*Narra Alejandra* –¿Se puede saber por qué te quedé esperando ayer en el restaurante y no apareciste? –Lucía entra como una tromba a la oficina refunfuñando y taconeando con fuerza el piso, el volumen de su voz es tan alto que debo hacerle señas para que el resto no se entere de todo y en poco tiempo tener moscas rondando por un chisme jugoso–. Además de no querer contestar el puto móvil… Me llegué a preocupar de verdad, más cuando te quedaste sola con Fabián... Por favor no me digas que cambiaste de opinión y decidieron regresar. Recordar ese episodio llena mis ojos con exceso de lágrimas, unas que controlo con mi respiración porque llorar frente a Lucía sería contarle mis más grandes vergüenzas, es mi amiga, sí, pero que ella cambie la opinión que tiene de mí sería algo más doloroso en

