Capítulo 29

2065 Palabras
Si las miradas mataran Por fin estamos dentro de la casa de los Scott y si dije que era linda, me quedé corto con las palabras, es hermosa, hogareña y llena de fotos en las paredes. —Pasa, Benedict. No te quedes embobado, esto es solo parte del tour que de seguro los niños te querrán dar. —Gracias, señora Scott. —No me digas así —mierda, ¿la cagué? —. Puedes decirme Blue o abuela, como sea tu cariño, pero con Blue me basta por el momento. —Sí… gra… gracias… —Ven muchacho, hay varios que están esperando por conocer y hacerte picadillo, pero no les digas que yo te dije. La señora, perdón, la abuela Blue o simplemente Blue me toma del brazo y veo como Hanny se encoge de hombros y me sonríe para tomar del brazo a su padre y a su abuelo y me trata de tranquilizar. ¿Cómo puede pensar que te vas a tranquilizar si ni ella misma lo puede hacer?... ¿Qui… quién eres tú? Ho… hola, miedosito, soy yo o más bien tú en versión pocket… ¡¿Qué?! Bájame el tonito, idiota. Soy tu con…ciencia, una que tienes tirada en el rincón del olvido porque me tienes miedo, pero creo que esa hermosa chica me ha liberado de mi prisión… No estoy entendiendo nada. Ya lo entenderás, por lo pronto, quita la cara de estúpido y deja de intentar hablar porque si no te van a descubrir y pensarán que estás loco. E… está bien, pero no me hables a cada rato, sino me voy a equivocar y no quiero quedar mal con ellos. Ah… Okey, es un buen punto. Te lo concedo, pero no me encierres de nuevo, please… No prometo nada. —¿Todo bien, Benedict? —Sí, claro, Blue. Todo bien. Nos adentramos por el pasillo hasta llegar a un gran salón que estaba lleno de personas. Entre medio de la chimenea y el gigantesco árbol de navidad, se encontraba sentados los doctores que me atendieron ese día con otros adultos conversando. Los niños que a penas y se habían presentado corrieron hacia sus padres y fue ahí que me notaron. La doctora Scott y la madre de Hanny me esbozaron sonrisas afables, pero tres pares de ojos me miraron con el ceño fruncido y creo que casi con ganas de asesinarme, estoy seguro de que si las miradas pudieran matar yo ya estaba muerto y bien enterrado en el patio trasero de esta casa. Recuerda lo que te dijo Hanny de los hermanos Scott… Gra… Gracias. ¿Algún día dejarás de tar… tar… tamuedear al hablar conmigo?... —Hola Ben— mi suegra es la que se levanta junto a la doctora Scott para recibirnos y creo que de solo verla se me baja el azúcar. —Veo que mamá te trae preso —esa es la doctora Scott que saca algunas risitas de ese grupo, pero aún se les escucha tensos. —Pues, sí Val. Lo traigo custodiado, pues si lo hubiera dejado fuera con el dramático de Bruno habría volado con él en brazos hacia el hospital. —No seas exagerada, mujer, fue un pequeño impasse el de Bruno y ya lo estás dramatizando. —Yo no fui el que se hizo el desmayado. —Blue… Ambos hombres la miran con una extraña cara de extraterrestre molesto, pero no dicen nada más, al parecer la reina de este lugar es ella y pobre el que no siga sus designios. —Pues haré las presentaciones, Ben. Ya sé que conoces a Bruno, Hannah y Val, así que te presento a los hermanos que aún no conoces. El mayor de mis hijos Ethan, Thomas el que le sigue a Val y Alma —todos me saludan entre lo cordial y lo dudoso, pero no son para nada insoportables, solo pareciera ser su material de estudio, pero la tal Alma a diferencia de sus hermanos me saluda de beso y abrazo. —Bienvenido, Ben ¿te puedo decir Ben? —Sí, sí, claro… Alma Di Rossi la hermosa actriz que dejó todo por amor… Lo sé, conciencia, lo sé. —¿Se puede saber qué pasó afuera? Ah… ya sé, llegaste futuro cuñadito. —Hola, Melanie. Es un placer verte de nuevo. —Lo mismo digo ¿Ya te hicieron el interrogatorio respectivo? Los hermanos Scott y mis suegros la miran molestos, pero la chica ni siquiera se incomoda con el tema y toma unos tazones de la mesita que hay apostada en un costado y nos los acerca. —Chocolate caliente, para pasar el mal rato. —Gracias. Como si nada se lleva a Hanny hacia un costado y yo me quedo en medio de todos esos extraterrestres que me miran como su nuevo bicho en estudio, hasta que habla el tal Thomas. —Así que nuestra bella Hanny se robó el corazón del mandamás de la academia de policía ¿Quién lo diría? —Así es, señor Scott. —Oh, por favor solo dime Thomas, no soy tan viejo como me ves. —Aunque sí cascarrabias. —Gatita. —Hola, soy Dana Scott, la esposa de este demonio, espero y no te esté tratando mal y estos son Blue, Adam y Damián. —No, para nada, un gusto de conocerla y un gusto de conocerlos a ustedes tres Los pequeños me sonríen y luego como si fueran un vendaval, pasa un grupo de chicos más grandes y una hermosa niña muy parecida a la doctora Scott. Esa es Sophia… —Aurora, Catalina dejen de molestar a los mellizos. Hola Ben, eres guapo. ¡Hanny! Qué buen gusto, hasta en eso saliste a tu papá porque no sé que vio la tia Hannah en él. —Sophia Scott. —Papito. —¿Alguien sabe a qué hora llegan Vannah y los O’Connor? —Ni idea, solo sé que Nathan aún nos odia por dejarlo de guardia en el hospital y que Gia con los niños ya deben estar por llegar. Al final, pude tomar un sorbo del chocolate y diablos estaba exquisito. Los mayores de los Scott me obligaron a sentarme justo al lado de mi suegro y creo que estaba empezando a sentirme mejor, después de todo lo que pasó en la entrada. Todos sonreían y hablaban de sus cosas y creo que ya estaba sacando la prueba adelante pues ninguno continuó con lo que estaba preguntando el abogado Scott. Cuando las chicas terminaron su conversación, Hanny se acercó y se sentó a mi lado. De la mandona y molesta novia falsa no había nada y se me apretó el estómago cuando tomó mi mano y me dio una dulce sonrisa. —Aww se ven tan tiernos. Dijo la pequeña rubia que venía del brazo de un tipo que le doblaba en porte, además de otros tres pelirrojos y una hermosa mujer embarazada que viene del brazo de una adorable monjita con otro señor que estaba hablando por teléfono y se había quedado atrás. —¡Mami!