CAPITULO 5: Recuerdos que atormentan (parte 1)

2108 Palabras
VITO VANNICELLI Salma me mira con furia en los ojos. Y sí, soy un maldito depravado porque comienzo a tener una erección monumental. Tampoco soy ciego, se perfectamente lo atractiva que es, pero sin duda el hecho de que se enoje me gusta más. —No repitas eso, jamás —Dice levantando su dedo, claramente molesta, acercándose a mi. —¿Qué? ¿Preciosa? —La veo abrir los ojos un segundo en reconocimiento al “preciosa” —¿Te molesta que sepan lo rico que la pasamos en Italia? —Eres un idiota, Vito... Yo hice mi vida, ahora déjame en paz... —Princesa, no fui yo quien te siguió... Fuiste tu quien salió a buscarme... —Le digo burlándome, pero dejándole claro que yo no la estoy buscando. —No, tienes razón... pero quería aclarar que te alejes de mi, y de Ademir... Él es un buen hombre, Vito... No sé que pretendes, pero... —¿Pero que Salma? —Le pregunto, comenzando a molestarme de verdad, sé que mi cara se ha puesto demasiado seria, y por el ligero reconocimiento de Salma, puedo notar que esto le desagrada —Sé lo que eres, Vito... —¿Y qué soy? —Le pregunto con el mismo tono en el que ella me esta juzgando con su voz y su mirada. Salma, mira al rededor, y baja el tono varios decibeles. —Eres un mafioso... un asesino... —Sonrío de medio lado con maldad, lo sé, me conozco, esa mirada que los Vannicelli tenemos cuando queremos ser crueles. —Es curioso... de ser cierto, lo que dices... Estarías muerta, preciosa... —La veo apretar la mandíbula —Vito... no juegues conmigo... —No, Salma, escúchame bien... Tu te fuiste, y respeté eso, incluso convencí a Santino de no eliminarte —Le digo con la mirada fija en sus preciosos ojos cafés, mis manos en los bolsillos del pantalón, apretando las uñas contra las palmas, porque odio lo que diré — Pero no confundas las cosas... Si quieres que tu amado Ademir no sepa que follamos, bien, por mi no lo sabrá... pero no me digas con quien puedo o no, hablar, o hacer negocios, con quien hablar o a quien dejar en paz... La veo pasar saliva, pero sus ojos se llenan de decisión, tal vez no por Ademir, pero sin duda hay algo de odio hacía mi en su mirada, y lo entiendo. Yo no quise dejar mi vida delictiva por ella. —Pero Ademir puede enterarse de quién eres... ¿No lo crees? —Su voz es una completa amenaza, incluso su mirada es desafiante, así que tomo medidas drásticas. Saco mi mano del bolsillo izquierdo, con una velocidad que sorprendería a cualquiera, y la dirijo a su cuello, haciéndola girar levemente para pegarla, no con fuerza, pero si con firmeza, contra la pared, lejos de las 5 cámaras que ya vi, desde el momento en que salí al jardín y que he monitoreado desde ese entonces. —Escúchame bien, Salmita —Le digo con ironía — Mi hermano te perdonó la vida una vez, porque alguna vez te amé... Pero si te atreves a interponerte en mi camino, no será Santino el que te liquide... ¿Te queda claro? La veo pasar saliva con miedo, sus ojos reflejan el miedo que siente, y por mucho que mi rostro no lo muestra, por dentro me parte ver ese miedo en sus ojos. Porque hace 3 años me prometí que Salma jamás vería esta parte de mi. —Suéltame —Me ordena en un hilo de voz —Te pregunte ¿Te queda claro? —Le digo apretándole un poco más el cuello. Lo suficientemente firme, para provocar la reacción que quiero, pero no lo suficiente para dejar marcas. —Si —Su rostro refleja el miedo, pero su voz es firme, incluso con odio —¿Si qué? —Si, me queda claro —Dice. Sonrío de medio lado. Y al ver esa ligera arruga de enojo en su ceño, me hace sonreír de forma genuina, que mi rostro se suavice, aflojo el agarre de su cuello, y lo acaricio pero sin soltarla del todo. Y