Capítulo 3: La cena.

1948 Palabras
Dante El día de la fiesta.  Sonrío mientras observo la invitación entre mis manos, volveré a ver a la pequeña Andrea. Creo que no debí acercarme porque desde que lo hice no ha vuelto a la cafetería, y de eso ya hace dos semanas.   Los golpes en la puerta me traen de vuelta a la realidad, guardo la tarjeta en uno de los cajones para decirle que pase. -Buenos días, ¿Cómo está mi hermano preferido?-pregunta Pia apenas entra a mi oficina. -¿Qué quieres?-pregunto queriendo que vaya al grano, no es normal que tú hermana que está enojada contigo venga con su carita de ángel y me hable amigablemente. -¡Que amargado, solo quería visitarte!-exclama con indignación al tiempo que se sienta en una de las sillas que están frente a mí. -Aja, ¿Dime qué sucede?-pregunto mientras comienzo a revisar unos documentos. -Yo... pues, en el nuevo instituto conocimos a una chica...y-dice apresuradamente hasta que se queda muda eso capta mi atención. -¿Acaso los molesto?-pregunto a la defensiva, de solo pensar que alguien se meta con mis hermanos me hierve la sangre. -No, no, no es eso... ese día, con Donato habíamos llegado tarde, y cuando íbamos pasando por uno de los pasillos vimos a una chica tirada en el suelo, así que me acerque y por el susto que vi en su mirada que no estaba bien, por lo que llame a Donato que se había entretenido mirando el lugar... ambos la ayudamos a llegar hasta la enfermería, y lo que me llamo la atención fue cuando dijo que no nos convenía acercarnos a ella, porque tendrían problemas con los populares y que no creía que estuviéramos interesados en una gorda como ella.-me cuenta, no sé porque esa chica ha llamado mi atención si ni siquiera la conozco. -¿Y qué es lo raro? ¿O cuál es el problema?-pregunto pensativo. -Pues... que cuando la agarramos para ayudarla a caminar podía sentir sus costillas, y no es por exagerar ella realmente es muy delgada ¿Pero por qué dice que está gorda?-pregunta confundida. -Tal vez tenga algún problema con la comida o solo es una de esas chicas que hacen mil dietas para verse bien, pero si la viste mal puedes acercarte y mostrarle tu apoyo, nadie debe pasar por esto, solo ten cuidado hermanita.-digo ¿Si es tan delgada como me asegura Pia, por qué nadie se da cuenta?- Y respecto a lo otro ¿Dijiste que estaba golpeada?-pregunto intrigado. -Sí, ella se levantó de un salto y al hacerlo grito de dolor, lo hizo porque sugerí hablar con la directora, todo es muy raro... y desde que pasó no la he vuelto a ver ¿Le habrá sucedido algo?-pregunta angustiada. -No, a lo mejor se escondió porque estaba avergonzada, solo... si, vuelve a suceder algo así habla con los directivos y si no hacen nada llámame.-pido preocupado de que pasen esas cosas en un colegio.-Y otras cosa, ¿Sabes cómo se llama esa chica?-pregunto con curiosidad. -Sí, me dijo que se llama Andrea.-duce sonriente, Andrea, no, no debe ser la misma persona, eso es imposible. -Bien, si era todo puedes irte a casa, tengo trabajo que hacer.-digo a lo que ella rueda los ojos con exasperación. -Ya, me voy, pero porque así lo quiero.-asegura para seguidamente salir del lugar.   ¿Y si es ella? No, no puede ser.       Cuando veo que el reloj marca las 7 P.M., decido dejar mi trabajo para mañana y salir de allí, debo ir a la casa a darme un baño y estar listo para la cena, hoy es mi día de suerte, la veré, tengo el presentimiento de que así será.   Camino hacia la salida, no sin antes despedirme de los empleados, me encamino hacia afuera del edificio para después entrar en el estacionamiento, y en cuanto llego a mi auto me subo y comienzo a manejar con destino a mi casa.   