Capítulo VII

1618 Palabras
—Tiene que quedarse conmigo, necesito su ayuda. Para mañana tengo que tener listo unos documentos bien redactados. Yo balbuceé pensando en Aderyn, Säde debía ir a la universidad y ya eran más de las cinco pasadas. Me mordisqueé el labio sin saber qué hacer pero debía quedarme con él, no tenía otra opción así que sin negarme fui al baño y llamé desde ahí a Säde quien enseguida me dijo que Sage estaba quedándose con Aderyn lo que me hizo estar más tranquila. Me sentí culpable de no pasar tanto tiempo con mi pequeña pero esto era para su bien, para salvarla. —Pida dos cafés señorita Torres, esto va para largo —me advirtió él—. No debe preocuparse, voy a darle un bono por quedarse más tiempo del debido. —Está bien, es mi trabajo ¿No? —Su trabajo no es quedarse horas extras pero estoy agradecido por ello y voy a compensarla bien. Estúpidamente mi cabeza procesó estas palabras con otro significado que me habrían hecho sonrojar si no fuera demasiado atrevida. Así que antes que hiciera una cosa de la que arrepentirme fui a la cafetería y preparé los dos cafés. Ya en su oficina otra vez empezamos a trabajar perdidos en lo que hacíamos aunque me fue casi irresistible no mirar al jefe. Era devastadoramente guapo y verlo tan concentrado hacía mella en mi ser. Me gusta él. ¿Para qué voy a negarlo? No podía dejar de verlo. Era seductor sin siquiera intentarlo. Como revolvía su cabello cuando se concentraba o cuando hablaba y su manzana de Adán se movía al momento de hablar. Sus oscuros ojos se clavaban en los míos de vez en cuando y detestaba lo que me hacía sentir porque no era lógico. Apenas lo conocía y lo peor de todo es que parecía ser inmune a mí. —Con estos terminamos —dijo y yo suspiré aliviada. Un segundo más con él y me hubiera tirado a sus brazos. ¿Era su aura indiferente lo que me atraía? Porque esto nunca antes me había pasado con ninguna víctima… o algún hombre aparte de Zadquiel. — ¿Ya puedo irme? De repente clavó sus ojos en mí, específicamente en mis labios alimentando mi imaginación pero para mi decepción solo asintió en mi dirección sin decir nada más. Esbocé una suave sonrisa levantándome para comenzar a recoger mis cosas y él hizo lo mismo. —Déjeme llevarla a casa señorita Torres —masculló él dejándome sin habla y pronto recordé la mentira que le había hecho creer. —No gracias, alguien viene a buscarme. Pude sentir su mirada en mí electrizándome el cuerpo, era extraño… sin embargo me gustaba a la vez que me ponía nerviosa. Ansiosa. Hasta que por fin habló preguntando lo que quería preguntar. — ¿Su novio? Rápidamente me mordí el labio reprimiendo una sonrisa que amenazaba con esbozar de mi boca ante la satisfacción de su pregunta. Mi corazón juro que dio un vuelco. —No, no tengo novio. Y eso fue suficiente para que ambos quedáramos en silencio una vez más. Él salió detrás de mí y ambos entráramos en el ascensor. —Mañana en la celebración está demás decir que quiero que luzca perfecta señorita Torres, después de todo es mi secretaria. Estuve a punto de entornar los ojos. Bastardo creído. —Por supuesto, no tiene que decirlo. De repente las luces parpadearon y el ascensor se detuvo, ya no había luz sino una espesa oscuridad. — ¿Señorita Torres? —preguntó y levemente sentí su tono de voz temblar. Tanteando en medio de la oscuridad toqué con mi palma su bíceps y claramente escuché cuando él contuvo la respiración. —Se fue la luz en el edificio al parecer, seguro no se tardará. —Maldita sea —gruñó él. —Jefe… —Llama a emergencias —dictó con fuerza. Rápidamente saqué mi móvil pero estaba sin señal. —No tiene señal. —Voy a alzarte para que alcances la trampilla y… — ¡Jefe! Piense un poco. No sabemos en qué piso estamos. Debemos esperar que llegue la luz… —Debemos salir —soltó desesperado. Acto seguido mis manos fueron a sus hombros como si tuvieran vida propia. De alguna manera quería consolarlo. —Calma —susurré. —Enciende la linterna —dijo él aún en ese tono mandón de jefe pero esta vez no me importó. Rápidamente encendí la luz de mi teléfono dejándolo en el suelo para acercarme una ve más a él. Nuestros ojos se conectaron y saboreé nuestra cercanía, era mágico, casi increíble la conexión que teníamos y que él se esforzaba por negar. —En cualquier momento alguien se dará cuenta que estamos aquí —susurré a pocos pasos de distancia. Él apretó su mandíbula tenso para después apartar su mirada de mí y desviarla al suelo. —Hace calor —gruñó él antes de quitarse el saco quedar