de pronto todo mi cuerpo es consciente de su tacto, del pulso acelerado de Salma bajo mi mano. Su calor, su suavidad, y toda ella. Soy consciente que mi cuerpo tiene excitado toda la maldita conversación, como si no se hubiera ido de mi vida, como si estos 3 años no hubieran pasado. Nos miramos a los ojos con intensidad, con una corriente eléctrica formándose alrededor de nosotros Mi dedo sube a sus labios, carnosos, y tan apeteciblemente suaves, un suspiro entrecortado sale de su boca, y sé que de la mía sale un ligero gruñido. No me resisto mas, acorto la distancia entre sus labios y los míos. Salma no es una mujer baja, pero si lo es a lado de mi, así que tengo que inclinarme algo. Sus labios me responden, mi mano se va a ese punto entre su mejilla y su nuca, sin que le pida el acceso a su boca me lo otorga. Y ese viejo sabor, tan conocido y que me hace notar que lo estado buscando en otras bocas, pero claramente sin éxito. Hasta que siento esa pequeña presión en el labio inferior, fuerte, ese desgarre de la piel. —Mierda —Le digo molesto dando un paso atrás, tomando mi labio con la lengua y sintiendo el sabor metalido de mi propia sangre, llevo mi mano para comprobar lo que el sabor ya me dice —Me mordiste, carajo Ella se acerca furiosa, y me suelta una cachetada con furia. —Jamás vuelvas a hacer eso... —La miro con furia fingida, pero por dentro quiero sonreír. —Lo que ordenes... loca —Le respondo pasando a un lado de ella para ir a donde esta Maicon, que por desgracia esta con Ademir, y yo con el puto labio sangrando e hinchado, por que su prometida es una maldita salvaje cuando quiere serlo... FLASHBACK HACE TRES AÑOS —Vito, tienes que hacer tu terapia física —Me dice salma tocándome el hombro. Yo estoy de lo mas molesto, no quiero hacer terapía, ¿Para qué? Estoy puto ciego, no paralizado. —Déjame en paz, Santos —Le respondo de forma brusca y le aparto la mano con un golpe fuerte. —Agh, Vito, tienes que hacerlo, sino... —¿Qué? ¿Quedaré peor? Salma estoy ciego... mis piernas estan bien —¿Y hace cuanto no las usas? —¿Y? ¿A donde iré? Jajaja, como si pudiera salir de esta jodida casa... —Vito... —Me dice y en su todo se escucha la maldita lastima que tiene, y la furia crece en mi interior. Si hay algo mas que me ceguera es escuchar esa lastima, o la condescendencia. La siento justo frente a mi, inclinándose, su calor siempre me hace saber donde esta, o su olor. Salma siempre evita el contacto físico, de hecho es bastante profesional, pero yo soy un jodido cabrón que no quiero nada de esto. Quiero que Santino me deje en paz, que Alessandro me mande de sus putas, y que me dejen en paz, como el maldito lastre que soy. Pero no... la culpa de mi jodido hermano Santino, lo obliga a mandarme mujeres a cuidarme. Pone su mano en mi muñeca, un gesto que hace cuando trata de convencerme de hacer algo. —Por favor, inténtalo... Su voz se suaviza demasiado, y yo soy un cabrón que no puede lidiar como persona normal con los traumas, con los problemas. La tomo de la muñeca rápidamente, la jalo hacia mi. Que este ciego no quiere decir que perdiera velocidad, o fuerza. La hago caer sobre mi regazo, y obviamente entre su olor y su calor sobre mi, se me pone dura de inmediato. Sin esperar a que Salma reaccione, llevo mi mano directo a su pecho, y carajo que suavidad, son naturales, esta vez puedo notar que Salma es delgada, pero tiene unas tetas muy ricas, le amaso un poco el pecho. —Haré la rehabilitación si me dejas lamerte los pezones —Le suelto de una, tengo meses en abstinencia forzosa, Santino ya no me deja contratar putas, por el pequeño incidente con la última. Salma se levanta, y sorprendiéndome toma mi pene duro