Capítulo 6 -Todo cambia en segundos 

2131 Palabras
Capítulo 6 -Todo cambia en segundos (Sebastián Cooper ) Estoy cansado de callarme esto, no tolero seguir siendo su amigo. Camila siempre me ha dejado claro en los semestres que tiene otros planes y que no quiere saber nada del amor, pero... Mis labios se encuentran humedeciendo los suyos, mi mano está en su nuca, mientras que la otra delicadamente roza su mejilla, pareciera que este beso lo hubiera esperado por tanto y por mucho tiempo. Su mano recorre mi pecho, bajando lentamente a mi abdomen y... (Flashback) Sus padres siguen en la planta baja de la casa, Cami me ha mostrado donde queda mi habitación, estamos en el primer piso; parece que se le ha quitado el sueño, ya nos hemos cambiado de ropa antes, independientemente. La puerta del cuarto de huéspedes está abierta, ella está de pie cerca de la salida, cruzada de brazos. La percibo inquieta. —¿Te sientes bien, te duele la cabeza? —cuestiono preocupado, estoy sentado en el borde de la cama. Cargo puesta ropa del padre de Cami, una camiseta blanca y un calentador plomo que me queda un poco holgado. Mi ropa está en la secadora. —Todo bien Sebas, pero ¿te puedo preguntar algo? —asiento, entonces procede a cerrar la puerta de la habitación, su mirada es contenida y fija cuando voltea en mi dirección. Espera! cerró la habitación—, Me digo mentalmente. Mis pupilas se dilatan al verla aproximarse con ropa de dormir, tiene una pijama a la rodilla, de tiras color negra, una bufanda roja le rodea los hombros. Las luces de la habitación son tenues. —¿Por qué no me dejaste aclarar el falso noviazgo que teníamos frente al médico y las autoridades? Me toma por sorpresa esa pregunta, con una mano llevo mi cabello hacia atrás como quien busca una respuesta rapidamente, aclaro mi garganta, y me bajo del mar emociones en el que estaba delirando por un momento. —Emmm pues, estabas delicada de salud y tratar de dar explicaciones a la gente en ese momento, no sé, no lo veía prudente. Quise ayudarte bueno aunque como amigos igual lo hubiera hecho—. Bien Sebas, la estas regando más, en toda tu vida es la explicación mas estúpida que se te hubiera podido ocurrir, siento una gota de sudor recorriendo mi frente, mi máscara de superhéroe a veces no me queda. Finjo una sonrisa, con ella no puedo ser como quisiera. ¡Qué me pasa! —Mmm, solo quiero aclarar que tú y yo... —coloca una mano en su cintura y la otra la expone con reclamo. —No tienes por qué recordármelo, ya lo sé. —interrumpo con algo de monotonía en mi voz. —ella no se lo espera, su rostro se tensa y se voltea a la puerta. Si no lo hago ahora, me arrepentiré. Me levanto enseguida y la alcanzo del brazo sin lastimarla. —¿A qué le huyes? —la interrogo, no sé de dónde ha salido tanto valor para hacerle esta pregunta. Su mirada es quieta, su respiración es profunda. —No sé de qué hablas Cooper, suéltame. —ella trata de zafarse pero no lo logra. —Lo sabes, claro que lo sabes, no entiendo ¿por qué te niegas a esto? —¡Tengo otras prioridades, ya lo hemos hablado! —espeta. —Entonces sí sabes de lo que te hablo. —No suelta ni un respiro al verse descubierta. —No siempre lo que dices es lo que sientes. —Cooper, yo... —coloco lentamente mi dedo índice sobre sus labios al verla dudar, sus palabras se desvanecen de a poco, empiezo a creer que el plan de traerla a casa se salió de control, qué me costaba llamar a mi chofer y fin, pero no, quería aclararme esto con Cami. ¡Ay Sebas! Un silencio nos invade, ella me mira, sus pupilas se dilatan, nuestras respiraciones se escuchan, el latir de nuestros corazones replica que estamos solos en una habitación. —Sebastián, tú sabes que... —sus ojos azules me hipnotizan, pero despabila el momento negando con la cabeza, —No Sebas, no... —Trata de soltarse, empuja sus brazos sobre mí pero la tomo por