Llegué a casa de mamá justo para saltear verduras. Mis cuñadas estaban ocupadas cargando bebés y mi hermana fantaseando con uno, mientras ella y su esposo se daban malas miradas. Me sentí un poco culpable, pero era mejor para mí seguir con el salteado.
—Familia, me voy a casar. —Ese anuncio solo lo podían dar dos hombres en mi familia, Zack y Kyle, no podía preocuparme ninguno menos, pero cuando Kyle lo dijo sentí más náuseas de lo normal y un fuerte dolor de cabeza.
—¿Qué? —preguntamos Zack y yo en coro.
—Sí, ya sabes, se lo pediré está noche.
—No, no puedes hacer eso.
—Sí, puedo, Serena nunca me metí contigo. Respétame, soy mayor y un buen prospecto, solo por ser reumatólogo. —Contesté y mi hermano rió.
—¿Con quién te casas?—preguntó Zack.
—Con Laini, bueno si acepta.
—¿Con cuántos de esta familia se ha acostado Laini?—preguntó Ada.
—Cuidado cómo te respondo esta Ada.
—Bien. —Dijo antes de desistir de la discusión.
—Ahora, sí se ha acostado con un montón de gilipollas con el apellido Luthor, si lo estás haciendo para molestarla, algo que te guinda desaparecerá. —Comenté y Kyle sacó el anillo. Y lo puso cerca de mi cara, miré una hermosa perla rosada, rodeada por pequeños diamantes del mismo color y un aro de oro blanco.
Era perfecto, sobre todo si alcanzamos a pensar que una joya decía tanto de lo que él veía en ella, en su alma, la persona real, la que importa totalmente en su vida. Entonces, pude entender que mi hermano estaba simplemente buscando aprobación, lo vi en sus ojos y en los de su madrastra, la cual le miró enternecida, me dio una mirada de súplica y yo volví mi dista a mi hermano y al anillo que sostenía y le sonreí antes de darle un beso en la mejilla y un golpe en la cabeza.
—¿Tienes algo planeado? Soy su mejor amiga y decoradora favorita, no sabes las ideas que se me vienen a la mente.
—Le gustan los miradores y las rosas de color pálido. —Le di muchos besos y la tensión se rompió, todos rieron o le dieron a mi hermano sus felicitaciones, Facundo entró y saludó a todos y miró el anillo.
—Así que tú y Laini ¿y Serena no te ha intentado matar?
—Quién dice que no lo haré cuando sea necesario, quizá una noche cenemos testículos a la Kyle con caldo de próstata.
—No la pongas celosa. —Advirtió mi madre.
La cena continuaba estando lo más normal posible hasta que Ada comenzó a sudar y temblar, se fue a acostar en su cama y Daniel le acompañó hasta que quedó dormida.
—¿Qué me van a pedir esta vez? ¿Mis niveles de estrógenos o... mi útero por completo?
—Necesita terapia sicológica. —comentó Daniel y todos se rieron hasta que él negó con la cabeza. —Se desapareció por un mes, renunció a su trabajo, lo tomamos a la ligera, pero yo vivo con ella y yo acabé en la estación de policía porque mi esposa se volvió loca, gritó y botó cosas por la ventana.
—¿No crees que el problema seas tú.? —preguntó Mess.
—Messer, lo importante no es solo la razón del problema, es que necesita ayuda y no quiere que se la dé. Son su familia, a alguien tiene que escuchar antes que se mate, está tomando estrógenos ilegalmente.
De nuevo el asunto estaba turbio, mi primo no podía ocultar su desagrado por las palabras tan ciertas de mi cuñado, y mis hermanos parecían preocupados aunque no sorprendidos.
No sorprendidos. Poca sorpresa en sus rostros. Miré a cada uno de mis hermanos y a mi esposo, luego a mi padre y finalmente a mi madre.
—Mamá, que sabes.
—No voy a hablar. —Contestó.
—Mamá, en serio, que me molesta de ti. —Dije y tomé la taza con las tortas de carne y busqué las más negras, me gustaban tostadas y mi paladar lograba disfrutarlas, los bebés creían que eso era genial, lo quemado o la carne, amigos prometo comer todos los días, pero no se aburran.
—Mamá, ¿quedaron más tortas de carne?
—En el horno, cariño.
Fui a buscarlas y busqué de paso más limones y hierba buena, también eso parecía ser refrescante, los mareos y las náuseas comenzaban a desaparecer, según la doctora eso quería decir que mis bebés estarían mejor.
—¿Serena, trajiste la carne? —preguntó Zack en cuanto me vio entrar con el vaso de hierba buena.
—Mmm, ¿cuál?
—¿Te la comiste? —preguntó Patrick molesto.
—Patrick...
—Increíble, para qué hermanos, si cuando tienes hermanas se vuelven locas o comen por todas la carne...
Les di una mala mirada y fui a acostarme en el sillón, en pocos minutos me quedé dormida, se sentía tan bien, comer y dormir sin estar mareada o revuelta.
—¡¡¡Serena!!! —gritó Zack y me caí del sillón, obviamente golpeé la cabeza y parte de mi espalda, abrí los ojos y miré a mi hermano.
—Me voy a mi casa.
—Serena, era una broma.
—No es una broma Zack, pude haberme lastimado.
—¿Cuándo te cambiaron con Ada? —preguntó Patrick.
—Serena, ¿estás bien?—preguntó mi madre antes de voltearse hacia mi hermano para regañarle. —Zack, tienes que tener cuidado se le pudo desacomodar el útero o algo...
—El cerebro, por ejemplo —respondió Karl y su esposa le dio una mirada de reprimenda y un golpe en el hombro.
Facundo para variar me puso en pie y me pasó la cartera, se veía más molesto de lo normal, mientras me ayudaba a sentarme en la silla, le dije que estaba bien, le di una caricia en el hombro y me puse en pie.
—Facundo, no seas dramático.
—No sean tan hipócritas, hago diferencias con mis hermanos, todo el tiempo. Y cuando me toca pensar como papá hago diferencias más marcadas, así que no me van a decir si me parece dramático o no que mi esposa se lleve las bromas groseras, los pedidos negligentes y los acorralamientos. No volveremos a cenar aquí. —aseveró.
Le miré asombrada, no esperaba eso de mi esposo, pero en cierta forma me complacía saber que estaba de mi lado.
—Vámonos.