35. Prenda olvidada

1584 Palabras

Hilda quedó atónita cuando se encontró con Benjamín Gold frente al elevador. La culpa por haber estado haciendo esas cosas tan inmorales con Herick se sentía acechada y perseguida. Era la culpa que remordía su existencia. Sin embargo, aquel joven se expresó de manera incrédula y diferente a como esperaba. —Señora Hilda. Mire la casualidad de encontrarnos. ¿Qué hace aquí? —dijo Benjamín de manera casual. Hilda, sintiendo la urgencia de idear una excusa para su presencia en ese lugar, se calmó y en su mente pasaba una lluvia de ideas, tratando de encontrar una excusa acorde al contexto en que se encontraban. De inmediato recordó un comentario que el mismo Benjamín había dicho una vez en su restaurante. —Es por lo que mencionaste aquella vez. —Alzó su mano, explicándose—. Vine a preguntar

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