Conociendo los aliados

2207 Palabras
Los días siguientes al ataque fueron bastante complicados, tanto Carolina como Janeth procuraron estar al pendiente de Iolita, pero la insistencia de Hugo de comunicarse con ella por la salud de Pieter las colocaba en una posición en la que no creían ser capaces de mentir por más tiempo. A la semana Iolita despertó, estaba bastante desorientada, pero los exámenes reflejaban que físicamente no tendría consecuencias, las psicológicas eran otra cosa, y eso lo demostró cuando pasando la seguridad, Matías logró ingresar a la habitación donde estaba recluida. El temblor ante la presencia de su marido le transmitió al hombre el poder que tenía sobre ella, la amenaza velada entre palabras de amor y besos le obligó a decir que no lo denunciaría. —Esa es mi chica, pídeme lo que quieras por nuestra reconciliación y te lo daré. Era ahora o nunca pensó Iolita, podía negárselo, pero con solicitarlo no perdía nada, ahí adentro Matías evitaría atacarla, sabía que llevaría la peor parte, además, una vez fuese dada de alta, las visitas para el control de su saluda serían semanales y los exámenes de control la tendrían protegida hasta que pudiese pensar en otra manera de ir donde su abuelo. —Para que quieres ir donde nadie te quiere, sabes que soy la única persona que te ama. —Quiero despedirme, está muriendo. Esa frase produjo un cambio en la expresión de Matías que después de unos segundos que le parecieron eternos a Iolita, le acarició la mejilla y asintió. —Tienes razón, es mejor que te despidas, que vea que estás bien. Dicho eso Cortés se retiró y Lita logró respirar tranquila, tendría que esperar unos días para salir del hospital, pero ya era un hecho, al fin volvería a El Edén con su abuelo Yanni Tappan observó los exámenes de Pieter, el hombre respondía bien al nuevo tratamiento, con mucha dificultad lograron aislarlo de todos los problemas que la ausencia y el silencio de Iolita fueron resueltos con los informes que Janeth enviaba para él, unos que en esos dos meses tuvo que pasar sabiendo que eran mentira. El tiempo pasaba demasiado rápido para su gusto, pronto no tendría una manera de ocultar el verdadero estado de Iolita, la última golpiza la dejó inconsciente por tres días, las fotos de cómo quedó su rostro y los exámenes psicológicos eran preocupantes, al menos el miserable de Cortés aceptó que la traería de vuelta a la hacienda, por eso, había procurado el mejor ambiente para su recuperación. Yanni cerró la bitácora para compartir los resultados de Pieter con Ana, su “sensei” estaría feliz del progreso, la mujer se preocupaba sinceramente por su cuñado, y la propuesta que le hizo a través de Carolina Manjarrez, realmente fue la mejor no sólo para poner en práctica su especialidad sino también para darse un respiro de la capital, conocer nuevas alternativas en la medicina alternativa y poder plantear el trabajo que tenía olvidado para la maestría que aplazaba siempre por falta de tiempo. La hacienda era hermosa en todo su esplendor, a pesar de tener algunos puntos en los que se veía que el tiempo no pasaba en vano, podría decir que vivía en una especie de castillo, donde la princesa era la hija del CEO de la empresa, Solange Pujol. La adolescente, junto con el publicista que parecía más el hermano de ella, le había hecho la vida placentera desde su arribo. Inmediatamente congeniaron al saber que cuidaría del abuelo Pieter y que compartían gustos como la pintura. Tardes completas pasó con ellos en la colina que permitía ver las vides, o en la playa cercana a la hacienda, todo era un sueño que también le admitió estudiar y visitar la clínica de Valbuena. Esa noche Santacoloma partía para la capital para verse con su amante de años un tal Irwing Salguero. Por otra parte, Solange estaba emocionada porque había logrado obtener el promedio que le pedía Estefan para darle el premio que tanto quería, un crucero por el Caribe si supervisión de nadie de la casa, iba a ser su primera prueba como adulta responsable, pregonaba feliz. Los que se quedaban en casa debían solucionar la nueva deuda que llegó la semana pasada por las pérdidas de Iolita en un casino, algo completamente imposible