solo en camisa y corbata mostrándome sus definidos brazos y pecho pues la camisa era ceñida a su cuerpo. Inevitablemente pasé mi lengua por mis labios resecos para humedecerlos como quería humedecer el resto de su cuerpo. Contrólate Alenka. Suspiré dando un paso atrás colocando mi espalda pegada al elevador e imité su movimiento quitándome mi chaqueta ejecutiva para colocarla sobre el piso y sentarme a la espera de que alguien nos sacara. Zadquiel me miró mientras me despojaba de los malditos tacones y de mi cartera sacaba un par de sandalias para ponerlas en mis pies. Entonces, cuando alcé la mirada lo encontré mirando mis piernas con un deseo reprimido que me excitó. Así que provocadoramente ni dudé en hablar. —Debería sentarse jefe, ¿O querría hacer otra cosa? Lo escuché maldecir por lo bajo a la vez que me dio la espalda caminando por el reducido espacio. El calor era insoportable, cada minuto que pasaba era peor, no bastaba solo con quitarnos las chaquetas así que me importó una mierda lo que pensara Zadquiel. Comencé a quitarme la camisa acalorada, por el movimiento él se giró a verme, su mandíbula aún seguía apretada, su frente estaba cubierta de un suave sudor. — ¿Qué demonios haces? —gruñó. Enseguida arqueé una ceja burlona llevando ahora mis manos al botón de mi pantalón. — ¿Qué crees que hago? Estoy derritiéndome… —No pensarás… Pero sus palabras se cortaron cuando sin dudarlo me arranqué el jodido pantalón de vestir que me había puesto hoy. Sus ojos me quemaron con la intensidad que me observaron y me sentí mucho más femenina de lo que siempre me sentía. —Deberías deshacerte de tu camisa por lo menos, vas a cocinarte — bromeé tuteándolo pero no se dio cuenta pues parecía perdido en mi cuerpo expuesto. Lo único que estaba usando ahora era mi bralette y mis bragas color vino tinto a juego, para darle una mejor vista me arqueé alzando mis pechos, acto seguido él me miró a los ojos censurándome con la mirada. —Le prometo que no voy a espiarlo jefe —continué bromeando. —No me provoques Alina —gruñó sin mirarme. Pero me sentía juguetona. —Si quisiera provocarlo estaría desnuda, créame, estoy mejor así —le guiñé un ojo. Esto pareció accionar algún botón en él porque en un segundo estuvo casi sobre mí cuello para acercarme a él y en un instante estaba dándome el beso más caliente que he recibido en la vida el cual produjo sensaciones en mí indescriptibles. Intenso y alucinante a la misma vez, sus labios se movían sobre los míos como si estuvieran hechos para besar por la eternidad. Pero de pronto cortó el beso privándonos de ese momento intenso. —No puedo… —susurró y mi pulso tembló. Lo quería. Lo deseaba justo allí y esto definitivamente podía ser un avance para la misión. Mis manos tiraron de su cuello para estar nariz con nariz. —Puedes porque quieres, porque también me deseas. Mis palabras parecieron encender un fuego dentro de él pero fue peor cuando mi lengua salió para trazar el borde de su labios inferir arrancando de su boca un gemido que ocasionó que mi v****a se humedeciera aún más. Una vez más sus labios capturaron los míos pero esta vez no tenía intensión de escapar. Una de mis manos soltó su cuello para deshacerme de los botones de su camisa y cuando ésta ya estuvo abierta por completo aún sin dejar de besarlo se la arranqué de la piel. Su corbata seguía alrededor de su cuello aunque él la había aflojado dándole un aspecto más apetecible. Mis ojos lo escanearon de pies a cabeza viendo al fin su musculoso torso como Dios lo trajo al mundo y juro que nunca he visto a nadie más sexy. Zadquiel se deshizo de su correa abriendo el botón de su pantalón no obstante volvió a abordarme en un beso conquistador, introduciendo su lengua en mi boca y jugueteando con la mía. Bajó mi bralette ocasionando que mis senos revotaran mostrándose erguidos y orgullosos ante él con los pezones excitados. Zadquiel no perdió tiempo y comenzó a succionar uno mientras el otro era mimado por sus dedos grandes. No pude evitar gemir aferrando mi mano a su pelo acercándolo más. De repente su boca comenzó a deslizarse desde mi seno repartiendo besos suaves hasta mi costilla, después mi vientre ahí levantó la mirada conectando sus orbes oscuros con los míos creando una conexión que siempre compartíamos al estar juntos, no podía negarlo. En este momento me di cuenta que el calor era una cuestión mental porque solo podía sentirlo a él. Y era malditamente perfecto.
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