Capítulo 38

1623 Palabras

Traté de safarme y removerme de esta particular posición pero terminé peor de lo que ya estaba. Ahora mis piernas se encontraban a ambos lados de su cadera lo cual resultó ser lo peor que podía pasar en ese momento... Sí, adivinen quien le acaba de ocasionar una erección gracias a que se estaba moviendo hace un instante como babosa con sal. El bulto en sus pantalones era hasta cierto punto tan grande, que con un movimiento suave de su pelvis contra la delicada zona de mi entrepierna, me hizo mojarme por completo soltando un leve gemido. «Pareces perra en celo, calmate Somer». Mi respiración se estaba volviendo agitada, y mi cara ardía de sobre manera por su repentino roce. La proximidad que tenía con su cuerpo era muy poca. Ahora que lo tenía tan cerca podía detallar sus largas pestañ

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