porque ella estaba hospitalizada y sin posibilidad de salir o utilizar tecnología, una prueba más de que alguien era quien utilizaba su nombre para hurtar a la empresa y a Kernel. Yanni respiró profundo intentando entender como la mujer que conoció, era la misma persona de la que Estefan Pujol le hablaba con tanto odio. Esa tarde había escuchado que el último pagaré equivalía al setenta y cinco por ciento de las ganancias del mes, algo extraño ya que nunca era menos según lo que decía Solange con ira cuando se desahogaba por los problemas financieros que su padre debía saldar. Apagó el computador, se arregló para salir al pueblo, quería esa noche distraerse con algo más que una copa de buen vino y conversación amena, pasó por la alcoba de Pieter que al verlo le preguntó si vería a Ana, para enviar con él una razón, Yanni lo miró con picardía. —En mi defensa siempre le fui fiel a mi esposa. La carcajada del galeno recibió un coscorrón como respuesta. Cualquiera que viese a la respetable doctora Ana Valbuena, negaría de inmediato que fuese una hermosa y bien conservada abuela de dos traviesos niños tan rubios como ella. Sin embargo, esta vida tan particular a la que accedió a pertenecer, era opacada solamente por una persona, alguien que le quitaba la tranquilidad con tan solo su presencia. Y ahí, sentada al lado de Solange, se encontraba ignorándolo con sus ojos puestos en la comida. Sin el más mínimo gesto de interés en su conversación, Satine Coral cogió la copa, aspiró el bouquet del vino y bebió del líquido rojo con parsimonia; fue cuando Tappan dejó de escuchar a Estefan y sus recomendaciones. El mundo se detuvo en los labios que besaron el cristal, tragó saliva y cuando decidió hablar, escasamente se pudo despedir para salir y respirar. Rogó porque Sole no se hubiese dado cuenta del bulto que se levantó en su pantalón. Se metió en el campero y antes de arrancar llamó a Elías rogando que aún su vuelo no hubiese salido, necesitaba por esa noche que el publicista le presentara a alguien que le quitará la inquietud que la pelinegra le producía. Santacoloma colgó riendo por el mal rato que la asistente de Estefan sin siquiera saberlo, le hizo pasar al galeno. Al darse vuelta enfrentó la mirada de reproche en los ojos de su pareja. Irwing no comprendía como su novio podía disfrutar tanto o más con un desconocido que con él. Observó a Elías aproximarse para con un suave beso tratar de hacerle pasar su enojo. Con rapidez lo abrazó para convertir ese contacto en algo demandante y apasionado. —Debía castigarte por dañarme el viaje a la ciudad, quería una tarde de compras. —Hazlo, aunque merezco un premio por todo lo que he hecho para tu jefecito Estefan Pujol sin que él lo sepa —respondió el castaño levantándose. En ese momento ya ninguna excusa que le diera Elías la iba a aceptar. Llevaban varios meses sin verse y parecía como si la relación comenzara a enfriarse, y eso dolía porque él estaba cada día más enamorado del tonto hombre frente a él. Sentir como Santacoloma se separaba y le decía que se arreglara para salir a encontrarse con Yanni, fue la gota que derramó la copa. ¿Acaso podía ser tan insensible? La expresión del ojiazul cambió ante la frase que Irwing sin querer pronunció. —No lo soy, mi viaje era mañana, te apareciste hoy y Yanni Tappan es un amigo me pide un favor, ¿Por qué esto es tan difícil de comprender? Salguero apretó los puños para no explotar, negó con la cabeza, eso no era lo que esperaba, quería darle una sorpresa, hacerlo sentir especial, se dio media vuelta para ir a su maletín y sacar un sobre que se lo tiró en la mesa donde Elías recogía las llaves. —A eso vine, ese era mi maldito regalo de aniversario, que por si lo olvidaste, es hoy. Elías era despistado y las fechas nunca se le quedaban grabadas, realmente no se percató de ese detalle, abrió lo que acaba de “darle” Irwing, dos pasajes para Nueva York, y el pase VIP para los desfiles de la Semana de la Moda. Quiso disculparse, pero era demasiado tarde, al alzar la cabeza Salguero estaba recogiendo lo poco que sacó de la maleta. —Disfrútalo con quien quieras, creo que fue una pésima idea venir, y no te preocupes por llamar, me verás