Capítulo 22

1725 Palabras
Un pequeño quiebre. Llegar al hospital con Hanny y su papá había sido algo extraño, ellos iban en su mundo y yo en el mío, pensando por qué ese tal Joshua era tan importante para mi niña mimada. ¿Por qué me molestaba tanto su preocupación? Pues ni idea o sí, en el fondo lo sabía y tenía un atisbo de idea. Bueno, la verdad es que sentía celos de cualquier hombre que osara acercarse a ella. Era un verdadero idiota, literal. Debían darme el premio al mayor de los idiotas del mundo, por estar sintiendo cosas por esta chica y ella tenía a un séquito de hombres tras de sus huesitos. Para cuando nos encontramos con su amiga quise estrangularla, es que ¿Cómo se le ocurría contarle a ella de nuestro acuerdo? Me bastaba con que el idiota de Somerson lo supiera por que nos ayudaba, pero ahora esta chica Mel era un verdadero peligro si se le ocurría decir algo delante del padre de mi novia falsa / niña mimada -/objeto de deseo masculino. Para peor, su amiga me había tomado como su "bastón personal", Ja, eso parecía ella a mi lado, era tan pequeñita y delgada que parecía una bebé a mi lado, de hecho tuve que agacharme para poder seguirle el paso. Dios, a cada minuto me vovlvía a preguntar ¿Qué hacía aquí? ¿Para qué me ofrecía a traerlos?, pero algo pasó cuando comenzamos a caminar por el pasillo hacia la UCI mi cerebro se sintió pesado y mi corazón comenzó a palpitar, era una sensación extraña, algo así como familiar y de un momento a otro, comienzo a sentir que me falta el aire y un dolor fuerte en el pecho hace que lata mucho más rápido mi corazón. —¡Ben! — es ella la que me habla, pero se siente tan lejos —. Oye Ben, ¿Estás bien? —me preguntó nuevamente y creo que respondí que sí. Algo más me hablaron las chicas, pero ahora a mis síntomas se sumaba otro, la cabeza me iba a estallar y unas ganas enormes de salir corriendo de aquí se apoderaban de mi cuerpo, pero no podía hacerlo, mis piernas no respondían y pensé que iba a morir. —Mel, Llama a Jenny o a Lucas, Benedict no se ve nada bien—¿por qué es tan dulce conmigo? no vee que me hace sentir cosas y se me acelera más el ritmo cardiaco. Hanny, estoy bien... Ya no sé si se lo he dicho o solo es mi cerebro intentando traicionarme, por que la seguía escuchando a ella y no a mi voz. —Sí, sí, ya voy. Escuchaba todo lo que decían y hasta sentí cuando alguien me cargó en los brazos como si fuera una princesa. Entonces, era cierto, debía ser que me estaba muriendo porque internamente me preguntaba ¿cómo alguien me puede cargar a mí? mido casi dos metros y peso noventa kilos ¿se entiende? Pero al parecer eso estaba sucediendo, pues un pecho fuerte era mi almohada y unos brazos parecidos a los míos me sostenían. —¿Qué pasó aquí? —otra voz que no conocía se acercaba a donde quiera que esté en este momento y luego ví un destello de luz en mis ojos. —No lo sé, Nath, solo que íbamos a la uci pediátrica y de pronto Ben se empezó a sentir mal y se desplomó frente a nosotros. —Este muchacho me parece conocido ¿dónde lo he visto? —¿Tú también lo reconoces? —Son muchas las personas que pasan por nuestros quirófanos, pero su rostro me es sumamente familiar. —Pue… puede que su historial esté todavía aquí si fue uno de sus pacientes ¿no?, papá dijo que lo operó hace como cinco años atrás. —Dame sus datos y revisemos, Lucas me pasas la tableta. —Sí, doctor. —Se llama Benedict Henderson —¿Por qué la voz de Hanny se escucha tan preocupada y ansiosa? Yo estaba aquí, pero no podía decírselo y eso me empezaba a frustrar un poco. —¡Bingo! Aquí está, Benedict Henderson Dorman, veintiún, bueno ahora, casi veintiséis años, oficial del equipo especial antibombas de la policía de Nueva York. Cirugía mayor para extirpar una esquirla de metal en el pecho que provocó la fractura de cuatro costillas y la fijación quirúrgica de esas fracturas costales se hizo con placas de titanio. Se ve bastante bien para tremenda cirugía que hicimos, esta costura la debo haber hecho yo, quedó parejita y tuvo muy buena cicatrización. —¡Hey, deje de toquetearme! —¡Ben! —mi niña mimada se acerca a mí y me abraza, siento mi cuello húmedo y es ahí que me doy cuenta de que unas lágrimas locas corren por sus mejillas—. Me has dado el susto de la vida. —¿Qué me pasó? yo les juro que me sofoqué y sentí que el corazón me iba a salir por la boca y un dolor de cabeza horrible y… y luego los