Capítulo 48

1641 Palabras
¿Qué estoy pasando por alto? El silencio se mantuvo por unos instantes, después de lo que había dicho su amigo, pero los ojitos soñadores de Joshua y que le pidiera a mi amigo que se acercara nos volvió a esa realidad que tanto les dolía... —Muchas gracias, Andy, pero mientras esté aquí no puedo pensar en tu oferta—dijo agradecido y dándole una pequeña sonrisa a mi amigo que se estaba aguantando los sollozos. —Eres muy tierno, Andy, pero creo que por ahora debemos dejar descansar a Joshua ¿Cierto mi pequeño? — le secunda mi novia falsa, mientras mece los pocos cabellos que tiene en su cabecita Joshua. Joshua a penas y asintió y sus ojitos comenzaron a cerrarse, me asusté al verlo así, pero Hanny me calmó tocando mi brazo. —Se ha quedado dormido, el proceso de transfusión tiene agregado un calmante para que no sienta tanta molestia —nos dice Lucas y todos asentimos—. Como dice Hanny, será mejor dejarlo descansar. Vengan, vamos a que beban más líquido para que se recuperen mejor. Los cuatro salimos de la habitación y nos quitamos las batas y las desechamos en un bote especial. —Yo… yo te juro que fue ver a Dani, Ben… —Te entiendo, para ti es más fácil porque fuiste amigo de mi hermano desde la cuna, yo no me acuerdo de él cuando éramos pequeños. Es más creo que no tengo recuerdos de toda nuestra niñez, ya sabes nuestras fotos desaparecieron después de su muerte. —Pero ese niño tiene la edad de Daniel Jr. ¿no? —Es mayor por seis meses, casi siete—dice Hanny y yo la miro confundido, eso no lo sabía o no lo había visto. —Y Jacky ¿Lo sabe? —No—respondo fuerte y claro— y te ruego que no lo hagas, no aún. —¿Puedo visitarlo? —Eres el mejor amigo de su padre, creo que eso no le hará daño— le responde Hanny y tanto Lucas como yo la miramos dudosos, pero soy yo quien finalmente habla. —Primero, hablemos con mi suegro, él es su médico tratante y en él confío, Hanny. —Tienes razón, lo siento, Ben. —Tranquila hermosa—me acerqué a ella y la abracé, recién notaba que ella estaba tan preocupada, sus manos tenían un ligero temblor y su pecho latía a mil por hora. —No sabes cuánto lo entiendo, Ben. Sentir que no tienes esperanza y vivir en un lugar así es doloroso. Por lo menos yo tenía a mi madre y a David, luego a mi papá y a los chicos, pero cuando se está solo como él es mucho más difícil y doloroso. —¿Hanny? Un niño como de la edad de la hija de la doctora Scott se nos acercó y se nos quedó mirando extraño. —¡Nicco! Mi hermosa novia falsa se soltó de mi agarre y abrazó ahora al pequeño que se veía contento de verla. ¿Otro más del que te pondrás celoso?... Ya, deja de hincharme las pelotas. —Es bueno verte por aquí ¿Viniste por Joshua? —Así es, pero no le digas a nadie que me viste, ya sabes como son en este hospital — dice bajando la voz y acercando a Hanny a su altura. — Y tú ¿Qué haces aquí? —Exámenes de rutina, ya conoces eso ¿no? —Tienes razón ¿Te quedarás toda la noche? —Ajá, mi rubio oxigenado me cuidará, mientras mamá se encarga del restaurante y las chicas se quedan en casa de los abuelos. —El tío George y nana Rosita ya volvieron. —Sip y llegaron de muy buen ánimo con la abu Rosita, te encargo la cantidad de regalos que tienen por repartir. —Eso quiere decir que tendremos casa llena en año nuevo— el niño asiente y cuando está por decir algo más, aparece el doctor Malory con cara de pocos amigos.. —¿Dónde te habías metido? —Papá… —Nath... Adivinen quién corre a abrazar al rubio oxigenado... Es su amigo. Y yo hoy soy el celoso por tí, pff... —Hola doctor Malory. —Muchachos, es bueno verlos ¿Cómo salió todo en el orfanato? —Fue hermoso, Nath. Los niños cantaron muy bonito, junto a Cam y Ro y la comida que preparó tu querida Gia como siempre diez de diez.. —Espero y el próximo año podamos estar, odio esto de jugar a quién se queda en los turnos de fiestas con esos dos, pero por suerte nos veremos en año nuevo. —Deberías utilizar tu veta artística y comprar a papá, su corazón de abuelita a veces cede. —Pero le gana mi corazón de condominio. A propósito ¿te veo en año nuevo Henderson? —Así es, doctor Malory. —Recuerda que la próxima semana tienes que venir para tus estudios. —No te preocupes, Nath. Yo misma lo traeré de una oreja. Risitas