con su mano. Lo aprieta, y siento su aliento en mi cara. —Si vuelves a tocarme sin mi permiso, voy a castrarte por la noche, ¿Te queda claro, cabrón? —Dice con su acento mas que marcado. Mi sonrisa desaparece cuando la presión de su mano en mi miembr0 comienza a ser dolorosa. —Suéltame —Le ordeno, pero ella presiona mas, y con la erección que ya tenía la presión es insoportable, para mal, duele. —Mierda, que me sueltes —La empujo, pero se sujeta a mi pene con mas fuerza, gruño, tomo su muñeca con fuerza. Pero ella no desiste, me aprieta con aun mas fuerza. —Dije ¿Te queda claro? —Me pregunta con la voz ronca, molesta. —Si —Le digo tratando de quitarme aun de su agarre, pero la cabrona comienza a enterrar las uñas, el dolor es aun mas agónico. —¿Si qué? —Entonces en un acto desesperado, tomo a Salma de cuello con fuerza. Demasiada fuerza, sé que esta mal, no le haría daño a una mujer, no de este modo. Pero es puro instinto, necesito que suelte mi v3rga —Con una mierda, suéltame pedazo de puta —Le digo con la voz quebrada por el dolor —No, hasta que digas que lo tienes claro, hijo de puta — Me amenaza —Bien, lo tengo claro, mierda —Suelto al fin, y ella suelta mi pene, y el alivio que siento es de lo mas delicioso —Eres una puta Digo sobándome el miembr0, la escucho toser, y odio saber que le causé eso a una mujer. Porque si, soy un cabrón asesino, mujeriego, mafioso y algo sádico, lo reconozco, pero sin duda, no daño mujeres por placer. —NO VUELVAS A LLAMARME PUTA —Esta vez grita, aunque ronca por como la estaba ahorcando —Y tu no vuelvas a tocarme la v3rga, a menos que me masturbes, pedazo de cabrona.... —Bien —Dice y escucho como se sirve agua —Iré a cambiarme, para la puta terapia —Bien —Repite, y yo voy como puedo al cuarto, pero antes de salir de la sala suspiro —Estas loca, Salma... Me gusta... —Le digo con una sonrisa, porque aunque la cobrona me provoco dolor en un lugar donde no debió, el hecho de que no se dejara tocar, que defendiera su dignidad, me gusta. Me recuerda un poco a Zita, pero tengo que dejarle claro las cosas —Pero conmigo las cosas no son así... yo estoy mas loco... así que ten cuidado de donde pisas... porque... —Oh, Vito... —Me interrumpe — No deberías amenazar a la mujer que te sirve la comida... En especial cuando no puedes ver Me congelo de que lo diga así como si nada, que me provoque... y por primera vez en meses, desde que trate de volarme los sesos, que quiero mejorar mis sentidos... No por cuidarme de ella, morir no me importa, ni siquiera creo que sea el mas trágico de mis finales, justo ahora vivo una de mis peores pesadillas, la ceguera, y morirme ahora, mañana o en tres años, en 10... no me asusta, ni siquiera me molesta... sino porque quiero tener herramientas sensoriales, para que esta cabrona ya no haga esos comentarios... —Ay... loca... —Le digo con una sonrisa — Yo no le temo a morir... justo ahora sería una bendición... FIN DEL FLASHBACK —Ey ¿Dónde estabas? —Me pregunta Maicon cuando llego hasta ellos, tiene el ceño fruncido, María sonríe tal vez adivinando lo que sucedió con mi labio. —¿Que fue lo que te pasó? — Me dice Ademir con el ceño fruncido y la clara molestia en los ojos, incluso veo como Ademir mira a Edgar, y este ultimo asiente... Vaya ¿Pensé que eran socios? Interesante. Edgar se disculpa con una excusa patética, y se va. Y veo que entonces Edgar trabaja para Ademir, no son precisamente socios. —Me mordí —Le respondo con indiferencia. Ademir me mira tratando de averiguar si digo la verdad o no, pero Marcello es el mejor detector de mentiras del mundo, así que Ademir es nada, para poder engañarlo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR