Capítulo 6

2468 Palabras
Ninguno de los dos volvió a hablar otra vez hasta que terminamos de comer y Zadquiel volvió a mirarme sin expresión, como era de acostumbrarse viniendo de él. Me sentí tensa de pronto al notar como era recorrida por sus ojos oscuros lentamente, había algo en esa mirada que me hipnotizaba así que aparté mis pupilas de él queriendo escapar a la comodidad de mi casa. No me gustaba engañar aunque está era mi religión, pero por alguna razón con Zadquiel se sentía mucho peor. —Señorita Torres, necesito que organice una reunión con el contador de la empresa para mañana —soltó él acabando con nuestro silencio incómodo. Mis ojos volvieron una vez más a él y percibí como Zadquiel arrastraba su lengua por el labio inferior de una manera arrebatadoramente sexy, de pronto mi descabellada mente me incitó a qué fuera mi misma lengua quien humedeciera su labio. No entendía qué demonios me pasaba con él pero esto en definitiva tenía que terminar. — ¿Solo él, jefe? —Solo él —asintió a la vez que sus pupilas me escaneaban como si tratara de encontrar algo. No obstante se levantó de la silla atrayendo la atención de las damas en el lugar quienes durante el tiempo que estuvimos comiendo no habían apartado sus ojos de él mientras yo quería deshacerme de lo que estaba causándome la atención femenina en mi jefe. Cerré los ojos y exhalé cuando después de pagar estuvimos una vez más en su auto pero al pasar por la puerta de salida observé que el desagradable tipo de la entrada no estaba, como él prometió. Zadquiel pareció adivinar mis pensamientos pues en un segundo volvió a hablar. —No volverá a molestarla señorita Torres. Aquello me llenó de una calidez sospechosa que me esforcé por hacer a un lado pero fue imposible no mirarlo. —No le agradecí por defenderme, jefe —traté de llamar su atención con voz seductora. Y al parecer había dado el resultado esperado pues vi sus orbes deslizarse desde mis ojos hasta mis labios. Su mirada era nerviosa e incómoda hasta que por fin la apartó para encender el auto. La reacción de mi víctima me alegraba porque me hacía ver que no tenía el camino perdido pero que a la vez sí era difícil, solo debía presionar lenta y seductoramente. Tentándolo tanto que ya no pudiera escapar. Durante el trayecto a la empresa Zadquiel volvió a colocar la música y no hizo ningún esfuerzo por hablarme mientras yo contenía una sonrisa. Su esencia masculina flotaba en el aire haciéndome entender que yo tampoco era inmune a él. Fue un alivio de cierta manera cuando llegamos a la empresa pero cuando traté de abrir el auto Zadquiel tomó mi muñeca evitando mi escape. Mi corazón tembló debido a su agarre aunque debería estar acostumbrada al toque de los hombres no me esperaba su tacto caliente en mi piel, contuve la respiración en el momento que nuestras miradas se encontraron de nuevo y lo vi inclinarse un poco sobre mí. Para ese momento mi pulso latía frenético. Era patética pero no podía evitarlo. —No olvide, señorita Torres, no puede coquetear con nadie de esta empresa. Esta es una de nuestras políticas. Inevitablemente miré sus labios carnosos para relamer los míos aún con el corazón desestabilizarlo. — ¿Incluso con usted? —las palabras salieron de mis labios tan rápido, sin planearlas, aunque a decir verdad no me arrepiento de estás. Mi mano derecha, la cual no era sostenida por él se alzó para tocar con la yema de los dedos su pecho fibroso enfundado por un terriblemente arrebatador traje. Entonces lo vi contraerse ante mi toque, pronto el ambiente que habíamos creado sin intentarlo se quebró, sus párpados se entrecerraron mirándome largamente sin embargo no era una buena mirada. Su mandíbula tensa me lo confirmó. De repente me soltó como si quemara impulsando su cuerpo hacia atrás. —Aún más conmigo, soy su jefe, no se le olvide señorita. Entonces salió del auto dejándome dentro del mismo como había hecho en el restaurante. No obstante esta vez me encontraba demasiado atontada como para salir con rapidez de allí. * No me había rendido ni iba a hacerlo, la vida de Aderyn era mucho más importante que nada para mí. Iría por las brasas del infierno para salvarla. Supongo que este sentimiento es el mismo que siente una madre por su hijo. Ady había sido mi hija por cuatro años, cuando mi madre murió al darle a luz y cuando a los tres años la diagnosticaron con una enfermedad extraña de la cual no se sabía mucho, con la cual podía morir mi mundo se rompió de a poco. Anhelaba verla jugar como los