El último en unirse a la revelación fue Benjamin Golden, quien de manera proactiva se acercó y abrazó a su hermana Beatrice Golden. Su gesto fue una muestra conmovedora de que, a pesar de las discusiones y peleas que pudieran tener, el amor fraternal prevalecía en su corazón. El abrazo entre hermanos hablaba de una conexión profunda y duradera, un lazo que trascendía las diferencias y los desacuerdos. Mostraba su apoyo incondicional a su hermana, reconociendo su coraje al expresar sus verdaderos sentimientos. Ya lo había hecho frente a la persona que le gustaba y al que amaba. Ahora, lo hacía ante los patriarcas a los que siempre habían obedecido con sumisión y pasividad. Su sola existencia se estremecía de la adrenalina que experimentaban en ese instante al estar retando a todos sus padre

