Facundo me dejó conducir, así que me llevé a mi esposo fuera de la ciudad, no sin antes pasar a comprar su helado favorito, café con leche condensada, luego de veinte minutos de recorrer el camino volvimos al lugar en el cual nos dimos nuestro primer beso caliente. A los quince, creía que todo debía ser ardiente, mis hormonas estaban alborotadas y todos los chicos con los que Laini se besaba incluían caricias íntimas y dejaban los labios rojos o mordiscos. Por supuesto, Facundo ya había pasado por eso, así que vivía una etapa dura de abstinencia (recomendada por Daniel) quién le dijo que sospechaba que yo era una “dama de hielo” ... El punto es que una tarde salimos a uno de sus comunes paseos anticuados y le dije que quería que me besara, obviamente lo hizo, con aquellos dulces toquecitos de labios y una mano en mi mejilla, cuando intenté demostrale lo que sabía acabamos discutiendo porque veíamos las cosas diferentes yo quería un tigre y él una flor. Estábamos en momentos diferentes y por cinco minutos rompimos, luego nos sentamos agotados a disfrutar de la grandiosa vista que el lugar nos ofrecía y Facundo lo hizo, me besó, un beso caliente, rigoroso y con sensualidad, supe por primera vez qué era tener a un hombre encima de ti comiéndote la boca mientras envía más señales a tu cuerpo.
—¿Qué hacemos aquí? —preguntó.
—Tengo… algo que decir. —confesé y abrí el tarro de helado, le di una cuchara y me dejé la otra.
—¿Qué pasa, nena?
—Facundo, no sé… Bueno, es complicado y entiendo si te molestas, pero…—me tomó de las mejillas y me obligó a verles a los ojos.
—Serena, dilo y luego vemos qué pasa.
—Bien, yo… estoy embarazada.
—¿De cuánto? —peguntó.
—Casi cuatro meses, pero es de alto riesgo y no quería emocionarte en balde o estresarte.
—¿Hace cuánto lo sabes? —preguntó Facundo quién siguió interrogándome cuando acabó de hacerlo, minutos después me pareció estar bastante emocionado, se veía feliz y finalmente lo confesó: —Me gusta la idea, lo haremos funcionar. Por eso la campaña anti sexo y la lejanía con tu familia.
—Algo…
—Bien ayudaré más, ya sabes, seré un ángel, dormiré solo de mi lado de la cama y no te tentaré para tener sexo. — Reí. —Tampoco iré de viaje y será mejor, vas a ver, me levantaré con los chicos.
—Sí, mi amor —me burlé.
—Vas a ver, voy a ser mejor. Me pedirás disculpas por reírte.
Poco después nos subimos al auto y Facundo condujo de vuelta a casa, se veía cómo un hombre orgulloso y no podía disimularlo, por eso le recordé que no le comentaríamos a nadie, por nada del mundo, sin excepciones.
Cuando entramos a nuestra casa, los hermanos menores de Facundo estaban escuchando a su abuelo, el hombre parecía no querer dar nada de tregua a Tom y no paraba de reñirlo, fui a saludarle y me abrazó y despeinó como siempre.
—Serena, estás más gorda. —Dijo Eduardo cuando me soltó y le miré de mala manera.
—Abuelo—Dijo Facundo. — eso no se le dice a una mujer.
—A mi edad puedo decir lo que sea. —Contestó. —Cariño…
—Eduardo, quiero que digas que soy bonita.
—Lo eres, —aseguró. — pero has aumentado. ¿Serás mamá?
—Tal vez, pero tú, no serás bisabuelo. —Dije y le hice unas coquillas antes de ir a mi habitación.
Me acosté en la cama y las gemelas pasaron a mostrarme todo lo que había escrito y sus pasos de ballet, les di un beso a ambas y se acostaron a mi lado. Acaricié sus cabezas y mientras conversábamos. Las dos estaban preocupados por sus hermanos y yo por todos, ¡Qué curiosa es la vida! Apenas nos adaptábamos a ser una familia y pronto habría más inquilinos en nuestra casa, cómo funcionaríamos, esa era la incógnita más grande del momento.
Las pequeñas se quedaron dormidas en mi cama, y Eduardo pasó a despedirme y recordarme que existían las dietas, gimnasios y como éramos ricos y sanos los cirujanos plásticos. Él y mi esposo fueron a dejar a las chicas a la cama. Unos minutos más tarde, Facundo entró a la habitación y se acostó a mi lado, me dio un beso, y cerró los ojos.
—Lo tengo todo resuelto, abuelo se hará cargo de la empresa de papá y yo de la mía.
—Gracias, Facun.
—Cuando sea. —Contestó antes de rodearme con sus brazos y apretarme con sus piernas, sonreí y me mantuve quieta esperando alguna de sus estupideces, pero en su lugar sentí su pecho moverse suavemente contra mi espalda, miré hacia un lado, y en efecto estaba dormido.
Intenté hacer lo mismo, pero no lo lograba y no podía moverme porque despertaría a Facundo y no era justo, además si su meta de ser una persona útil para nuestra familia empezaba mañana, necesitaría las horas de sueño. Mi teléfono sonó justo cuando logré conciliar el sueño y siguió sonando un par de veces más, le pedía mi esposo que me soltara y fui a tomar la llamada.
Kyle estaba tan desesperado como escuchaba, mientras hablábamos podía escuchar a mi amiga llorar como si el corazón se le hubiese roto ante el pedido de matrimonio. Busqué un abrigo y unos tennis, le avisé a Facundo quién intentó acompañarme, nos montamos en nuestro auto y seguimos la dirección que mi hermano nos envió cuando llegamos encontré varias velas crema y rosadas, luces por todas partes y un arco con tulipanes color rosados, había rosas por un camino y una colección de fotos de ellos dos.
—Hola, cariño. —dije y acaricié la espalda de mi amiga. —¿Nos dan unos minutos?
Abrí la botella de champán y la extendí hacia Laini quien explicó por qué era una mala idea, y todo sonaba a que tenía miedo de ser juzgada y amada, tenía miedo de amar a mi hermano porque él le amaba genuinamente y había renunciado a su soltería salvaje por los últimos seis meses solo para estar con ella. Finalmente, me dijo que ni siquiera habían salido públicamente ante sus familias, como explicaría a sus tíos que había tenido algo con Zack y ahora mejor se casaba con Kyle.
—Todos sabemos tu historia con Zack y nos hace felices que no te cases con él.
—Viste todo esto, es precioso. Él está enamorado, emocionado y lo hizo casi todo solo. Además, lo tengo bajo amenazas, así que lo haré venir aquí y te lo pedirá de nuevo y lo besarás, y dirás sí, porque… es bueno en la cama.
—¿Acabas de decir que soy bueno en la cama? —preguntó mi hermano y las dos reímos.
—Uhh, no sabes lo que he escuchado de tu lengua, o… y la velocidad de tus cade...
—Son repulsivas. —reímos. Y le hice una seña. —Oh, cierto... Amm. Laini —Dije. Y le acomodé en el punto en el que estaba de rodillas Kyle. —me dio una de sus miradas; ¿En serio?
—Serena, sal del cuadro —Pidió Facundo.
Me puse en pie y caminé hacia dónde estaba mi esposo, caminamos juntos hacia la salida, ahí vimos a Laini besuqueando a mi hermano mientras él intentaba meterle el anillo al dedo.
—Es demasiado romántico.
—Te debo una buena propuesta.
—Y una pedida de mano digna. —Le di un beso y me subí al auto.