36. La rebelión

1873 Palabras

—La señora Hilda puede esperar —dijo él con un tono de voz firme y distante. Herick decidió abordar la situación, dejando claro que resolvería el asunto sin que ella estuviera presente. Sin esperar respuesta, comenzó a caminar hacia su oficina, dejando a sus amigos con Hilda por unos momentos. Mientras se dirigía a su despacho, la mente de Herick estaba ocupada por el dilema que acababa de surgir. Debía actuar con rapidez para evitar cualquier situación incómoda o comprometedora. Al llegar a su oficina, se dirigió directo al sofá donde recordaba haber quedado la prenda íntima de Hilda. La recogió con cuidado y la guardó en el bolsillo de su pantalón, un instante antes de que ellos entraran. Herick se sentó en su silla, frente a su escritorio. Se acomodó de manera recta y con semblante in

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