más, risitas menos, pero te tienen cortito, amigo… Haz silencio. —Lo prometo, doctor. No habrá necesidad, cariño. —Los dejo muchachos y tú, será mejor que vayamos a tu habitación, si no estás en cinco minutos Lucas es capaz de meterme preso por perderte. —Está bien, no puedo creer que le tengas miedo a un enfermero—el pequeño reviró los ojos y luego se despidió de nosotros refunfuñando porque su papá lo había interumpido. —Es que no lo conoces enojado, hijo—le responde, mientras acaricia sus rizos y se van perdiendo por el pasillo. —¿Todos son así? —Absolutamente todos, Andy. Todavía no me acostumbro a esto. —Son encantadores y qué te cuento de sus barbacoas. Me doy la vuelta para mirarla y expresar mi molestia, ella se hace la desentendida, así que no me queda más que enfrentarla. —¿Somerson ha ido? Nada… Escucho los grillitos… cri… cri… Ella, sale corriendo y se cubre los oídos, sabe que me debe una explicación, pero su amigo intenta arreglarla y lo hace peor. —En su defensa y que conste que fue mi amiga antes de meterse contigo. —Cállate, Somerson. No quiero escucharte ahora. Somerson revira los ojos y camina tras de esa chiquilla mimada, mientras Andy niega y yo voy que me lleva el diablo. Salimos del hospital con el idiota de mi envase de vidrio con cara de pocos amigos, mi pobre Hanny mirándolo como si le quisiera doblar el cuello o cortarlo en varios pedacitos y sus amigos aguantando la risa. ¿Quién los entendía? Pues yo no… Y así te vas a quedar, has silencio tú también. Estaba relajando el ambiente. Además, imagínate la voz en off… Pues no estoy nada de relajado. —Lo siento, sí—me responde dentro del auto, pero al final era yo el que estaba molesto y no sabía por qué. —Dejémoslo así. Somerson tiene razón, él fue tu amigo antes que yo. ¿Será que decir “amigo” te molesta?... —Hanny, no le preguntamos a tu papá. —No te preocupes, mañana lo llamo y te aviso. —No tengo tu número. —Toma, anota el tuyo—la miro mascullando entre dientes, es que era tan confiada con todos que así como si nada le pasa el teléfono a cualquiera. No es cualquiera, ¡Es Andy!... —Listo. Espero tu llamada, preciosa. Después de dejar a mí amigo nos dirigimos a la academia, el cansancio y haber donado sangre me estaba pasando factura, pero igualmente los acompañé a esos dos , no quería que se quedaran solos en la habitación de mi niña mimada, ese era mí privilegio. Antes de que entrara Somerson me adelanto y tomo sus cosas. —Buenas noches, Somerson. —Que descansen—nos dice en un tonito que no me gustó y se marchó. Me lancé en la pequeña cama y suspiré. —¿No pretendes irte?— pregunta aún con la puerta abierta. —Solo déjame descansar unos minutos. O toda la noche… La escuché murmurar una maldición, pero cerró la puerta y se sentó a mis pies. —¿Sabes algo? —Mmm… —Hay algo que no me cuadra en toda esta historia tuya. Siento que estamos pasando algo por alto y me tinca que es demasiado importante. —No sé a qué te refieres, Hanny, ven a dormir será mejor—me acomodo para que se acueste a mi lado y me cubro con su manta favorita que huela a limón y algo más. —Descansa tú, creo que lo necesitas más que yo. —Pero ¿qué intentas encontrar? todavía no entiendo qué es lo que buscas. Si fueras un poquito más específica puede que te pueda ayudar. —Ya te lo dije, siento que algo estoy dejando pasar y eso me molesta. —No sabes cuánto me gustaría ayudarte, pero hay tantas cosas en mi cabeza que no me dejan pensar o peor que tampoco recuerdo. —¿puedo preguntarte algo? sin que te enojes digo. —Puedes...por hoy te lo concederé. —¿qué recuerdas del día del atentado? simple directa y perspicaz... Esa era la chica que estaba frente a mí preguntándome algo que hasta el día de hoy se mantiene presente en mis recuerdos. Ella notó mi incomodidad e intentó cambiar las palabras. —Déjalo así si no quieres contarme no hay problema. —No, está bien. Creo que es bueno a veces hablarlo. De hecho, nunca lo he hablado con alguien. Hanny volvió a sentarse a la orilla de la cama sus ojos estaban expectantes y creo que hasta yo estaba un tanto ansioso por contarle la verdad cerrar los ojos y me transporté hace 5 años atrás. ------------------------------
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR