Capítulo II. El dolor sigue aquí

1786 Palabras
Siete años más tarde. Hoy cumplía veintitrés años… A pesar de que había pasado tanto tiempo, todo los recuerdos me seguían doliendo. No podía olvidar nada de lo que había pasado, las noches se convirtieron en un enorme tormento para mí. Anhelaba con todo corazón dejar de ser lo que crearon mis padres, y soñaba con tener un trabajo honrado… Tal y como me enseñó Delfi, pero sabía que si me arriesgaba a hacer algo así, mi vida correría peligro. El nombre, la apariencia, todo era conocido para los enemigos que tenían mis padres, lo único que los detenía eran las alianzas que tenía con las demás familias, pero debía serles leal. Por el momento vivía con el Mano Negra, uno de los socios más fieles a mi padre. Cuando llegamos después del ataque, nos prometió a mi y a Enzo, absoluta protección. No tardó, y en menos de un año encontró a los atacantes que irrumpieron en nuestra casa aquella noche y terminó con ellos. Desde entonces, nadie se atrevió a hacerme daño, y el miedo en mi escuela aumentó. Las pocas personas que se hablaban conmigo, dejaron de hacerlo y mi mejor amigo tuvo que mudarse con su familia, por trabajo. Los estudios los terminé desde casa, con ayuda de las sirvientas que tenía Mano Negra. Me convertí en una hija para él, siguió enseñadme lo que mis padres no pudieron. Aprendí a utilizar varias armas, a esconderme, e incluso a defenderme con las manos… Aprendí modales, como jugar con la mente de los demás y como manipularos a mi antojo, para sacarle beneficio a cualquier acuerdo que estaba por venir. De vez en cuando me llegaban cartas de Sirius, quien me contaba como iba su vida, que problemas tenía y las novedades, que le había conseguido la vida. Llevábamos sin vernos tres años y le echaba de menos, más que a nadie, él era la única persona que quedaba… Era el único que conocía a la Adrienna real, la que no era hija de unos narcotraficantes y mafiosos, sino la que soñaba con cosas tan simples, como ir a un restaurante y que le den la bienvenida con una sonrisa y se alegren de verla, no a la que le temen. La que deseaba pasearse por un parque sin tener que ser vigilada por sus guardaespaldas, preocupándose por su vida. Echaba de menos, cuando en el descanso del colegio comíamos dulces, teniéndonos el uno al otro. Alguien llamó a la puerta y me sacó de mis pensamientos infinitos, me senté en la cama y observé quien aparecería está vez. La puerta se abrió poco a poco y en esta se encontraba Mano Negra, quien entró con pasos bastante firmes a la habitación. —Buenos días, creía que me costaría más despertarte—. Su voz, era bastante agradable y sobre todo en cualquier momento siempre me mostró su mayor respeto. —No podía dormir—. Le observé mientras se acariciaba la arreglada barba con tonos grises, pero bastante elegantes que le iban a juego con lo que llevaba puesto. Mano Negra siempre vestía bastante elegante y con mucha clase. —Entiendo, bueno, al menos no tendré remordimientos de haberte despertado. Sé que hoy es tu cumpleaños, y no te lo pediría si no fuese realmente necesario, pero Keira nos está causando bastantes problemas—. Empezó a explicar, mientras que se inició a caminar de un lado a otro, para calmarse. —Teníamos un acuerdo con Colibrí, pero Keira se interpuso entre nosotros, y necesito que la pongas en su lugar y que luego intentes hablar con Colibrí—. Finalizó y me miró fijamente con sus ojos color chocolate n***o. Asentí con la cabeza. —Enzo viene conmigo—. Exigí sin dudarlo un momento. —No esperaba otra opción—. Estuvo de acuerdo Mano Negra y se dirigió hacia la salida de la habitación. —Prepárate, baja a desayunar, y hablamos los detalles—.Cerró detrás de si la puerta, dejándome asolas. No tardé en prepararme y en bajar a desayunar con Mano Negra. Por el camino me cruce con Enzo, quien parecía ya estar más que informado de la situación. Sus ojos color miel me observaron con curiosidad, pero no dijo nada, solo levemente me saludó con la cabeza. Enzo tenía el pelo color rubio ceniza, su barba tenía el mismo y debía de admitir que le quedaba bastante bien, ya que estaba más acostumbrada a verle sin barba. Como de costumbre llevaba ropa negra y un cinturón donde tenía varias armas. —¿Estás informado de que irás conmigo? —Pregunté, intentando iniciar algún tipo de contacto con él. Enzo era la única persona de mi pasado que seguía conmigo desde que murieron mis padres. —Mano Negra me ha dicho algunos detalles, sobre donde se encuentra V. Cuando estés lista tenemos el permiso de salir—. Respondió con un tono amable y cálido. Asentí con la cabeza y me encaminé hacía el comedor, donde se encontraba Mano Negra desayunando. Como era de costumbre, tomaba un café n***o, mientras leía el periódico. A pesar de aparentar ser un hombre serio y tajante, a lo largo de los años que pasé junto a él, me di cuenta de que era bastante inteligente y tenía claras sus metas. Aprendí de él muchas cosas, que me ayudaron a hablar y a moverme en el campo de la mafia. —Por cierto Adrienna, feliz cumpleaños. Cuando vuelvas tengo una sorpresa para ti, te la daría en seguida, pero por desgracia tiene retraso—. Me felicitó y me dedicó una corta sonrisa. —Gracias, pero no hacía falta, no quiero que sea una molestia para ti—. Respondí y bebí un sorbo de zumo de naranja. —Le prometí a tu padre que te cuidaría como una hija, y esa promesa la cumpliré pase lo que pase—. Me aseguró y dejó sobre la mesa el periódico. —Tengo una reunión con Roman, mantenme informado sobre las reuniones con V y con Colibrí, si hay algún problema Enzo sabe que hacer. Nos vemos más tarde—. Se levantó y antes de que pudiese responder se fue del comedor. Nada más salir, entró Enzo en el comedor y esperó a que terminase de desayunar. Nada más terminar, me levanté y juntos nos dirigimos hacía el garaje donde teníamos bastantes coches. Enzo escogió uno de ellos y tras abrirme la puerta del copiloto, se sentó en el lugar del conductor. Debía admitir que era bastante agradable viajar fuera de la villa e ir a la ciudad, a pesar de que no tenía muchas ganas de ver a V. Era conocida por su arrogancia y su egoísmo, todo lo que hacía, lo hacía para beneficiarse ella, nunca pensaba en nadie, solo en lo que obtendría ella de ello. Con todos era bastante fría y distante, no tenía muchos amigos, y los pocos que tenía, la seguían y admiraban. Para conseguir sus metas era capaz de usar cualquier estrategia, por la ciudad se hablaba de que no le molestaba ni siquiera usar su cuerpo, como moneda de cambio. Lo cual me hacía automáticamente no tenerle confianza en nada, ya que era más que obvio, que jugaba sucio. —Por cierto, tengo algo para ti—. Inició Enzo la conversación, para que el camino no fuese tan pesado. Con la mano derecha, rebuscó en el bolsillo que tenía de la chaqueta y sacó un sobre. Me lo dio y no dijo nada. Abrí el sobre con bastante curiosidad… Era una carta. Busqué al autor del mensaje y mi corazón se llenó de calma y alegría. Sirius se había acordado de mí. Empecé a leer las líneas que me había dedicado y sentí una enorme calma. Hacía tanto tiempo que no le veía, desde que se mudó con sus padres en busca de trabajo a otra ciudad, no tuve oportunidad de verlo. Mano Negra me prometía que intentaría hacer lo posible para realizar un encuentro lo más pronto posible, pero también me advertía de que podía ser bastante peligroso para él y su familia. Era un riesgo que no estaba dispuesta a correr, ya que Sirius y su familia eran muy importantes para mí. “Querida Adri, hace una eternidad que no nos vemos y estoy ahorrando, para poder hacerte una visita sorpresa… Pero como es sorpresa no te diré cuando será. Mis padres están bastante felices en el trabajo, hemos conseguido abrir una pequeña cafetería., que se ha hecho en los últimos días bastante conocida. De vez en cuando me piden ayuda, pero su prioridad es que terminé mis estudios. Espero que está carta te llegué para el día de tu cumpleaños, quiero felicitarte de todo corazón y te deseo lo mejor, aunque ya me tienes a mí y no creo que haya algo mejor que eso. Cuando tengas tiempo, respóndeme y cuéntame un poco de ti. Saluda a Enzo. Podríamos hacer un viaje, el verano está a la vuelta de la esquina. Te quiero mucho, Sirius.” En cuanto llegásemos a casa tenía más que claro que debía responderle al mensaje. Si pudiese lo haría de inmediato. En mi mente apareció el recuerdo de cuando nos conocimos, fue una conexión a primera vista. Eran de esas corazonadas que deseas que duren para toda la vida. Quizás fuese el destino. Sirius era el único que nunca tuvo miedo de quien era yo, y a quien pude mostrarle como soy en realidad. No tenía que fingir ser perfecta, no tenía que temer mostrar mis sentimientos y sueños. Siempre estuvo aquí para aconsejarme y para pasar el tiempo conmigo. Al mismo tiempo, yo dejé atrás los prejuicios e intenté hacer todo lo posible para ayudarle a él y a su familia, pero sin meterles en problemas y peligro. Desgraciadamente, con la muerte de mis padres, tuve que desaparecer por un tiempo y ellos se vieron obligados a dejar la ciudad y mudarse a Ostra, la cual se encontraba a unas tres horas de distancia en coche, y cinco horas en transporte público. Nunca le eché la culpa de esa decisión, a ambos nos dolió despedirnos, pero no conseguimos hacer nada para evitarlo. Miré el tatuaje que tenía en la muñeca izquierda. Era le fecha y la hora del día que nos conocimos, lo acaricié con los dedos y solté un pesado suspiro. Le echaba tanto de menos. Antes, de poder seguir perdida en mis recuerdos y pensamientos, el coche frenó. Sin siquiera darme cuenta, habíamos llegado al hotel en el que solía pasar el tiempo V. Cogí aire y tras intercambiar la mirada con Enzo, decidí bajar del coche. Manos a la obra.
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