Recientemente nos cambiamos de un pequeño departamento a una casa que mandé a construir para que los tres tengamos una mejor comodidad, y por lo mismo tuve que cambiarlos de instituto.  Después, de unos minutos llego a la casa, estaciono enfrente y me bajo, para dirigirme a la entrada, abro la puerta con mis llaves que siempre llevo conmigo. Una vez, adentro camino directo a mi habitación, mis hermanos deben estar en sus dormitorios o en la sala de juegos, así que no me preocupo. *** -De ninguna manera.-declaro ante tal locura de mi hermano.   Acabo de bajar al comedor después de una refrescante ducha, para encontrarme con estos insoportables, pero adorables hermanos míos, quieren ir a una fiesta, y puede que ya estén grandes, pero ese maldito miedo que se apodera de mí no me deja tranquilo. -Soy mayor de edad, y puedo hacer lo que se me venga en ganas, solo preguntaba por Pia.-asegura haciendo que mi cuerpo se tense por completo. -Sí, puede que seas mayor de edad, pero soy responsable de ustedes hasta que cumplan los 21 años, así que no, sé muy bien como son esas fiestas. Además, la última vez que les dejé ir a una perdiste a Pia de vista, y por tu culpa casi me vuelvo loco.-contrataco. -¡Entiende que no puedes protegernos por siempre, no puedes evitar el destino! ¡Deja de vivir en el pasado, no había forma de que evitarás que nuestros padres murieran!-me grita, grave error, no puede sacar ese tema justo ahora. ¡Cállate, tú no sabes nada!-le grito acercándome peligrosamente, pero mi hermana se interpone en mi camino. -Basta los dos, no se peleen... me están asustando.-susurra con la voz rota logrando que ambos la miremos preocupados. -¿Te sientes mal? ¡Dios, perdón, cielo!-le digo atrayendo la a mí para abrazarla. -Estoy bien, solo no peleen, los quiero a los dos conmigo, por favor.-pide llorando.-Ven, Doni.-le pide y sé que lo ha conseguido, ella es nuestra debilidad, es nuestra princesa.  Los tres hemos sufrido, cada uno llevo el dolor cómo pudo.  Nos abrazan como lo hacíamos cuando éramos niños, cuando escucho los sollozos de ambos el corazón se me parte, y solo puedo abrazarlos más fuerte para demostrarle que estoy para ellos. Son sangre de mi sangre, y me duele verlos así, pero hasta yo me derrumbó muchas veces y más en estas fechas. -Sh, todo estará bien, solo debemos mantenernos juntos. Los amo, perdóneme por no poder evitarles este dolor.-pido conteniéndome, no puedo dejar que me vean vulnerable, soy su soporte. -Yo también, el amo, mis hombrecitos.-dice riéndose en medio del llanto. -Lamento, haberte hablado así, y en especial haberte hecho recordar.-dice Donato. -No pasa nada, los entiendo, ahora vayan a seguir con sus cosas.-le digo cuando nos separamos. -Bien, ¿Sabes que iremos de todas forma?-pregunta mi hermana y suspiro con cansancio ante su insistencia. -Sí, lo sé, solo cuídense y no se separen... y-me quedó callado cuando veo como me fulminan con la mirada.-Bien, solo cuídense.-digo resignado. -¡Eres el mejor hermano de todo el mundo!-me grita al tiempo que se lanza a mis brazos y por poco caemos, me río de sus tonterías. -¡Así me dijiste cuando te compre tu chocolate preferido!-le grita nuestro hermano con indignación, haciendo que ambos nos miremos y rompamos en carcajadas. Los dos son los mejores, y mis preferidos.-se retracta mientras se aleja de mi para acercarse a Donato y abrazarlo, este la mira con seriedad pero termina correspondiendo al abrazo. ***   No entiendo porque estoy tan asustado, parezco un adolescente en su primera cita, las manos me sudan y los latidos de mi corazón están acelerados. Acabo de llegar a la casa de los Lombardi, estoy ansioso por verla así que camino por toda la casa tratando de encontrarla, pero nada, solo algunas personas que me saludan.   