Capítulo 49

1601 Palabras
Recuerdos dolorosos Cierro mis ojos y como si fuera la imagen de un película comienzo a recordar…. Esa semana había sido una total mierda, la puedo resumir como la peor semana de mi vida como capitán a cargo del escuadrón antibombas. Todo partió el martes y no paró hasta ese día en que los perdí… —Hola idiota—me dice al otro lado de la línea mi hermano mayor. —¿Y a qué se debe que me llamaras, Henderson? —Uy que sensible, creo que debo presentarte a alguna de las amigas de Jacky, te falta un revolconcito, pequeño. —Y yo soy el idiota—sonreí, a pesar de sus constantes formas no ortodoxas de querer que me enamorara y formara una familia como él. —El amor es bello, hermano. —Y tú estás para eso, hermano. Donde yo estoy metido es mejor estar solo y sin nadie que sufra si me llegase a pasar algo. —¡Eres insufrible! Pero algún día te enamorarás y yo estaré ahí para verlo y decirte “te lo dije, cabrón “, pero tienes razón, te llamo para saber si vendrás a casa para el cumpleaños de papá. —No lo sé, Daniel. Estoy metido en un operativo complejo y puede que pase de esos días. —¿Cuándo dejarás de escapar de tu familia? —No es eso, Dani. Solo es trabajo. —Pues te aviso que estaremos todos y creo que al viejo le gustaría verte. —Benedict—era mi amigo y compañero Travis quien entraba en la oficina, como siempre sin golpear— tenemos noticias, el jefe nos quiere ahora en la sala de reuniones. —El trabajo te está llamando ¿no? —Te llamo después, salúdame a mamá y a Jacky. —También se los daré a papá. —Haz lo que quieras. Corté la llamada y tomé mis cosas para salir de la oficina junto a mi amigo. —¿Otra vez Daniel intentando encausarte? —Ah… Sí, amigo. Mi hermano no entiende un no como respuesta. —A veces es bueno ceder, aunque sea un poquito. —El problema es que con ellos es todo o nada, Travis, pero mejor entremos ya sabes cómo es el jefe. Ambos entramos a la sala y ya estaban todos, nuestro jefe nos miró con cara de pocos amigos y Travis se encogió de hombros sentándose en su silla. —Tenemos nueva información de este grupo de terroristas, hace una semana nuestro informante nos notificó que comenzaron a moverse cerca del Bronx y no con buenas intenciones. —¿Y por qué se demoró tanto en avisar, jefe? La pregunta debe haberle caído como la patada, porque la furia en sus ojos era intensa. —Antes de que me interrumpieras iba a decirlo, Henderson. Si no les había informado antes fue porque queríamos corroborar la información. —Sí, claro—mascullé entre dientes y seguí junto a los demás escuchando las instrucciones para el operativo. Salimos de la sala cerca de una hora después dispuestos en tres grupos para el operativo de asalto a la supuesta casa dónde se encontraban estos malnacidos. Ya ese grupo había colocado tres bombas en menos de dos meses y para suerte nuestra una la pudimos desactivar, en cambio a la primera llegamos tarde y por desgracia se perdieron cuatro vidas. —Arréglate bien ese chaleco. Me dice Travis, colocándose el traje especial, mientras yo termino de ajustar el mío. Con Travis habíamos entrado juntos a la academia y nos hicimos amigos de inmediato, él es hijo del superintendente de policía y viene de una familia de uniforme azul como decimos en la fuerza, en cambio yo era hijo de un empresario del área "armamentista, nada de lo que me enorgulleciera, pues al fin y al cabo yo intentaba sacar de las calles aquello de lo que tanto se vanagloriaba. Cuando subimos a las camionetas, un mensaje de mi hermano apareció en la pantalla de mi teléfono. “No seas tan malito, hazlo por mamá” Apagué el teléfono y ya después vería como le respondía. Ahora la misión era lo más importante. Llegamos a los suburbios y en menos de cinco minutos estábamos apostados alrededor del lugar, el equipo antimotines fue el primero en moverse y con pasos rápidos seguimos tras de ellos. —¡No hay nada!