El campus de artes de la Universidad Central siempre olía a pintura fresca, café quemado y rebeldía. Y entre pasillos atestados de gente deseando ser original, Tom Kaulitz caminaba como si nada lo tocara. Sus trenzas caían hasta sus hombros, entrelazadas con tiras de cuero deshilachado. Llevaba una camiseta de Dylan desgastada, jeans anchos y botas de combate. La gente lo miraba; él no miró a nadie. Era imposible no notarlo, aunque él prefería que lo ignoraran. —¿Ya te enteraste? —susurró Gustav a Andreas mientras salían del aula de Historia del Cine.—El decano permitido que todos los estudiantes de primer año puedan asistir al festival de otoño… Excepto uno. Andreas parpadeó, ajustando su mochila mientras intentaba mantener el ritmo de Gustav. —Y ¿quién sería ese 'uno'? —El hermanito