Voy tan distraído que choco con alguien, y por instinto la agarro antes de que llegue al suelo, mis manos están en su cintura, y en cuanto nuestras miradas se encuentran el mundo se para, es ella, la hermosa rubia de ojos azules que me trae idiotizado.       -¿Estás bien, stellina? (Estrellita).-pregunto con voz suave y en consecuencia, cierra sus ojos, supongo que me ha reconocido, al tenerla tan cerca puedo sentir lo delgada que está, su cuerpo luce más en ese vestido de lo que lo hace en sus ropas holgadas, es tan pequeña que temo se rompa en cualquier momento. -Tú...si estoy bien.-dice nerviosa al tiempo que se separa de mi agarre para retroceder unos pasos. -Es un gusto volver a verte, pequeña Andrea.-digo en el mismo momento que le paso mí mano en forma de saludo, y la cual observa aturdida.- ¿Te acuerdas de mí?-pregunto sonriendo amigable, mis nervios están presentes, pero trato de ocultarlos. -Yo...si, el café.-habla apresuradamente, y me quiero golpear por asustarla. -Dante, Dante Ferrara.-me vuelvo a presentar como aquella mañana en la que me atreví a acercarme a ella. -Andrea, Andrea Lombardi.-saluda un poco más tranquila. -Lo recuerdo, no podría olvidar tu nombre ni aunque quisiera.-aseguro dándole una repasada a su figura, es tan bella, tan perfecta.  Algo me dice que estamos destinados a estar juntos. -Yo...-es interrumpida por una señora que reconozco como su madre, no sé porque pero no me da buena espina, siento que oculta algo. -Buenas noches, soy la mama de esta belleza, Lorenza Lombardi.-se presenta mientras presiona los hombros de Andrea, ella parece asustada ¿Que está pasando? -Buenas noches, señora... soy Dante Ferrara.-me presento con educación. -¿Se conocen?-pregunta con una sonrisa fingida. -Sí. -No.-decimos al mismo tiempo, ella se ha puesto pálida ¿Por qué ha negado que nos conocemos? -¿Sí o no?-pregunta divertida. -Bueno, nos conocemos hace unos minutos, ya que he tropezado con ella.-me apresuro a decir, lo que menos quiero es que tenga un problema por mi imprudencia. -Oh, claro, si nos disculpas debemos saludar a los demás invitados.-se disculpa. -No hay problema, fue un gusto conocerlas.-le digo me quedo ahí parado observando como ambas mujeres se pierden de mi vista.      La cena transcurre sin ningún inconveniente, he conocido al hermano de Andrea, y he podido verla un par de veces. Ni yo puedo creer que estoy en una cena de las que me aburre por una chica.   A media noche, me despido y salgo de la mansión, pero justo cuando estoy llegando a mi auto escucho su suave voz llamarme. -Dante, ¿Pue... puedes llevarme a alguna parte?-pregunta mientras mete sus manos en los bolsillos de su suéter, al parecer se ha cambiado, ¿Que si la puedo llevar a alguna parte? Yo la llevaría al fin del mundo si me pidiera. -Sí, solo dime a dónde.-digo después de haberme quedado mudo durante unos segundos. -Pues no importa el lugar solo deseo salir de aquí.-dice a lo que asiento al tiempo que le indico cuál es mi auto, y nos dirigimos a este. Cuando llegamos me acerco a la puerta del acompañante y le abro para ayudarla a subirse, ella me lo agradece con una sonrisa apenada... y eso solo me hace verla como la criatura más tierna que he visto.   Una vez, cierro su puerta suspiro sonriente para caminar hacia mi lado, en cuanto subo comienzo a manejar, y me siento feliz como hace tiempo no lo hacía... no dejaría escapar a Andrea, ella era mi felicidad, era la calma para mí tormento. Buenas tardes, espero que estén muy bien y que hayan disfrutado del capítulo. ¿Qué les parece la relación de los hermanos? ¿Quieren saber que les sucedió a sus padres? ¿Qué pasará en esta salida? Nos leemos el martes. Estefanía... Saludos ❤️
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