Los señores de las familias Dassault, Golden, Bailey y Coopers hicieron su entrada triunfal en el espléndido salón, donde fueron recibidos con reverencia por los meseros que los atendían como reyes. Con gestos elegantes y sonrisas corteses, los invitados fueron conducidos a sus respectivos asientos en la mesa principal, donde los esperaban aperitivos exquisitamente presentados y copas de champaña burbujeante. Los meseros, entrenados en el arte de la hospitalidad refinada, guiaron a cada invitado a su lugar designado con gracia y eficiencia. Con movimientos fluidos y silenciosos, colocaron los platos y cubiertos de manera impecable, asegurándose de que cada detalle estuviera cuidado para el disfrute de los distinguidos comensales. Mientras los invitados tomaban asiento y brindaban con copa