escuchaba mientras hablaban, les respondía, pero parece que era mi cabeza y no podía decir nada. —Tranquilo—me dice el rubio de bata que me está revisando el pecho y mierda, siento que duele como si me hubiesen apaleado—, oficial. Al parecer lo tuyo muchacho fue una crisis de pánico, pero antes de cualquier diagnóstico prefiero descartar, por lo que te mandaré a hacer algunos exámenes. Lucas, una resonancia de tórax, examen de sangre y orina completos y mantenlo con suero, paracetamol y ketorolaco para el dolor— dice como si yo no estuviera aquí, intento levantarme, pero el doctorcillo me detiene— No, ni se te ocurra. —Pero si dijo que fue una simple crisis de pánico, doctor. Si es solo eso puedo irme ¿no? —por favor, que diga que sí… —¿Hace cuánto tiempo que no te controlas? —Eh... Bueno... Doctor...Creo que nunca. —¿Cómo? ¿Te crees un super héroe o qué? —el doctor está molesto y mi Hanny me mira horrorizada, pero ¿qué les pasa? —Deberías por lo menos una vez al año venir y controlar que la fijación quirúrgica se mantiene bien y no has tenido una revisión ¿Qué pretendes? ¿Morirte? —No lo necesitaba, doctor—hago un ademán para que me señale su nombre y el me mira frunciendo el ceño. —Malory, Nathan Malory. —No lo necesitaba, doctor Malory. —¿Y cómo pasaste los controles que hace cada año la policía? Ah, pero eso lo podemos saber ahora ¿dime a qué precinto perteneces, la mayoría de los oficiales activos se realizan acá esas evaluaciones. Señor, ¿para qué me vine a meter aquí? Repito por millonésima vez en este día . Ahora estaba frente a uno de los supuestos médicos que me operó, al lado de Hanny a la cual le he ocultado una que otra cosa y se iba a enterar de una de las peores. —¡Ben! —¡¿Qué?! —Contesta lo que te está preguntando Nathan. Agacho la cabeza y enfrento la maldita realidad, me han pillado. Si no me los he hecho es porque técnicamente estoy inactivo, pero varias veces el comandante me los ha pedido y yo he rehuido del problema aduciendo que los reclutas me quitan mucho tiempo. Ademas, esta es la primera vez que me siento tan mal, las otras veces se producen cuando he tenido pesadillas de lo que pasó ese día, pero llevo varios días sin tenerlas. —No me los he hecho— ya lo dije y me atrevo a mirarlos. —¡¿Qué?! —ahora ella y el doctor son los que me gritan y juro que me dejaron sordos. —Esto es el colmo, Benedict Henderson, ¿Cómo es posible que juegues así con tu salud? —Ya, ya, Hanny. Debe ser que el trabajo lo tiene muy ocupado—dice en tono burlón el doctorcillo —, pero como ya está aquí y upsi, se me fue el dedo y acabo de hacer el ingreso, así que aprovecharé de hacer todos y cada uno de los exámenes que no te has hecho en estos cinco largos años—choca los cinco con Hanny para luego ver al enfermero ese que está muerto de la risa con la amiga de Hanny ¿qué todo para ellos es un circo?—. Lucas, tratamiento VIP para nuestro invitado. —Bueno, Ben. Aprovecharé de ir a ver a Joshua mientras estás en tus examenes y luego a Adrian, creo que al final estaremos todo el santo día aquí. —Ni se te ocurra dejarme solo, Hanny.+ —Pero si tú dijiste claramente que yo no era médico. Soy una simple recluta que está en sus días de permiso apoyando a su adorable novio y aprovechando de ver a sus amigos que está en el hospital ¿vamos Mel? —Vamos, Hanny. Después te vemos señor P. Hazle caso a Lucas, que mira casi lo dejas sin espalda por traerte en sus brazos hasta aquí. —Hannah Cicarelli, si sales por esa puerta yo.... —Tú nada, Benedict Henderson y aprovecho de decirte que me llevo tu celular, así que pórtate bien si no quieres que llame a tus padres. Te quiero. Y sale con su amiga por la puerta dejándome solo, enojado y con un enfermero que se ríe de mí como si fuera el payaso mayor del circo. —No, yo no vine para esto. —Aunque digas lo que digas, estas sentenciado, no hacerle caso a uno de esos locos trae consecuencias, te lo aseguro. Venga, vamos que te llevo a hacer tus examenes para que termines pronto y vayas tras nuestro dulce de tiramisú. De la nada, este enfermero me vuelve a alzar en sus brazos y como si fuera una pluma me coloca en la silla de ruedas, me vuelve a sonreir y yo estoy que me muero de la vergüenza o de la rabia. —Esto no se quedará así Hannah Cicarelli, eso te lo juro. ------------------------------ Copyright © 2025 P. H. 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