por el negocio que tengo con Pieter. —¿Me estás terminando? La leve risa de Irwing fue la respuesta. El ojimarrón se colocó el abrigo para salir con el equipaje que tenía listo, se despidió reiterando que no se debía preocupar por él, ni esa noche ni nunca más, porque su relación la daba por finalizada. Elías lo vio cerrar la puerta y lo único que hizo fue derrumbarse en el sofá para pensar en cómo solucionar el error cometido. Salguero caminó sin detenerse en una línea recta que solo modificaba cuando algo le decía que debía parar, de esta manera dio vueltas sin saber realmente a dónde se dirigía. Recapacitaba en las palabras de Santacoloma, y por más que quisiera estar enojado con él, sabía que tenía razón. Se conocieron cuando él era su profesor en la universidad, le llevaba quince años, cuando se graduó le aconsejó presentarse con un viejo conocido de la familia, Pieter lo entrevistó y quedó fascinado con el carácter jovial del chico, pronto tomó fuerza en su equipo de trabajo y comenzó a contactar a personas que podían ayudarle en la hacienda. Así llegaron Hugo, Satine y Estefan. Volvieron a encontrarse por causalidad en la universidad después de tres años, Elías ya no era el joven que recordaba ingenuo y lleno de ilusiones, era un hombre elegante que aprendió a sacar provecho de su apellido y la educación que recibió por parte de su acaudalada familia, una que le dio la espalda cuando supo que era gay. Esa tarde lo invitó a cenar para que le contara como le estaba yendo en su nueva vida, terminaron follando en el auto, ni siquiera llegaron al restaurante. Nunca había estado en una relación seria, de vez en cuando un par de salidas con algún chico, y, sin embargo, nunca le motivaron a ir más allá. Para Irwing amar a alguien era muchas cosas y el sexo un complemento de estas, pero no lo principal. No obstante, con Elías las cosas siempre lo superaban, y esa en especial, porque el viaje tenía otra finalidad, quería pedirle matrimonio. —¿A dónde vas bonito? La tosca voz hizo que volviese a la realidad. No sabía dónde estaba, el barrio era oscuro y las pocas luces provenían de casas donde el sonido daba a entender que estaba en una zona peligrosa. El sujeto se aproximó tomándole la mano, el lujoso reloj brillaba en la oscuridad, se lo daría junto al dinero, lo material se recuperaba, él no quería morir ahí. Salguero era un hombre acuerpado, grande en sí y demasiado masculino, empero, junto a los tipos que le rodearon, se sintió pequeño e intimidado. Por fin comprendió que el dicho de "temblar como una hoja", era verdad. Así como saber que nunca que debía actuar por impulsividad. Se preguntó en que momento su buen dúa se convirtió en una maldita pesadilla. Tal vez se lo merecía por las palabras dichas a Elías, ahora su aniversario lo celebraría dentro de un hospital con suerte, sino en la morgue donde quien sabe cuándo sería reconocido, porque estos ladrones se llevarían su billetera junto con los documentos. Cerró los ojos cuando le pidieron que entregara lo que llevaba encima, respiró profundo y con más calma de la que realmente tenía procedió a desvestirse, los zapatos y el abrigo fue lo primero que miraron, el celular de alta gama al que de inmediato le quitaron la SIM y formatearon con una rapidez asombrosa, no era la primera vez que lo hacían. Siguieron con el reloj y la cartera, el silbido de un recién llegado le causó escalofrío, volteó hacía el auto que sin bajar las luces se estacionó frente a ellos. Dos tiros al aire y una advertencia hicieron que los desconocidos corrieran, esta vez exhaló de tranquilidad, Irwing se colocó de nuevo las prendas y revisó que al menos tuviese sus identificaciones, no alcanzaron a asacar sino el efectivo. Dio media vuelta para agradecer a su salvador. —Espero me acepte una copa como agradecimiento —el hombre asintió para coger la maleta y llevarla a la parte trasera del jeep que manejaba. Una vez en el interior, pasó a presentarse. Casi se muere por el nombre que escuchó, definitivamente el karma era una mierda. —Mucho gusto, soy Yanni Tappan. La razón por la cual por poco muere y por quien terminó su feliz relación.
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