la cintura logrando interrumpirla con un beso, de a poco empieza a ceder y corresponde a mis labios. (Fin del flashback) Su mano dobla el filo de mi camiseta con deseo, descubro su hombro retirando la bufanda lentamente, pero empieza a vibrar mi móvil, no le presto atención, pero ella aprovecha la situación para reaccionar y me empuja desencajándome de mi lugar. —Sebastián, no lo hagas más difícil, ve y contesta. —voltea en dirección a la puerta cruzada de brazos. El maldito teléfono sigue vibrando, decido tomar la inoportuna llamada. Arreglo mi camiseta, acomodo el tiro de mi pantalón discretamente, suelto un respiro de fatiga. —Hola. —respondo con seriedad. —¡Sí soy yo, dime Christian! —me tenso al escuchar la voz de mi hermano mayor al otro lado de la llamada. —¿Qué? ¿Qué les sucedió? —llevo una mano a mi nuca con angustia, veo que Camila se voltea a mí al escuchar mi jadeo de preocupación. —¡No puede ser! Envíame la ubicación para cuando este allá, salgo pronto. Una lágrima se escapa de mí, saco los lentes del bolsillo del calentador y me los pongo, trato de que ella no me vea así, pero se me corta la voz doy media vuelta,—entrecierro mis ojos, siento a Camila aproximarse. —¡Gracias por avisarme tarde, idiota! —ella coloca su mano sobre mi hombro, sutilmente. —Cuelgo. —¿Sebas qué pasó? —trago saliva, intento respirar, pero no puedo contenerme. Tiro de su mano que posa sobre mi hombro, y la abrazo, el llanto me convulsiona. —¡Sebas, qué sucede! —ella corresponde mi abrazo. —Estoy aquí. —lo repite con una voz angelical que me devuelve el aire. —Acaban de avisarme que, mis padres... —me llevo una mano a la boca y niego. —¡Tus padres qué Sebas! —se suelta del abrazo y me mira conmovida. —Tuvieron un accidente ayer, y el invécil de mi hermano recién me avisa. —lo último lo espeto con ira, las lágrimas van desapareciendo, mi puño se cierra con fuerza. —Pero ¿ellos cómo están? —Camila..., mi madre está en sala de emergencia, temen lo peor y mi padre... no sobrevivió. —se me corta la voz. Ella abre sus ojos sorprendida, su mirada se cristaliza, intenta abrazarme. —Lo siento tanto Sebas. De pronto tocan la puerta de la habitación, Camila se paraliza, abre sus ojos con asombro, y me hace señas de que pueden ser sus padres, musita en bajito que, su familia la cuida demasiado principalmente su padre. Se esconde en el baño de mi habitación rápidamente. Me dirijo hacia la puerta. Se supone que somos adultos, qué tiene de malo que estemos aquí, seco rápidamente mi rostro, para evitar preguntas incómodas sobre mi estado de ánimo con respecto a la noticia que acabo de recibir. Abro la puerta. —Sr.Almeida. —finjo serenidad, su rostro es de pocos amigos. —¡Mi hija no esta en su habitación, quería saber si la has visto muchacho! —lo dice escrutando con su mirada la habitación, como si la tuviera detrás de mí. —¡No la he visto señor! ¿la buscó en la cocina? —Fui y no estaba allí. —Arquea su ceja, su voz es algo condenatoria, —no me cree eso es obvio—, no parece el mismo señor que me saludó hace unas horas, al rato se retira por el pasillo, y yo cierro la puerta inmediatamente. Camila sale angustiada del baño al escuchar el clic del seguro en la puerta. —¿Qué pasó? ¿Qué te dijo? —interroga, yo trato de asimilar lo sucedido. —Te esta buscando Camila, debes irte... —me interrumpe con un beso, de esos mágicos que no logras definir con ciencias ni psicología, ni filosofía. —Buenas noches Sebas, mañana tenemos que hablar. —susurra, me quedo perdido en sus labios, ella se suelta y se retira a su habitación antes de que su padre la encuentre por aquí. Me sorprendió su actitud, ¡Ay, quién entiende a las mujeres! *** Ha dejado de llover, —Perdóname Camila, hoy no era el momento, nuestro momento. —me digo viendo su casa desde afuera, con la esperanza de que todo esto sea una maldita