Llevaba unos vaqueros negros y una blusa blanca, haciendo un contraste entre ambas prendas. Me pasé la mano por el pelo, calmando los mechones de pelo que estaban alborotados, retoqué un poco el pintalabios rojo sangre que llevaba y me encaminé hacía la entrada del hotel. El portero nos dedicó a Enzo y a mí un cálido saludo y no tardó en abrirnos la puerta, haciéndonos una leve reverencia para que entrásemos dentro.
Nos dirigimos hacía el piso -1. Allí se encontraba el restaurante y la pista de baile. Nada más llegar, no tardé en encontrar entre la multitud a V. Se encontraba sentada en la zona VIP, estaba sola, disfrutando de una copa de vino, mientras leía una revista de moda.
Esperamos a que nos atendiera uno de los camareros, quien tuvo que ir a preguntarle a V. si podíamos interrumpirla. Ella asintió y con la mano derecha empezó a hacernos señas para que viniéramos a su mesa. Su cabello es rubio, como el oro líquido bajo la luz, siempre impecable y sofisticado. Trasmitía calidez. Cada movimiento que hacía, parecía calculado, elegante, como si el mundo entero fuera un escenario diseñado para ella. Sus ojos grises, como las nubes en un día de lluvia eran todo lo contrario, mostraban frialdad y su mirada acompañada con el maquillaje que solía usar eran bastante penetrantes. Observaba su alrededor con mucha superioridad, pero al mismo tiempo con desinterés, como si nadie estuviera realmente a su altura.
Nos ofreció asiento junto a ella. Acepté, mientras que Enzo decidió permanecer en pie. V, nos pidió a ambas una copa de vino.
—Ash, ¿qué te trae por aquí? No sueles celebrar tu cumpleaños—. Preguntó con un tono distante, pero con algo de curiosidad. En estos instantes no tenía muy claro, si se estaba haciendo la tonta, ya que debía haber supuesto que Mano Negra no se quedaría de brazos cruzados después de lo que hizo.
—Creo que sabes muy bien porque estoy aquí… No eres tanto tonta, para no saber que cualquier acción que hagas contra Mano Negra tiene consecuencias—. Respondí, sin entrar en detalles.
—Qué más puedo decir, me encontré de casualidad con Colibrí. Empezamos a hablar, una cosa llevó a otra e hicimos un acuerdo… ¿Y quién soy yo para negarme? Sería estúpido de mi parte negarme—. Se encogió de hombros y bebió un sorbo del vino que había pedido, saboreándolo.
—Entiendo, así que para ti es mejor traicionar a Mano Negra. No sabría decirte, si fue inteligente por tu parte—. Quise asustarla, pero su rostro no mostró ninguna emoción.
—No podéis hacerme nada, Colibrí me prometió protección. Quizás parezca que estoy sola en este lugar, pero la verdad es que tengo a chicos bastante guapos cuidando de mí en este momento… Y cualquier cosa que me suceda, le llegara a Colibrí, y él sabe completamente todo sobre el acuerdo que tenía contigo y con Mano Negra… Así que, podría llevar a una guerra… Y eso no le conviene a nadie—. No me podía creer lo que me estaba contando. Colibrí, quien tenía una reputación impecable, ¿estaba atado por V? No me entraba en la cabeza y estaba segura de que V, se estaba comiendo detalles de lo que ha pasado. Esperaba no tener que encontrarme con Colibrí, pero era más que evidente que era algo que no podría evitar.
—Bueno, quien ríe último ríe mejor. Mano Negra perdona pero no olvida, y se cobrará esta traición a su manera—. Le advertí, haciendo un intento de meterle temor, pero su rostro seguía completamente relajado. Estaba convencida de que era intocable, y de que no había manera de que pudiese cambiar la situación. Sin duda, en ese momento me convenció de que era más tonta de lo que pensaba. Siempre parecía que tenía todo perfectamente calculado, pero está vez las acciones que hizo no tenían ni el más mínimo sentido. ¿Podría ser que Colibrí planeó todo esto? Era conocido por su inteligencia y estrategia, pero esto era demasiado hasta para él.
—Ash, estoy más que convencida, de que no podéis hacer nada para evitar que nuestro acuerdo llegue a su fin. Dale mis saludos a Mano Negra, ahora si me disculpas, tengo que irme, tengo cita en la peluquería y no quisiera llegar tarde—. Antes de que pudiese decir algo, se levantó con elegancia de su asiento, y con pasos firmes de dirigió hacia el bar, donde pagó la cuenta y se fue del restaurante.
Intercambié la mirada con Enzo, quien se había dedicado a escuchar toda la conversación. No parecía feliz, por como había terminado todo, ni él se sentía cómodo sabiendo que tendríamos que encontrarnos con Colibrí. Me puse de pie y decidimos volver al coche. Tomamos asiento y antes de ir al encuentro con Colibrí, nos pusimos de acuerdo en como iba a transcurrir todo. Enzo le envío información a Mano Negra, sobre lo que había pasado con V y también le dio nuestra ubicación, para que en cualquier momento supiese donde estábamos.
—Enzo, ¿qué opinas de lo que nos ha dicho V? —Pregunté, para saber si habíamos llegado ambos a la misma conclusión.
—He estado pensando en lo sucedido, y no tengo un buen presentimiento. Algo en mi me dice, que todo que V, es solo una pieza más y que todo esta situación fue planeada por Colibrí—. Dedujo en voz alta Enzo. —Hasta ahora siempre estuvo en contacto con Mano Negra, pero nunca te ha visto. Creo que podría tener intenciones personales contigo y que sabía perfectamente cual sería la reacción de Mano Negra al enterarse de V. Pienso, que está haciendo todo lo posible para encontrarse contigo—. Agregó, mirándome fijamente.
—Entonces pensamos lo mismo. También creo que solo está utilizando a V para llegar a un encuentro conmigo, pero no entiendo por qué… Si lo tenemos en cuenta, el es el jefe en Olmo, Mano Negra es el jefe aquí… En Wern, no sé que puede estar planeando. Así que no nos queda nada más, que ir a encontrarnos con él—. Decidí. Enzo, se abrochó el cinturón de seguridad, esperó a que yo hiciese lo mismo y encendió el coche.
El camino hacia Olmo duraba poco más de una hora, algo más, si tenemos en cuenta de que es miércoles. En mi mente, empecé a planear todas las cosas que podría decirle a Colibrí. Una parte de mí, estaba bastante nerviosa, porque nunca me había encontrado con él. Solo le conocía a base de las cosas que me había contado Mano Negra. Con todo mi corazón esperaba que todo saliese bien y que nuestra deducción fuese correcta.
Lo peor que podría pasar, es que realmente quisiese trabajar junto a V, pero dudaba de que fuese una opción para él. Sabiendo la reputación que tenía, se me hacía bastante extraño. Le escribí un mensaje a Mano Negra, contándole y pidiéndole consejo, sobre cómo tratar con Colibrí. Al mismo tiempo, le conté a la deducción que había llegado, tras la conversación con V. Me calmó bastante, al decirme, que debía tratarlo como si fuese un amigo. Nunca tuvo ninguna intención de iniciar una guerra y dudaba mucho que cambiase de parecer de la nada. Seguí pensando durante todo el camino en como iniciar una conversación con él. Incluso pensando en todo lo que podía salir mal, pero antes de llegar a la peor versión de todas, ya nos encontrábamos delante de su casino. Aparcamos justo en frente del edificio, en medio de todo el edificio se encontraba un enorme colibrí dorado, iluminado por luces doradas. A pesar de que era mediodía, el casino destacaba entre los demás edificios.
El casino se encontraba en una de las calles más prestigiosas y caras de la ciudad. Solo las personas con bastante dinero, podían permitirse ir a esta parte de la ciudad. Era bastante notorio, quien pertenecía a la clase alta. El casino estaba abierto las veinticuatro horas del día, todos los días. Se hizo bastante conocido, gracias al alcalde de la ciudad, quien no dejaba de hacerle promoción en todas partes.
Entramos en el casino, el interior, era una copia del exterior, la decoración dejaba claro el nombre del casino. Por las paredes, habían colibrís dorados, la luz, tenía tonos bastante cálidos, que te hacían sentir cómodo en el lugar. Algunos juegos estaban ocupados por personas que parecían tranquilizarse con la esperanza de ganar algo de dinero, a pesar de que estos lugar estaban hechos, para que el rico sea menos rico y el pobre más pobre.
Tomamos asiento en una de las mesas vacías, pedimos algo de beber y esperamos a que viniese el gerente del lugar. Se trataba de un hombre elegante y amable.
—Quisiera hablar con el jefe. Dígale que soy Ash—. El hombre levantó una ceja, pero terminó por asentir con la cabeza e irse del lugar.
Esperamos unos quince minutos, que parecían eternos. Al final apareció. Colibrí, era un hombre bastante cuidado. Se movía por el casino como si el lugar respirara con él, como si cada luz dorada, cada susurro y cada ficha sobre la mesa le pertenecieran. Su presencia no era ruidosa, pero sí imposible de ignorar; bastaba una mirada suya para cambiar el rumbo de una conversación.
Vestía con una elegancia relajada, casi despreocupada, como alguien que nunca ha tenido que demostrar nada. El contraste entre su traje claro y la oscuridad de su camisa acentuaba la seguridad tranquila que emanaba de él, una confianza que no necesitaba imponerse… porque ya estaba ahí. Su sonrisa, sutil y calculada, no revelaba demasiado, pero insinuaba que siempre sabía más de lo que decía. Como un colibrí: hermoso, rápido… y letal si uno no prestaba atención.
—Buenos días, soy Colibrí—. Se presentó dedicándome una cálida sonrisa.