Hilda observaba con una mezcla de orgullo y preocupación las miradas envidiosas y deseadoras que dirigían las mujeres hacia Herick. Era indudable el magnetismo que emanaba de él, capaz de cautivar a cualquiera con su presencia imponente y su aire de distinción. Sin embargo, aunque muchas anhelaban tenerlo como amante, solo ella conocía el verdadero vínculo que los unía, un lazo prohibido y secreto que los había llevado a cruzar límites morales y sociales. A pesar de sentirse halagada por tener a Herick a su lado, no podía evitar experimentar un profundo malestar por la situación en la que se encontraban. Sabía que su relación era un tabú, una transgresión de las normas éticas que regían su mundo. Aunque se aferraba a los momentos de intimidad y pasión que compartían, siempre había una somb

