17María sintió algo que le lamía los pies como la lengua de un perro grande y bondadoso. Se inclinó a tocar la cabeza del animal y comprendió que ahora caminaba por el agua. ¿De dónde venía? Había llegado silenciosamente, sin la menor agitación, sin olas. Sin prisas, pero de modo constante, subía de nivel. No estaba más fría que el aire y lamía los tobillos de María. Retrocedió un paso. Encogida y temblorosa, se sentó en una piedra tratando de escuchar el rumor del agua, tan silenciosa. ¿De dónde venía? Se decía que un río corría en lo más profundo del subsuelo de la ciudad. Joh Fredersen había cortado y desviado su curso cuando construyera la ciudad subterránea, la maravilla del mundo, para los obreros de Metrópolis. Decían también que la corriente alimentaba una inmensa y poderosa re