—exclamó el agente Jones, pero algo me parecía extraño. Así que me decidí a entrar. Caminé por el lugar percatándome que era una casa normal, donde supuestamente una familia vivía normal, todo en su lugar. —Demasiado perfecto —hablé más para mí que para los demás que estaban ahí, hasta que vi algo que me llamó la atención. Me acerqué al pequeño peluche de oso y al ver el rojo de sus ojos lo supe. —Ben, ya vámonos—me habló Travis desde la entrada. —¡No te muevas y llama a Santos! Que traiga a Polux, nuestra máquina para tratar los explosivos. —¿De… de qué estás hablando, Henderson? —Estamos sobre una montaña de mierda, ¡Dejen de hacer y tocar todo! Mis compañeros me hicieron caso, pero uno de los oficiales de antimotines no me escuchó. Y ese día pensé que moriría… —¿Y qué pasó? —Fallecieron dos de los muchachos de antimotines y los demás resultamos heridos, me tocó una reprimenda de mi jefe por no haber verificado antes el perímetro y para mi desgracia me mandaron tras un escritorio para que, según él aprendiera mi lección. —Ya veo, pero eso quiere decir que ya sabías de esta gente. —En ese momento no hice la conexión, puede que, como dices, sean los mismos tipos, no lo sé. Llevábamos tratando de atraparlos varios meses como te dije, pero cada vez que estábamos a punto de encontrarlos terminábamos en un callejón sin salida. —¿Y después? —Esos días me los pasé encerrado en esas cuatro paredes haciendo mi informe y carcomiéndome de la rabia por haber sido tan imprudente, puede que ante todos estuviera molesto porque nuevamente me estaban culpando de todo, pero más estaba molesto conmigo por la pérdida de esas vidas. —¿Y ese día? —Ese día en particular fue extraño, me levanté con un dolor de cabeza que me taladraba, no quise comer y estuve toda la mañana reclamando hasta por lo más mínimo. Llegué como todos los días y me instalé en ese sucucho que tenía por oficina, creo que llevaba la cuarta taza de café cuando apareció Travis con la noticia de lo que estaba sucediendo y no me preocupé por nada solo salí corriendo con Travis, ya me ocuparía después de la reprimenda. No sé cuanto tiempo nos demoramos en ese lugar, pero una horda de periodistas estaba en la entrada y nos costó ingresar a la empresa de mi padre. Fueron los minutos más desagradables que pude pasar, con preguntas que ni siquiera entendía y peor aún escuchar muchas cosas que se había filtrado a los periodistas en que… ¿Nada? Travis y creo que Sanders me abrieron paso y entramos al lugar, como nunca corrí para estar con él. Dile presentimiento o lo que sea, pero sabía que me necesitaba. —¿Y entraste así sin más? ¿sin preparación ni traje? —No lo recuerdo… —Cierra tus ojos e intenta recordar, necesito detalles. —Entramos al edificio y corrimos hasta los ascensores, ahora que lo pienso fue estúpido, pues posiblemente todo el lugar estuviese lleno de bombas, debimos ir por las escaleras ¿no? Subimos hasta el piso donde estaba la oficina de mi hermano o creo que era la sala de reuniones, pero estaba seguro de que era la oficina de Dani, mi recuerdo no puede cambiar tanto. —Enfócate, Ben… Dos errores no son parte de tu esencia. —Definitivamente era la oficina de mi hermano, porque estaban sus diplomas y muchas fotos de todo y de todos. —¿Quiénes estaban ahí en ese momento? —Rodriguez, Travis, Dani, creo que Sanders… yo corrí hasta mi hermano e intenté hacer algo, no quedaba tiempo y el martilleo del reloj de tiempo era monstruoso. Daniel me decía que saliera de ahí, que le dijera a Jacky cuanto la amaba y a mi madre, Rodriguez noas gritaba a Travis y a mí y definitivamente estábamos sin la indumentaria adecuada, pero yo sabía que era el mejor e intenté desactivarla, pero el tiempo se acortó más, porque la bomba tenía un doble dispositivo de detonación. Los gritos me martillaban la cabeza y no podía pensar, quería hacerlo… Salvarlo, pero todo estaba en contra de nosotros, y el tiempo, los gritos, el llanto de Dani y de aquella chica que estaba a sus pies. —¿Había gente que no conocias? —Eso creo, ahora me siento confuso... Daniel me hablaba y me pedía que le prometiera algo, no sé… Y el tiempo se acabó. La primera detonación nos tomó en la puerta, donde Travis me había llevado y la segunda… ¡Oh, por dios! —¿Qué pasa? —E…esto no puede ser, Hanny. —¿Qué cosa?, explícate. —Debo estar confundido porque juro que lo vi. —¿A quién viste? —A mi padre, estaba mi padre en ese lugar… ¿Ahora entiendes por qué me encerraste, Ben? perdóname por no poder decírtelo, pero eso fue lo que realmente sucedió, no sé como pudiste bloquear tantas cosas y sobre todo a mí, pero fue la manera de protegerte, de protegernos para sobrevivir... ------------------------------
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR