Emanuel se ofreció a acompañarla a la casa
—no te voy a dejar sola Merlía, por favor, eso ni me lo pidas, es más, ya estoy llamando a Víctor para que nos alcance allá.
Merlía se sentó en el asiento trasero del auto, y no dijo ni una sola palabra, se dirigieron a la casa en el Mercedes Benz que ahora de su propiedad.
Llegaron a aquella casa, grande y solitaria, ya Benjamín se había encargado de orden y la limpieza del lugar, la mansión había quedado implacable, Merlía le agradecío a Benjamín todo lo que estaba haciendo por ellos aunque ya ese no era su trabajo
—Gracias Benjamín, el espacio quedó Perfecto, le dijo Merlía al salir del auto, observando el panorama alrededor, —no debiste molestarte
—no es nada señorita, le digo la verdad, no tengo mucho para hacer sin este trabajo, es lo que he hecho toda mí vida, un mayordomo
—y qué buen trabajo haces, le contestó Merlía, —para mí, quiero que sepa que se ha convertido en un gran amigo, es como un tío para mí,
—venga para acá mí niña, le dijo Benjamín y la abrazó.
Se dirigieron adentro de la casa, Emanuel se quedó en el pasillo de la entrada hablando al teléfono con Víctor
Merlia le pidió a Benjamín que se quedara un momento en la casa, mientras ella subía su equipaje a su habitación.
—no, señorita, de ninguna manera voy a dejar que usted cargue con eso, présteme para acá, le dijo el, sacándole la maleta de las manos y la subió a la habitación
—me quedaré en la cocina preparando café, te, lo que quiera, le avisó Merlía,
—yo tomaré lo que usted haga, le dijo el por mí, no se haga problemas,
—bueno, entonces colaré un buen café, le dijo ella, yo lo necesito, acá lo espero, tengo que comunicarle algo, ah, espere, lo detuvo Merlía antes de que el subiera las escaleras
—tengo que sacar de mí valija un paquete de café Santo Domingo que me dio mí mamá,
—ah, cómo la consiente su vieja
—usted sabe cómo son, y menos mal que me lo traje, yo no quería, pero ella me arregló la maleta, mire como lo voy a usar ahora, ah, mí madre es única.
Benjamín subió a dejar el equipaje de Merlia, mientras ella buscaba en la cocina la cafetera para preparar su café.
—uy, que rico huele esto, dijo Benjamín al llegar a la cocina, el olor del café, se había desparramado por casi toda la casa
—no solo huele, sabe delicioso, tenga, Merlía le pasó una taza de café Y se sentaron en el comedor de la cocina.
Mientras Merlía disfrutaba su taza de café en compañía de Benjamín se les apareció Emanuel acompañado de Víctor
—oh, Víctor querido, le dijo Merlía al verlo, que bueno verte
—hola Merli, le saludó Víctor con un beso, —uy, quiero café
—yo también dijo Emanuel,
—claro, hay suficiente para todos, le dijo Merlía y se levantó a servirles
—mm, no hay nada más rico que una taza de café Santo Domingo, dijo Emanuel, dándose un sorbo de la bebida
—En eso tienes razón querido amigo, y como me ayuda a aliviar las penas.
—Merli, tengo que contarte lo que me dijo el doctor hoy antes de salir, dijo Emanuel
—si, lo sé, pero déjame arreglar algunas cosas con Benjamín, y luego hablamos
Merlía le pidió a Benjamín que la acompañara hasta la terraza
—Benjamin, quiero que sepa que yo necesito su ayuda ahora más que nunca, mientras tanto vemos cómo surgen las cosas con Carlos, yo debo seguir manteniendo todo esto a flote, pero no puedo sola, le dijo Merlía a Benjamín abriéndole su corazón.
—ya le dije señorita, que usted puede contar conmigo, lo que necesite, si le puedo servir, acá estoy
—no tengo problema en contratarlo otra vez como mayordomo, pero lo necesito como mí mano derecha en esta casa, miré todo esto, le dijo Merlía señalando alrededor,
—como cree que puedo hacer que funcione sin usted
Benjamín se sonrió,
—siéntese, señorita, relájese, ya dígame, qué necesita, le dijo el
—Perdoné, ya sé que estoy alterada, pero no sé porqué siento que esto es el principio
—creo que el café no le ayuda, necesita más bien una valeriana, o manzanilla, dijo Benjamín
—déjeme que mañana me encargo
—mañana debo volver a la oficina, le avisó Merlía, y ya tenía programado una visita al hotel de Boston, aunque creo que lo tendré que posponer, porque debo volver al hospital
Mientras Merlía y Benjamín hablaban afuera, Emanuel se acercó para pasarle el celular que sonaba insistentemente
—perdon Merli, creo que es tu mamá
—ay, si, pobre, debe estar preocupada, es que prometí llamarla al llegar, y no hice tiempo, bueno, luego la llamo.
Emanuel se retiró y dejó solo a Benjamín y Merlía
—Bueno, Benjamín, le dijo Merlía, necesito que usted se encargue de contratar a una o dos personas para que la limpieza de la casa.
—bien señorita, dijo Benjamín, mientras tomaba nota en su celular
—ah, como el chófer renunció, le recalcó Merlía, necesitamos poner un anuncio, en el diario, no se, donde sea, pero me urge un chófer, uno con experiencia, no sé andar mucho estas calles, yo no me animo a conducir.
—Si, cómo ordene Jefa,
—no, no, nada de formalidades por favor Benjamín, acá, yo no soy su jefa, usted es mí mano derecha, y desde hoy, le subiré el sueldo, pero por favor, lo necesito conmigo.
—No hace falta señorita, con lo que ganaba, es más que suficientemente para mi
—bueno, eso lo charlamos luego, le dijo Merlía, no quiero sacarte más tiempo, gracias por todo su apoyo, te quedas a dormir?
—no, es temprano todavía, me voy a la mí casa, debo arreglar unos asuntos, pero mañana temprano, estaré por acá
—ah, señorita, una última cosa
—Si, dígame Benjamín
—es que mañana debo ir a recoger a un pariente al aeropuerto, puedo venir después de pasar por el
_—si, claro, no me moveré de acá hasta no tener noticias del doctor, mientras tanto, estaré trabajando desde el teléfono.
—Gracias señorita, hasta mañana
Benjamín se despidió de todos se fue.
Aquel mayordomo estaba feliz de volver a su vida de antes, aunque no tenía porqué hacerlo, el penthouse que le había heredado Margarita, el estaba por venderlo, era un espacio demasiado grande para el, se había acostumbrado a estar mucho tiempo solo, mendigando el amor de una mujer, que murió, sin poder darle un hijo, era feliz con su vida.
El trabajar al lado de Margarita, lo había hecho un hombre feliz, y todo el dinero que ganaba, lo había ahorrado, y ayudaba a la única hermana que tenía que había quedado soltera en Santo Domingo, a costear los estudios de su hijo.
Eran los únicos parientes cercanos que tenía.
Esa noche, a la salida de Benjamín, Emanuel le comunicó a Merlía lo último que le había dicho el doctor acerca del estado de Carlos
—amnesia parcial, dijo Merlía mientras conversaba con Emanuel y Víctor
— Es un tipo de amnesia selectiva, según lo que me comentó el doctor, y de acuerdo a lo que estuvimos leyendo Víctor y yo, es cuando olvidas solamente alguno de los eventos, durante un cierto periodo
— Si, preguntó ella, —esto cuánto puede tardar
— No sé sabe dijo Víctor
— Eso es lo que mañana nos dirá el doctor, confirmó Emanuel
— Pero tranquila, preciosa, dijo Víctor, confiemos en que todo se solucionará
— Es que fue tan feo, sentir que me rechazaba, dijo Merlía quién se movió de la mesa y salió a la terraza, ellos salieron tras ella.
—pero el no te rechazó porque quiso amiga, o lo que haya sido, le dijo Ema, — el no te recuerda, y puede que a mí tampoco, no sé, mañana haremos la prueba.
Merlía caminó hasta la entrada de la casa, se quedó en silencio
—ya lo sé Ema, pero, son esas cosas de las que uno no espera qué sucedan, en un momento tenía un novio, nos compretimos, se accidentó y hoy no me conoce.
Merlía estaba preocupada por el nuevo estado de salud que había presentado Carlos, le comunicó a Emanuel que no sabía cómo seguir con todo eso, pero que no se iba a rendir, que si era preciso, buscaría otras opiniones médicas.
Mientras Merlía les agradecía a Emanuel y a Víctor la compañía de aquella noche, Emanuel se levantó de la silla
—ah, ya se, dijo Emanuel
—Que, y donde vas Ema, preguntó Ella
—voy a traer mí computadora que dejé en mí maletín, tengo que mostrarte algo
Emanuel se dirigió a la casa, tomó su viejo maletín n***o del que no se despegaba, se paró en la puerta de la terraza y dijo señalando su maletín
—saben qué, aquí adentro tengo toda mí vida, espero no tener que perderlo nunca
—Bueno dale Ema, que me tienes que mostrar, le insistió Merlía
—ya va, le dijo Emnauel mientras buscaba concentrado en su computadora
—aquí lo tengo, dijo el mostrando una foto con una dirección en la pantalla
—Quien es, eso preguntó ella
—Este amiga mía, es uno de los mejores neurólogo que tiene, New York
—Jonh Cash, leyó Merlía
—y de dónde lo conoces, preguntó ella
—Cuéntale tu Víctor, le sugirió Emanuel
—nosotros lo entrevistamos para una de nuestras historias, dijo Víctor
—Este hombre, señaló Emanuel poniéndose de pié ante Merlía, —atendió uno de los caso más raros en la neurociencia,
—Enserio, cuál, preguntó Merlía, desconociendo el tema
—El de la mujer francesa que duró, 20 años en coma, y todos decían que no volvería a hablar o caminar, y este hombre lo hizo posible
—Es que eso es imposible le dijo ella
—es verdad Merli, aseguró Victor, nosotros lo entrevistamos, el caso salió en el New York times y en otros medios importantes
Emanuel buscó rápidamente en la computadora, quería mostrarte a Merlía los registros que avalaban esa historia
—lo ves, dijo él exaltado, —si deseas una segunda opinión médica sobre Carlos, este es el hombre.
Merlía sonrió, se aproximó hasta sus amigos entusiasmada y los abrazó, les dijo
—ay amigos, ustedes son de fierro, gracias por acompañarme en este momento tan difícil
Merlía sentía que corría con la mejor de las dichas, sus amigos, eso que se jugaban todo por ella
—ah, pero esperen, irrumpió ella el abrazo grupal
—probablemente, ese podría ser la persona indicada para atender a Carlos, y por el dinero no me preocupo, pero, si es como ustedes dicen, debe tener una agenda llena todo el año
—eso déjamelo a mí, dijo Víctor, en un tono de seguridad
Merlía lo miró con sus ojos bien abiertos, queriendo conocer a detalle que era lo que unía a Víctor a ese famoso doctor
— A ver cuenta, cuál es tu historia, ya sé, tu cara lo dice todo, estás con su hija, le preguntó Merlía.
— Mmm, se podría decir contestó el, pero, esa es otra historia
— Ay, picarón, le contestó ella.
La noche estaba propicia para quedarse afuera bajo la luz de la bella luna y las brillantes estrellas, Merlía amaba ese panorama.
—miren el cielo chicos, señaló ella, no está hermosa esta noche
—si, y bastante fresca contestó Víctor
—yo siento que las estrellas nos miran, afirmó Merlía, melancólica
—ah, estás cómo Teresa le dijo Emanuel, si estuviera acá te diría, que el cosmo, los astros, se han unido para visitarnos, y todos esos asuntos en los que ella cree.
—ah jaja, se rió Víctor
—ella es un mundo aparte, pero así la amo, aseguró Emanuel
—lo mejor de todo es que vendrá para estás vacaciones
—mm, y algo más, dijo Emanuel
—Que quieres decir, preguntó Merlía
—te cuento en otro momento
—ah, hoy ha sido el día de los secretos, muy bien, dijo Merlía y se paró de la silla y se fue a dentro de la casa.
Emanuel y Victor se quedaron a dormir en la casa esa noche, había espacio de sobra y Merlía se sentía más segura.
Al día siguiente les esperaba una nueva jornada, Merlía se despidió de ellos esa noche y se fue a su habitación, desde la puerta miró a dentro de ella, las cosas de Carlos que adornaban el lugar.
Aunque Benjamín había mandado a ordenar la casa, ella le pidió que la habitación con las cosas de Carlos se mantuviera intacta y así lo hicieron.
Los converse azules con n***o que tanto les gustaban usar a Carlos, estaban debajo de la cama, y sobre la cama, una camisa negra que el usaba debajo de su traje azul.
Merlía se tiró sobre ella, percibiendo todavía su perfume, cerró sus ojos para recordar todos los momentos agradables que vivió junto a su amor, abrió sus ojos y miró su anillo de compromiso en su dedo, y dijo en voz alta
—siempre tuyo siempre mía
En eso el teléfono sonó, era su madre otra vez que la llamaba, tomó el teléfono
—mamá, llegué bien, perdón por no avisarles, ha sido un día agotador, si, te contaré todo.