- Bella, Bella, Bella, Bella, Bella… -desperté cuando sentí que me picaban el ojo con un lapicero.
- ¿Mmm? -murmuré.
- Despierta, el profesor te está viendo -susurró Gastón.
- ¿Qué? ¿Eh? -me levanté exaltada y limpié la baba seca de mi mejilla, mientras lo hacía sentí un par de flashes. Parpadeé y vi a la mitad de la clase tomándome fotos-. ¿Qué están haciendo? -chillé.
- Señorita Mittlemark, ¿le importaría acompañarme a la dirección? -preguntó el profesor Quelemt (inglés).
- No, estoy de acuerdo -suspiré. Me paré de mi asiento y al instante me mareé-. Como puede ver, no me siento muy bien hoy -sonreí débilmente.
- Vamos -suspiró-. Gassel, ¿crees poder controlarlos? -una chica rubia sentada en el medio del salón negó asustada-. Excelente, regreso en cinco minutos -descansa en paz Gassel, Gassy para sus amigas.
En vez de ir a la dirección, el profesor me llevó a la enfermería (cosa que agradecí infinitamente) y le explicó a la enfermera que no estaba poniendo atención a clase, parecía muy cansada y me mareaba. Cuando se largó el metiche de Quelemt, la enfermera se me acercó.
- Será que… ¿Estás embarazada? -susurró.
- ¡No! ¡Yo no…!
- ¿Cuándo fue tu, ya sabes, tu última vez?
- Soy virgen -chillé-. Y estoy segura de que todos en la escuela lo son, menos Alanna, ella se acostó con su prometido -Bella, no es momento de desviar el tema.
- ¿Tiene prometido? -gritó.
- Auch -murmuré mientras masajeaba mis sienes.
- Lo siento… Bueno, ven siéntate -palmeó una camilla a su lado. Me acerqué y me subí-. Así que, el profesor dijo que te quedaste dormida en clase.
- He dormido muy bien, me he levantado a una buena hora y…
- ¿Segura?
- ¡Hip! Si -mierda, no, mi hipo.
Realmente he tenido noches difíciles cuidando a papá desde inicios de este curso. Usualmente se queda dormido con las primeras dos pastillas para dormir que le doy, pero estos días no puedo calmarlo a menos que me quede cuidando de él durante toda la noche. De no hacerlo, comienza a llorar como un gran bebé.
Y súmenle a eso que hoy recorrí todas las calles de Estrasburgo en busca del tonto pastel, del cual al final no obtuve ni una rebanada.
- De acuerdo, toma -me entregó un vaso con agua-. Para el hipo. Entonces, si has dormido bien y todo, tal vez… ¿Estás triste o deprimida, hermosa?
- No…
- A veces, los adolescentes con depresión se sienten demasiado cansados y se quedan dormidos. Es algo que sucede debido al…
- Me encuentro bien, no pasa nada fuera de lo normal -suspiré cansada de no conseguir una solución. ¡Quería dormir un rato!
- Vale. ¿Comiste bien?
- Ajá -tomé otro sorbo de agua y la tiré cuando mi ataque de hipo volvió. Changos.
- ¡Vaya! ¿Qué haremos? Mojaste tu ropa… -murmuró mientras veía mi blusa.
- Ay no…
- Bueno, puedo prestarte mi playera de repuesto -sonrió.
10 minutos después yo parecía una... dama no muy cubierta, porque esto seguro llamaría la atención de muchos caballeros y yo no quiero un sobrenombre feo, ¡solo por vestir algo como esto! La “playera” de la doctora era ajustada, arriba del ombligo y rojo fuerte.
- ¡Te ves hermosa! Aunque se ve algo holgada del busto… -murmuró.
- Yo diría que me veo como una dama de compañía -dije sin pensar.
Cuando me di cuenta de mis palabras, era demasiado tarde y me encontraba en la dirección. Que idiota y bocona soy.
- ¿Vas a decirme por qué le dijiste puta a la doctora Munch?
- ¿Ya vio la playera que traigo? -pregunté. Sacudí mi cabeza, cayendo en cuenta de mi error-. Quiero decir, no dije "puta". Sé que no fueron buenas palabras las que mencioné, y que es muy estereotipado señalar a alguien por su ropa -pasé una mano por mi cara. El dolor de cabeza estaba regresando-. Escuche, usted sabe como son los chicos aquí -suspiré. Al menos la doctora fue algo amable y me dejó continuar usándola, intenté animarme-. Solo no me siento cómoda.
- Se ve linda.
- Es apretada.
- Es la sexta ves que te envían a la dirección, o más.
- Lo siento.
- No te voy a suspender porque entiendo los problemas que tienes en casa y esa blusa atraerá muchos comentarios faltosos, tristemente. Pero -sonrió-, creo que puedes lidiar con ellos, ¿correcto, chica sonrisas? Eres fuerte - alzó ambos pulgares.
- Había dicho que era linda hace unos segundos -reí.
- No puedo mentir -suspiró-. ¿Qué hacías en la enfermería?
- Me siento mal -me quejé.
- ¿Comiste algo?
- Sí, ¡hip!
- Pequeña mentirosa -murmuró. El director era unos de los pocos que sabían sobre mis ataques de hipos-. Ten -me entregó dinero-, ve a la cafetería y cómprate algo para comer.
- Ay no, no voy a aceptar eso, no quiero ser su obra de caridad del día director.
- No eres mi obra de caridad, Bella, eres mi estudiante y por ende debo al menos cuidar de ti. Toma el billete y ve a comprar algo nutritivo.
- De acuerdo… ¡Pero se lo pagaré luego!
Ya llena y contenta después de haberme comido un buen almuerzo, tuve que obligarme a ir a clases.
- ¿Puedo pasar? -pregunté al profesor Grenedi, apodado el Conde Drácula por sus grandes entradas, cara pálida y mirada seria. Profesor de ortografía.
- Adelante -bufó. Entre al aula y traté de ignorar las miradas dirigidas a mi pobre ombligo. Cubrí mi estómago con mis brazos y me senté en mi lugar. Saqué mi libreta y lapiceros, suponiendo que mi mochila la había traído Gastón.
- De nada -murmuró una voz a mis espaldas. Giré mi cabeza y me encontré con Adam.
- Hey, ¿qué decías?
- De nada.
- ¿De qué o qué? -lo miré confundida. ¿Será por el pastel?
- Señorita Mittlemark, ¿llega tarde y se pone a platicar? -exclamó el profesor. Lo miré asustada y negué rápido.
- Lo lamento.
- Bien, continuemos.
A mitad de la clase decidí enviarle un papelito a Adam.
“A qué te referías con denada?”. El cual no tardó en responder en cuanto el profesor se dio la vuelta.
“De nada va separado, idiota. Ah, y se ponen ambos signos de interrogación. Por favor, estamos en clase de ortografía… Que ironía. Como sea, yo traje tu mochila”.
“Perdón señor perfección y grax”.
“Aprende a escribir es ‘gracias’… Quieres ser escritora y no sabes nada de ortografía básica, ¡ja!”.
“Esfúmate Adam”.
- Y si no les importa, yo me quedo con esto mientras ustedes van a la dirección -nos regañó el profesor, retirando el papel de manos de Adam. Bueno, pues que intolerantes son hoy en día los maestros.
En fin, me encontraba una vez más en dirección. ¿Saldré viva de la prepa? Lo dudo.
- Séptima vez, séptima vez… -exclamó el director mientras golpeaba su cabeza suavemente contra la pared, dándole dramatismo a su escena.
- Es mi primera vez en esta semana aquí -comentó Adam mientras se cruzaba de brazos.
- Lo sé Adam, me refiero a Bella.
- Lo siento -susurré.
- No pasó ni una hora Bella, ni una hora -gruñó el director.
- No soy muy buena evitando problemas.
- Me di cuenta -murmuró Adam.
Quiero aclararles, que mis visitas constantes a la dirección, al menos en un 70% son por cuestiones que no están tan, tan, tan en mis manos. Que si no puedo correr en los pasillos, que si cabeceé en clase, que si no supe contestar una pregunta por estar viendo por la ventana. ¡Solo me pasa y ya! Ah, que decepción debo ser a ojos de todos los directivos en esta escuela.
- P-Pero usted sabe que me va bien en la escuela -dije y en ese momento, ambos hombres se echaron a reír.
- Bella, de no ser por Arte tu estarías repitiendo el semestre -negó el director.
- No es cierto… -reclamé molesta.
- Seis, seis, cinco siete, tres, cero, cinco y nueve -recitó mis calificaciones el director-. En otros países ya estarías fuera de la escuela.
- ¿Cero? -preguntó Adam burlón.
- Las matemáticas no son lo mío, ya te lo dije…
- Oh cierto -intervino el director-, ¿te cambiaste recién a Humanidades y Sociales, verdad? -le preguntó a Adam.
- Sí, hoy, para ser exactos. El área anterior no me sentaba bien… -contestó sin importancia. Abulté mis labios ante el cambio tan repentino de tema. ¡Tal vez no me vaya tan bien en los exámenes, pero sé que he aprendido un poco de todas las clases!
- ¿Qué es lo que planeas estudiar en la universidad? -le preguntó el director.
- Pues… ¿Tiene ella que escuchar nuestra conversación? No creo que sea de su incumbencia mi futuro -dijo señalándome.
- Bella, hablaré con tu padre y tu tutor más tarde, puedes retirarte.
- Hm, bien -sonreí mientras me levantaba directo para ir a Arte. De todas formas, Adam había dicho que quería ser periodista.
¿Por qué me va bien en Arte? Pues no lo sé, sinceramente siempre me salto esta clase, no entrego trabajos o me quedo dormida supongo que es porque los exámenes son fáciles. Sin embargo, el resto de los maestros solían atascarnos con exámenes sorpresa, tareas extras, trabajos que valían más de la mitad de la calificación semestral. ¡Bien! No podían pedirme mucho.
Al finalizar las clases, Sikha me acompañó a mis asesorías de matemáticas.
- El director ha dicho que hablaría con mi padre, seguramente me suspenderán -suspiré agotada.
- Bella, si yo fuera tu, me empezaría a preocupar por mis calificaciones,. No ingresarás a la universidad.
- Hah, solo es un día. Es más, estoy segura que si mañana me presento con una torta, me dejará entrar.
- Seguro -contestó Sikha no muy convencida.
No es que no me preocupara la universidad, por supuesto que lo hacía. Quería tener una carrera con la cual poder compensarle a la señora Bonbonett por lo que ha hecho por nosotros, así como a la madre de Gastón. Sin embargo, dada la repentina situación de mi padre con insomnios y síntomas cambiantes, no podía evitar darle prioridad.
Llegamos al salón de matemáticas y antes de entrar me despedí de Sikha. Me senté en medio, saqué mis audífonos y los conecté a mi celular… Un bello Blackberry algo golpeado, pero es especial. ¡Tiene la firma de Ed Sheeran! Me lo gané en una rifa online, es asombroso, solo tuve que poner mis datos y ¡gané!
Una vieja canción sonaba en mi teléfono cuando el profesor entró al aula. Mr. Jeff (el profesor de matemáticas) me lanzó una mirada molesta y se acercó a mí.
- ¿Por qué no viniste a clase? -me reprochó. Me quité los audífonos y le sonreí.
- Tuve que salir de la escuela…
- No lleva ni un uno de calificación y ¡todavía se da el lujo de faltar a mi clase!, no pues así va a subir señorita Mittlemark -dijo con sarcasmo.
- Lo siento.
- Ponga atención a esta clase o va a reprobar.
- De acuerdo -asentí intentado despejar mi mente.
No habían pasado ni dos minutos desde que me regañó y ya tenía mis audífonos puestos a escondidas. Me estaba dando por vencida oficialmente, jamás podría entender nada de ecuaciones ni cálculo, ni nada.
Miré por la ventana y vi que estaba nublado, esperaba que no lloviera, porque siempre que lo hacía mi cama se mojaba porque hay una terrible gotera arriba de esta. Volví mi cabeza cuando escuché un fuerte golpe, el profesor me miraba con ira y por lo visto había golpeado el pizarrón con su mano. Reí nerviosa y me quité los audífonos.
- ¿Le importaría acompañarme a la dirección? -dijo tratando de no explotar contra mi.
- ¡No! ¡Si voy ahí otra vez, me suspenderán! ¡Señor Jeff, por favor no!
- No es mi problema.
Y de vuelta a la dirección. El director llamó a mi papá y mi tutora a cargo, la Señora Bonbonett, sin embargo ella esperó fuera del colegio a petición de mi padre. Ella es nuestra vecina. Debido a una estrecha relación con la madre de Gastón y mi padre, nos ha apoyado en todo el lado económico, incluso con medicamentos. Ella, tanto como si esposo, siempre han visto por nosotros. Papá la considera como su hermana, y yo como una tía así como una madre. Pues la mía...
- ¿Se saltó tres clases? -exclamó mi padre algo enojado. Sacudí mi cabeza saliendo de mi trance.
- Así es, y sus calificaciones están por el suelo -le dijo el director.
- Bella, tu tía no está pagando tus estudios para que tú solo vengas a jugar -exclamó papá.
- No juego, es solo que… ¡Los maestros son muy intolerantes conmigo! En verdad, lo lamento - contuve las lágrimas. Tenía mucho estrés acumulado. No me hacía falta que me restregaran en cara cosas que ya sabía. Necesitaba un tiempo fuera de la escuela, o de mi padre... Y como esta última no se podía, y la primera era mi única salvación...
- “Lo siento”, “lo lamento”. ¿Cuántas veces dirás eso Bella? -gritó. En los cortos 17 años que llevo viviendo, papá nunca me había alzado la voz-. La gente conforme va creciendo madura… ¿Qué pasa contigo? Solo creces.
- Papá…
- Sr. Mittlemark, le recomiendo que vaya a casa. Alexane se quedará conmigo a limpiar el colegio como castigo.
- Odio que me digan Alexane… -murmuré.
- ¡Entonces odias a una de las personas que ayudó a que vieras la luz del día! -me gritó papá.
- ¡Pues si! ¡Es su culpa que yo esté aquí! ¡Nunca le pedí nacer a nadie!
- Bella… -me advirtió el director. Este se aclaró la garganta y se dirigió a mi padre-. Señor, me encargaré de vigilar los estudios de Bella. Mientras organizo las planificaciones -me miró-, acomoda los pupitres de tu aula, y quita los chicles debajo de estos.
- Bien… Adiós papá.
- Señor director, ¿por qué esa horrible señorita me está despidiendo? -preguntó ignorándome.
- ¡No hagas como que no me conoces! ¡Soy tu espermatozoide ganador! ¡Y que maldita lástima, porque me parezco a ti! -grité mientras se alejaban en dirección a la señora Bonbonett, reprochándome con la mirada-. Bah, viejito pelado.
Me senté en los asientos de espera que se encontraban fuera de dirección. Hoy no había sido mi día. ¡He incluso ahora tenía que pasar mi tarde quitando chicles!
Me dolía a mares la cabeza, la presión de los futuros exámenes universitarios comenzaba a hacer presencia y yo ni siquiera tenía en concreto lo que haría de mi vida.
Si no me convierto en alguien, ¿cómo podré compensarle a mi padre, y a quien nos ha apoyado durante estos años?
- Nunca había presenciado una pelea así… -comentó alguien en la puerta. Alcé la cabeza y bufé cuando vi de quien se trataba.
- ¿Acaso hoy es el día de “Adam le habla a Bella y viceversa”?
- ¿Tú y tu padre se llevan mal? -preguntó sentándose sobre el escritorio del director.
- No, nos llevamos bien.
- Sí, seguro y por eso te dijo horrible.
- Solo lo dijo en broma.
- Ajá, yo también creo que eres horrible.
- Cállate, no pregunté -dije agresivamente. Agaché la mirada algo herida y sacudí mi cabeza. No debía dejarme llevar por un tonto comentario, papá siempre ha dicho eso.
