendor de macho abusador, y pensar que esperaba un segundo hijo de ese tipo. Sintió lástima por Carolina, no creía que ella fuese una persona que permitiera ese maltrato en la casa, muy diferente a la madre de Lita que se paró detrás de ella cuando la observó agacharse a confirmar el estado de la azabache.
—¡¿Por qué no la ayudaste si estabas escuchando?!
—Si Maty la castigó fue porque se lo merecía, poco me importa lo que a esa inútil le suceda, es igual de imbécil que su padre Alejandro. Ojalá se suicide y nos deje en paz de una vez.
—Largo de aquí, usted no la merece como hija.
El sonido de unas sirenas se escuchó en la parte de afuera de la mansión junto con el motor de una motocicleta que obligaron a Karina a dirigirse al primer piso.
Con cuidado Janeth revisó que Iolita aún respirara y procedió a observar las heridas, la hemorragia en la parte posterior de su cabeza era la más grave, tendrían que hacer radiografías y rogar porque sólo fuese superficial y sin daño al cerebro.
Quedaba la garganta que estaba lastimada por el apretón y lo más seguro era que demoraría en recobrar su voz apropiadamente, los quejidos de Matías colocaron en alerta a Janeth, la ojiazul protegió a Lita con su cuerpo.
La escena que se mostró a los ojos de Cortés lo hizo llevarse la mano a la boca y respirar para no vomitar. Agachó la cabeza tratando de encontrar palabras que sonaran convincentes para la Corso que lo miraba con ira contenida.
—Es él señor agente, ese hombre atacó a la señora Kernel.
—¿Salguero? —Matías volteó a ver el computador, el color rojo del micrófono seguía encendido, había sido un estúpido, la evidencia era más que contundente—. Antes de acusarme, podrías decirme ¿Por qué coqueteabas con mi esposa? El culpable de todas esta situación eres tu por meterte en nuestro matrimonio.
Janeth quiso reírse por semejante tontería, todo el que conociera a Irwing Salguero sabría que el tipo era homosexual y su pareja desde hacía diez años era uno de los hombres de confianza de Pieter Kernel, por lo tanto, se notaba que el idiota de Cortés ni siquiera se tomó el trabajo de revisar con quien haría negocios.
La policía observó a Lita, negó con la cabeza solicitando a los hombres que se marcharan, no podían hacer nada hasta que la víctima declarara en contra de su esposo, de todas manera, le tomarían la versión a los presentes, y esperaban que al despertar ella estuviese en condiciones de decir lo que sucedió.
El señor que puso la denuncia mostró la grabación de lo que se escuchó, los reclamos y amenazas, pero sólo Iolita podría confirmar que sucedió en los instantes de silencio.
Esperó que la puerta se cerrara y pidió a Janeth y a Karina que la ayudaran para revisar los daños del abuso. La mujer mayor bufó recordándole a la oficial que “en pelea de marido y mujer nadie se debe meter”, y que si su yerno había actuado así, era porque Iolita le dio los motivos.
La agente cerró los ojos respirando profundo, ese era otro de los inconvenientes en estos casos, la familia creía que la persona agredida se lo merecía por alguna falta cometida, aunque cada vez era menos frecuente, todavía se topaban con esos casos.
Cuando Carolina llegó fue ella quien realizó todos los trámites, dejó de lado las tontas insinuaciones de Karina y pidió una orden de alejamiento para su hijo, y de ser posible para su consuegra. Autorizó el traslado de Lita a la clínica para los exámenes respectivos, esta vez no le importó repetir el centro médico, Yanni dejó registro de la situación de su nuera, y si debía Matías ir a la cárcel para aprender a comportarse como un hombre y que se le quitara lo abusador, no le importaría defender a Kernel con todos los medios legales a su disposición.
Otro que no se movió de la casa fue Irwing, tanto que mucho del trabajo lo efectuó desde la habitación de Janeth y colaboró en lo que pudo a la señora Manjarrez, cuando Matías quiso oponerse la respuesta del hombre fue cortante, si deseaba que el asunto no llegara a la prensa, debía aceptar su presencia, y dejarlo pensar si seguía con el contrato.
Suficiente para que los ímpetu se calmaran, sólo quedaba esperar los resultados de los exámenes médicos, si Iolita no despertaba, Janeth e Irwing pondrían una demanda por intento de homicidio a Cortés y mencionarían como cómplice a Karina, la mujer estuvo al tanto de lo que ocurría en la habitación de su hija, y decidió no hacer nada.
A las diez de la noche el mensaje de Carolina Manjarrez les dio un parte de tranquilidad, Iolita se repondría con cuidados especiales, pero debía quedar hospitalizada, el doctor a cargo autorizó la entrada de Janeth como acompañante de tiempo completo, ninguna otra persona podía atenderla.
Corso sonrió, una jugada maestra sabiendo que Olivia no desaprovecharía la oportunidad, miró el celular y recordó la propuesta de la mujer, era momento de dar una respuesta.
Olivia mostró satisfacción al ver el nombre en la pantalla, una aliada más en contra de Iolita, sabía que la historia de su bebé no fallaría para convencerla.
—¿Qué decisión tomaste?
—Tengo dos condiciones, si las aceptas, estoy dentro.
—Tenemos un trato.