demás niños, que fuera a una escuela e hiciera amigos. Pero por ahora no era posible. Por eso no podía rendirme. Mi objetivo era claro aunque la meta fuera terriblemente difícil. Zadquiel se esforzaba por no mirarme cuando entraba en su oficina o en cualquier otro momento. Me pedía las cosas. Me hacía ponerlas sobre su escritorio y después me pedía que me fuera. Todo en ese orden y comenzaba a irritarme. Ya había transcurrido una semana desde que comencé a “trabajar” para él pero nada había cambiado. Incluso estaba más distante que antes si eso era posible. Ignoraba mis risitas femeninas y provocadoras. Mis toques “inocentes”, mi voz seductora. Lo que verdaderamente quería era sentarme sobre su regazo y besarlo largamente para hacerlo reaccionar pero… ¿Y si no funcionaba? ¿Y si lo arruinaba y me echaban? Toda mi oportunidad de salvar a mi pequeña se iría, o por lo menos se alargaría más. Está mañana después de ponerme lo más provocadora que pude, sin que me viera vulgar me despedí de las chicas y me fui a la oficina. Él aún no llegaba por lo que una demencial idea cruzó por mi cabeza. Esto era todo o nada. Entré en su oficina y lo esperé ahí subiendo mi falda más de lo que era debido. Mis pechos resaltaban con esta blusa dando una buena visión de ellos. Desordené mi cabello ligeramente dándome un aspecto sexy y lo coloqué sobre mi torso. Pronto escuché sus pasos venir en esta dirección y arqueé la espalda para que mis pechos se levantaran aún más y llamará su atención de una vez por todas hacia mí. Cuando la puerta se abrió contuve el aliento sin embargo no me moví mi un milímetro. Nuestros ojos se encontraron y pude ver en los suyos brillar el deseo y algo más oscuro, Zadquiel Michelakis tenía demonios en su interior que yo quería destruir. Dio un paso hacia adelante cerrado la puerta de la oficina y supe que había llegado el momento de la seducción al ver esas pupilas salvajes devorándome. No tuve que imsginármelo por más tiempo pues en cueste de segundos Zadquiel estaba frente a mí arrebatándome la carpeta que había traído con la pobre excusa de esperarlo aquí y luego esta fue lanzada al otro lado de la habitación antes de que Zadquiel me tomara del cuello para darme un beso cargado de pasión que me hizo temblar con lo que me causó. Pronto pegó su pecho al mío y aún con la ropa puesta pude sentir lo musculoso que era. Su lengua entró en mi boca reclamándome a la vez que su pelvis chocaba con mi núcleo ya húmedo. Como si tuviera vida propia mis piernas lo abrazaron al igual que mis brazos por sus hombros. Él hizo a un lado las cosas de su escritorio tirándolas al suelo para recostarme sobre la mesa con él aún encima de mí sin soltar mi boca. Mi vientre se contrajo cuando sus dedos se colaron entre nosotros para indagar por mi falda y por fin hacer a un lado mis bragas para torturarme con el más delicioso placer que había experimentado nunca. Pero como lo bueno termina rápido Zadquiel se esfumó tan rápido como llegó y al abrir mis ojos me di cuenta que todo este tiempo había estado soñando con mi jefe, con mi víctima lo que me hacía vulnerable sin embargo esto nadie lo sabía más que yo así que sin cortarme, con la respiración agitada me deshice de las sábanas y deslicé mis dedos desde mi pezón izquierdo el cual torturé y apreté a mi antojo, después mi mano fue bajando por mi vientre hasta que encontré el punto de placer que me hizo arquearme sobre la cama. Froté mi clítoris a mi antojo pensando en cómo sería ser tocada por Zadquiel. ¿Cómo se sentirían sus dedos callosos contra mi piel cremosa? Estirándome a su antojo con sus dedos. Su lengua deshaciéndome en placer sublime mientras penetra con sus dedos mi v****a. O su polla dentro de mí marcando un ritmo devastador con sus caderas. Su musculoso cuerpo sobre el mío mientras me follar duro como lo deseo sin dejar de besarme. Es entonces cuando estallo en un orgasmo que me hace gritar y retorcerme en mi cama anhelando al dueño de mi fantasía. Deseando verlo y sentirlo. Mi mente se aclara de repente. No debí haber hecho esto pensando en él sin embargo no me arrepiento de lo que sentí pensando en Zadquiel aunque probablemente cuando llegue a la oficina ese sueño vuelva a mí como un fantasma, torturándome. — ¿Puedo ir a la escuela Len? —me preguntó la vocesita dulce de mi niña y Säde me miró con tristeza sabiendo cuál sería mi respuesta. Había retirado a Aderyn de la escuela porque en esta había tenido varios episodios clínicos que la maestra no sabía cómo controlar. Gracias al cielo ahora estaba estable pero no sabía cuándo volvería a ocurrir y no me arriesgaría a perderla. Mi mejor amiga sabía que hacer en esos casos. —Mi amor tu sabes que por ahora no pero pronto… Ella hizo un puchero a la vez que sus ojitos se cargaban de lágrimas ocasionando que mi corazón se arrugara. Me mataba no poder ayudarla como quería. —Siempre es pronto pero nunca llega —soltó dejándonos mudas a Säde y a mí, sin hacer una pataleta lo único que hizo fue volver a su habitación. —No te preocupes Len, vamos a hacer que su vida vuelva a ser normal —dijo Säde acariciando mi espalda. —Siento que no estoy haciendo suficiente… —Nunca digas eso, Sage consiguió un nuevo trabajo y… —No Säde, Aderyn es mi responsabilidad. —Pero se acaba el tiempo y nosotros la amamos tanto como tú, ahora respira profundo y ve al trabajo, por Aderyn. Hice lo que ella me pidió y le di un abrazo de despedida llendo a la salida para después buscar el autobús. No tardó demasiado por suerte y llegué rápido a la oficina. Rosita la chica de la recepción me saludó, yo la saludé de vuelta, en esta semana había socializado con muchos empleados para acercame al secreto de Zadquiel sin embargo no había conseguido nada más de lo que ya sabía. Saliendo del ascensor lo encontré mirando unos papeles y parecía frustrado, enseguida nuestras miradas se encontraron. Demonios, por qué se sentía tan intenso. —Tarde, señorita Torres. »A mi oficina. ¿Está mal que quiera que me reprenda en su escritorio? Me mordí el labio siguiéndolo sin apartar mi mirada de su culo apretado y jodidamente caliente. — ¿Está todo bien, señor? — ¿Todo bien? —gruñó él remedándome—. Llegó tarde Torres, ¿Tiene el vestido que lo dije? La celebración es mañana. En ese momento me quedé en blanco porque se me había olvidado pero recordé uno rojo que Säde tenía y le sonreí confiada. —Obviamente lo tengo jefe. Él me estudió bajo esa mirada oscura. —Tráigame mi café con leche. Y Alina, un minuto más tarde y conciderate despedida ¿Ok? Arqueó una ceja y yo me limité a asentir. Bastardo sexy. Rápidamente me fui a la cafetería y volví como un rayo. —Pongalo sobre el escritorio y retírese. — ¿No quiere que...? —Si la necesito la llamo. Asentí aunque él ni siquiera se molestó en mirarme haciéndome bufar. De inmediato salí de su oficina y luego de agendar unas citas decidí pasar por vicepresidencia para ver a Hollie, total, el jefe no había salido de la oficina ni me había llamado en todo el día. —Hollie —la saludé y ella dejó de hacer lo que hacía para sonreírme. — ¿Escapando del jefe? —Hoy está más raro que de costumbre, ¿Almorzamos juntas? —Hoy no puedo —dijo lamentándose—. El jefe está atareado con lo de la celebración y me pidió ayuda. —Sí, Michelakis debe estar igual ¿Ya tienes tu vestido? Ella frunció el ceño ante mí pregunta antes de responderme. — ¿Vestido? ¿Qué vestido? —El vestido para la celebración, como secretaria de los jefes debemos estar divinas —bromeé—. Imagínate la cara de tu hermana cuando se entere ¿O ya lo sabe? Ella me miró atonita y a la vez confundida como si de repente hubiera descubierto algo extraño. Enseguida fruncí el ceño. — ¿Tú vas a ir a la celebración? Su pregunta me dejó sin habla pero segundos después le pregunté de vuelta. — ¿Tú no vas? —Las secretarias no vamos, nunca acompaño al señor Sebastos. ¿El señor Michelakis te pidió ir con él? —Indagó boquiabierta y yo no sabía qué decir. Había una extraña emoción golpeando mi corazón con conocimiento. Si yo era la única ¿Me daba esto una esperanza? No obstante no quería volar demasiado alto por temor a caer en picada. — ¿No tiene nada que ver qué sea secretaria de presidencia? Ella negó con la cabeza igual de atontada que yo. —A la anterior secretaria nunca la llevó cuando venía aquí. Eres especial o... ¡Le gustas al jefe! —chilló ella y la hice callar poniendo mi palma en su boca. — ¡¿Estás loca?! ¡Te pueden oír! No obstante su exclamación había llenado de alegría mi corazón y me odié, pero no fue por los motivos que debía alegrarme. —Debes estar equivocada, no le gusto. —Primero te lleva a almorzar que nunca lo había hecho con nadie y ahora esto ¡En serio le gustas amiga! —Definitivamente estás loca —fingí—. Debo irme, si se da cuenta que no estoy... Entorné los ojos y ella me envió una mirada de complicidad que me hizo fulminarla con la mirada fingiendo aunque mi corazón saltaba esperando que las palabras de Hollie fueran reales.
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