- Increíble, te pierdes muy rápido en tus pensamientos -murmuró Adam-, y haces viscos cuando pasa eso.
- Cállate, Adam.
- Vale -exclamó mientras alzaba sus brazos-, me voy, tengo que ir a limpiar los salones.
- ¿Tú también?
- Sí, ¿acaso crees que no tendría un castigo por hablar en clase?
Fruncí el ceño extrañada. Me parecía una razón muy tonta para poner un castigo, pero viendo que me serviría de ayuda, ni siquiera pensé en discutir el tema. Me puse de pie y le sonreí.
- Entonces, vamos juntos, yo también debo arreglar los salones.
- Como digas.
Pasamos 3 horas acomodando las aulas, ¿por qué? Porque cada vez que yo acomodaba algo, para Adam estaba mal y lo volvía a mover. El director regresó y habló con Adam por un rato, después volvió a ayudarme a terminar de despegar los asquerosos chicles.
- Bella.
- ¿Sí...? -contesté concentrada tratando de despegar una goma de mascar verde.
- Te traje algo -murmuró Adam. Sonreí cuando el chicle cedió, y me incorporé para verlo. ¿Qué trajo ahora?
- ¿Qué es?
- Toma - me entregó una cajita pequeña.
- Adam, te acabo de conocer y yo creo que aún somos muy jóvenes.
- ¿De qué hablas? Es un agradecimiento por el pastel -rió burlón.
- Oh vaya, pues, ¿qué es? ¿un collar? -pregunté agitando la caja. Me miró mal y negó.
- No la agites.
- Vale -la abrí y oh genial, voy a morir. Aventé la caja con fuerza y me trepé al escritorio gritando como una loca-. ¡Una jodida rana Adam! ¡Aléjala de mí!
- Lo siento -carcajeó-. Tenía que hacerlo Bella.
La rana brincó sobre la pared cerca del pizarrón, haciéndome bajar del escritorio para correr detrás de Adam. Todo el tiempo sin apartar la vista del animal, pues, ¿qué tal que se movía mientras yo no miraba? ¿Qué tal que brincaba sobre mi y yo ni en cuenta?
- ¡Odio las ranas!
- Lo supuse. Quiero decir, en tu casillero pusiste una nota que decía: “Si quieres meter algo en mi casillero, que no sean ranas”.
- Ugh…
Escena extra:
- Adam, ¿puedes venir unos segundos? Debo hablar contigo -le pidió el director al chico, interrumpiendo su discusión con Bella sobre no saber acomodar las bancas. Honestamente era divertirlo molestarla.
- Seguro -asintió Adam. Salió del salón y cerró la puerta para que Bella no escuchara-. ¿Qué sucede?
- ¿Qué haces aquí? Las clases finalizaron hace rato, y no recuerdo pedirte que ayudaras a Bella.
- Creí que, bueno, supuse que usted quería ponerme un castigo, así que estaba limpiando los salones junto con Mittlemark.
- No es necesario, pero gracias -dijo el director. Se quedó mirando a Adam unos segundos y se retiró.
Adam suspiró y se recargó en la pared. Sacó una cajita pequeña de tela y la acarició. La abrió con cuidado y sacó el collar que había en esta. Sonrió al ver que era estúpido darle algo así a alguien tan idiota como ella. No era un collar tan bonito, de hecho lo había comprado en una tienda de artesanías que estaba junto a la escuela.
Quería devolverle el favor del pastel a Bella, de esta forma, después ella no le exigiría nada a cambio de ese pastel. Claro, esto en caso de que fuese así de malvada y su corazón amable fuese una fachada.
Adam no podía tomar el riesgo.
Estaba por meter el collar a la caja de nuevo cuando vio una pequeña rana pasar frente a él. No lo dudó dos veces antes de tomar al animal, meterlo en la caja y tirar el collar a la basura. Finalmente volvió con Bella dispuesto a mostrarle su agradecimiento por el pastel.
Pero afuera había quedado sólo y tirado el hermoso collar con una rosa encerrada en un cristal.