pesadilla, pero no es así, cierro la puerta principal ajustando el picaporte con cuidado. Respiro hondo, y me trago el dolor al recordar la mala noticia que Christian me dio de mi padre, hago una llamada inmediata fuera de la casa de Camila. Siento un nudo en mi garganta y trato de sobreponerme enseguida, debo ayudar a mi mamá, en eso me concentro. —Hola Alfred, alguien irá por mi auto a la facultad en tu turno de guardia, por favor déjalo pasar al parking. Te agradezco. —cuelgo y hago otra llamada... Minutos después. —¡Aquí está bien, gracias! —digo al uber que me trajo a casa mientras le pago, bajo del auto y me dirijo a mi departamento, apresuradamente, éste se marcha. Ya es de madrugada. Entro y preparo mis maletas, lanzo algunas camisas a la cama... a los minutos suena el móvil, presiono el botón verde para contestar, tomo mi abrigo y me asomo por la ventana, es Frederick, mi chofer personal, viene con mi auto, hago señas de que me espere parqueado fuera de casa. Tomo mis llaves, y lo necesario para el viaje a casa de mis padres en Canadá, bajo las escaleras, abro la puerta y mi chofer está en la entrada, esperándome. —Hola Frederick. —extiendo mi mano, él corresponde. —Joven mis más sinceras condolencias, —se retira su boina y se la pone sobre su pecho en símbolo de pesar, asintiendo con su rostro. —Gracias amigo. —él me conoce desde que estaba en el vientre de mi madre, es parte de la familia, al parecer mi hermano le ha comentado la trágica noticia. —Espero su mamá se recupere pronto. —lo dice mientras se coloca su boina de nuevo. —¿Así será Frederick, estamos listos? —llevo en mi brazo mi sueter doblado, las maletas a un costado. —Si joven, ud me dirá. —Entonces vámonos, no hay tiempo que perder—, cargo mi equipaje, él me abre la cajuela, y yo lanzo mis maletas al interior del auto. Frederick conduce. Nos dirigimos al aeropuerto, estoy en el asiento de atrás, repaso todo lo que ha sucedido hoy, no logro concentrarme, una lágrima se me escapa al recordar que, no me pude despedir de mi padre, nuestra relación nunca fue la mejor, pero lo amaba mucho, aunque él prefiriera a mi hermano mayor, eran casi idénticos en preferencias laborales, siempre quiso que yo estudie comercio exterior para dirigir su compañía pero no coincidíamos en eso, vivía comparándome toda su vida. Que Cristhian esto, que Christian aquello... Mi vocación estaba en la psicología, me lo prometí desde que tenía 13 años y eso no iba a cambiar. Y mucho menos para hacer realidad sus sueños frustrando los míos. No, a cuesta de ellos. Mi mandíbula se tensa, en fin, me lleno de valor, trato de traer a mi memoria los buenos momentos con él, cuando nos enseñaba a montar a caballo en los campos del abuelo Cooper cuando Cris y yo éramos pequeños mientras mi madre nos preparaba deliciosos postres. Otra lágrima resbala por mi rostro, busco mi pañuelo pero no lo encuentro, con una mano borro el dolor de esta lagrima que se secó en el intento de querer ser libre. —Si algo he aprendido en esta vida es que no hay que reprimirse los sentimientos hacia nuestros seres queridos joven, es inevitable no sentir, pero su mamá lo necesita. —interrumpe Frederick mirándome compasivamente por el retrovisor. —Asiento despacio con algo de resignación. Una hora después. —Gracias Frederick, —tomo mi equipaje. —Joven Sebastián que tenga buen viaje. —hace un gesto de despedida de sargento. —Muchísimas gracias amigo, por favor encárgate de todo, de la casa, mi auto y lo demás, estaré en contacto contigo, no se cuánto tiempo estaré allá, recuerda lo que conversamos. —No se preocupe joven, como usted diga, —me acerco y lo abrazo, como a un padre. Él tiene sesenta años, es amigo de la familia, y de confianza. —Adiós Frederick, —le entrego las llaves. —Adiós joven Sebastián.
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