—la pequeña que me había encontrado guapo se avalanza sobre la rubia que traía un bebé en los brazos y ella muy amorosa la recibe. Hanny se levanta porque su madre le pide apoyo en algo en la cocina y creo que la mayoría de las mujeres salen siguiendo el llamado de la señora Blue, mientras los varones me son presentados como la familia O’Connor, quienes muy amablemente me saludan hasta que… —Por supuesto que lo necesito para ayer, no me vengas con estupideces José, quiero toda la información de ese tipo lo an…tes—dice mientras me mira fijamente y luego continúa—. Lo antes posible. Oficial Henderson… Y es ahí cuando caigo en cuenta de quién es. Me pongo de pie y le saludo afable, por fin una cara conocida. —Director Miles, es bueno verle. —Muchacho, no has cambiado nada en todos estos años. —Usted tampoco señor, pero ¿Qué hace aquí? —Vengo a disfrutar de una buena comida en casa de mis mejores amigos y tú ¿Qué cuentas? ¿Estás aquí por algo con Hanny? ¿Pasó algo en la academia? —Pasó, Miles, pasó este es el idiota que me robó a mi princesa. —Bruno, ¿de qué me estás hablando? —Este es el novio de mi Hanny. —Pero… pero eso es genial—ahora es el agente Miles el qje tartamudea y no entiendo por qué. —Ya déjalo en paz, Bruno. Asume que nuestra Hanny es mayor y tiene un buen chico tras sus huesitos. —En eso Blue tiene razón, si quieres podemos hacer una terapia de shock para que empieces a soportar el duelo. —Vannah… —Perdónalo , Benedict. Bruno es así, un tantito escandaloso, pero cuando lo sepas llevar ya te va a caer bien. —En tus sueños Vannah. —Deberías entender que ella ya es adulta ¿no? —Lo entiendo, pero este tipo es un vejete al lado de mi princesa. —El vejete está aquí presente, suegrito—¿que dije qué? Ah… se me había olvidado por qué me tenías encerrado… No me hagas pasar una vergüenza, no ahora. —Será mejor que pasemos a la mesa, con esta nieve y el frío debimos preparar todo en la cocina, pero gracias a Gia, todo quedó espectacular. Y, aunque estuviera un tanto nervioso y aproblemado de ver a todo este gentío que me miraba extraño, debo decir que sus gestos y la forma de ser con mi Hanny se fue pegando de a poquito conmigo y de la nada, ya no había caras feas ni molestia, solo risas y hasta bromas hacia mi suegro y a mí. —¿Qué les parece que los postres los comamos en la sala y así aprovechamos de contarle algunas de nuestras historias de navidad favoritas a Ben? —preguntó la abuela de mi novia y los niños saltaron de alegría y comenzaron a correr hacia la sala. —Tienen demasiada energía aún. —Es inagotable, pero te acostumbras, de hecho el no escucharlos puede que les provoque más temor que tenerlos así. Lanza Daniela y todos asientes como si fuera una gran verdad. Todos comenzaron a levantarse y de a poco fuimos saliendo del comedor, Hanny me avisó que iría al baño con Mel y las más pequeñas para ayudarlas y no me quedó más que asentir. Mientras caminamos, escucho que al señor Miles lo llaman por teléfono y se aleja un poco, para cuando llegamos a la sala los gritos y la diversión es lo que se escucha, con muchos niños disfrutando de pastel y dulces como si se fuera a acabar el mundo. Me senté junto a mi suegro, como si fuera mi tabla de salvación y al parecer él lo noto, porque por primera vez desde que estamos así de juntos me da una pequeña palmadita en la pierna y me sonríe. A los pocos minutos el señor Miles llama a los abuelos de Hanny y a la señorita Vannah y se nota un tanto preocupado que todos miramos más que extrañados. Pero cuando suena el teléfono de Thomas, Ethan y hasta el de mi suegro la situación se pone demasiado extraña. —Será mejor que nos organicemos con los niños. —No te preocupes, Nosotras nos quedamos cuidando el fuerte, ustedes vaya. —Por eso te amo mi diosa de ébano. —Y yo a ti, mi italiano amore. —Y suéltense ustedes dos y vayan a ver que pasa para que nos cuenten con lujo de detalles. Todos se despiden de sus respectivas parejas, salvo los O’Connor y yo que no sé que pasa, pero cuando van llegando a la puerta mi suegro se da vuelta y me mira como diciéndome algo que no entiendo, sacude la cabeza negando y me habla. —Levanta tu culo de policía en desuso y muévete, creo que tu serás de ayuda en este momento. Y adivinen que hizo mi envase de cristal… Pues claro se acaba de ir con todos ellos y me deja aquí mirando como salir detrás de él para ser la voz de su razón, porque aunque no lo quiera soy su con… ciencia. ------------------------------ Copyright © 2025 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative
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