Espinas y Navidades

4590 Palabras
Por alguna razón la cena navideña era en mi casa y los chicos se tomaban en serio la decoración del hogar, le di un beso a mi esposo en cuanto acabamos y nos tiramos en el sofá. Las gemelas apagaron todas las luches mientras sus hermanos atacaron los interruptores importantes. —¿Listos? —preguntó Facundo. —Sí. —respondieron los chicos. —A mi cuenta, uno, dos, ¡ya! —reí al ver la casa iluminarse, Facundo besó mis labios y acarició mi barriga. —Oh, se ve hermoso. —dijeron las gemelas y yo asentí. —Seguro así decoran para Navidad la casa de las princesas. —Dijo Royce antes de acostarse a mi lado y posar su cabeza sobre mi barriga. Facundo le acarició la cabeza y le sonrió. —¿Saben...?—Dijo Rayna con una de sus adorables sonrisas, todos le prestamos atención y aprovechó para manosear su chocolate con malvaviscos. — mi mamá quería que este año nos compraran un animalito. —¿Para qué, ya tienes a Facundo? —todos los chicos rieron ante el comentario de Tom y ese se ganó un almohadazo por parte de su hermano mayor. —¡Eres una mentirosa! —dijimos Facundo y yo al unísono. —Tenía que intentar —todos reímos y comenzamos a beber el chocolate con malvaviscos. —Saben, quizá Santa... —Oh, vamos, sabes que no existe. —insistió Xavier. —¡No te metas con lo que sé! —dijo y le tiró un almohadón. Xavier tomó a su hermanita y le llenó de besos mientras ella se quejaba, la pequeña dejó de combatir y su hermano le abrazó mientras ella le acariciaba el cabello. Observamos las luces del árbol en silencio que Xiomara decidió romper. —Para mi regalo de Navidad quiero un novio, uno guapo; ya saben quiero que tenga buen trasero, manos grandes y hombros sexis. —¿Los hombros importan? —preguntó Tom sorprendido. —En unos años tendrás unos espectaculares —respondió Ximena a su hermano. —Si Fack no fuese tu hermano, sería tu tipo. —¿Qué tan bueno es en la cama? —Tiene sus secretos. —No me gustan los hombres con secretos, siempre tienen amantes. —dijo y miró a su hermano, todos nos quedamos en silencio observando el árbol de vuelta. —Xiomara sabes arruinar un buen momento, como te acuestas con hombres casados. —¡Ah, Xavier! —dijo sorprendida. — Eso no se dice, menos en público. —Acabas de acusar a nuestro hermano de serle infiel a su esposa en casa, debiste habérmelo dicho para fastidiarlo yo. —Por eso sé cuándo un hombre es infiel —Gritó molesta. —Mi esposa está embarazada, de alto riesgo, ¿tienen pruebas los dos? —Gritó Facundo y sus hermanos le miraron en silencio, las gemelas dijeron que iban a ver otros adornos y los chicos que las acompañarían. Facundo, Xavier y Xiomara estaban en silencio mirándose, quedaron en silencio. —He sido la amante de un hombre durante años, sé qué mentiras se dicen. —Me fui directo a mi habitación y tomé un par de cosas antes de salir de casa, los chicos continuaban discutiendo cuando salí. En menos de lo que creí estaba en casa de mis padres, Estacioné para observar la casa de los sueños de mi mamá, la casa se parece a ella. Mis padres estaban comiendo junto a Zack el cuál no se veía contento porque sus padres le estuvieran fastidiando, mamá me saludó desde la casa y papá se puso en pie para salir por mí. Finalmente, bajé del auto, Adam abrió la puerta y me observó sorprendido antes de ir a quitarme la bolsa de la mano. —¿Qué se le antojó a mi princesa? —Un abrazo, papá —Adam me rodeó con sus brazos y me llenó de besos las mejillas hasta que mi mamá se unió a los besos. —¿Qué quiere mi nieto favorito que abuela cocine para él? —¿Decidiste que es un niño? —Mamá acarició mi barriga con una sonrisa y me dio un beso en la frente. —El bebé no quiere nada. ¿Puedo dormir con ustedes? —Serena, ¿pasó algo?, ahí viene Facundo. Cuando mi esposo se bajó del auto, temblaba a causa de la furia, y se mordía el labio, me acerqué y soltó un grito al aire antes de mirarme de nuevo. Le miré molesta, su comportamiento simplemente decía cuán culpable era. Todo en su cuerpo lo gritaba, era culpable, Facundo tenía una aventura y ni siquiera lo vi venir, solo creía que había alguien más, pero él estaba teniendo una aventura pasajera, pero esto se sentía cómo algo más serio que una aventura. Además, el comentario de Xiomara de vino a mi cabeza y me di cuenta de que no lo dijo por casualidad y el que los chicos se hubiesen ido… ¿Todos lo sabían? Por eso eran todos tan amables conmigo, creían que estábamos en paz, que mi marido me engañaba y en lugar de decirme, fingieron estar de mi lado. —¡Maldita sea! —dijo finalmente. — Serena, lo mínimo que podías hacer era decir que te ibas. —¡No se te ocurra Facundo, bájale a tu berrinche! —Me preocupé. —Felicidades. Dormiré aquí y me esperarás en casa, hasta que quiera hablarlo, lo hablaremos con detalle y luego te mataré —Le di una cachetada y él se dio media vuelta para caminar hacia el auto. Mis padres no hicieron comentarios y en cuanto llegué a la cocina por un bote de yogur ambos salieron en dirección a la sala para sentarse al sofá. Me encontré con mi hermano mayor menor, le di un beso en la mejilla y caminé hasta el sofá. —¿Recuerdas cuando me amaba?—comentó Zack. —Es la mujer de mi vida, la amo. —Es la mujer de tu hermano. —Querían molestarme, lo lograron. Ella me ha amado toda la vida, él me ha molestado toda la vida. —Explicó mi hermano. —Zack...—dije y me puse en pie. Caminé hacia él y le tomé de las mejillas. —Ella se merece un hombre que no piense que se trata de él, todo tiene que tratarse de ella, cómo le afecta, cómo le gusta, cuánto la amas, cuánto le deseas. —dije antes de caminar a la habitación, de mis padres. Me acosté en el borde y acaricié mis pies; primero el derecho, luego el izquierdo, mi mamá me dio un beso sobre la frente y papá me ayudó a acomodarme. Acomodé las almohadas en mi espalda y es conté cómo había sido todo genial con la decoración, lo felices que estaban las niñas. —Mamá, deberías tener un elevador. —dije mientras acariciaba mis rodillas. —Estoy gorda, mira mis pies. Papá se acercó y observó mis pies, comenzó a tocarlos y negó con la cabeza antes de decir: —Serena, no estás gorda... eso es hinchado. —Serena, eso se ve horrible. —dijo mi mamá y se colocó del lado de mis pies. — Hija, ¿hace cuanto no vas al doctor? ¿Te has tomado la presión? No creo que sea buena idea que vayas a la reunión con tu hermana. —La doctora dijo que era importante, no puede salir hasta que lo hablemos. —Sí, saldrá en unas semanas cuando sepamos que es seguro para ti y el bebé. —Papá... estoy bien. —Serena, dormirás con los pies en alto. Si amanecen así temprano, te prometo que al único lugar que irás será al hospital. —asentí. Mi mamá colocó una almohada bajo mis pies y papá fue por unos trapos con agua tibia y hielo, los intercambiaron durante quince minutos y finalmente papá me hizo un masaje. —¡Oh, en el medio! Tengo demasiada tensión ahí. —Comenté y mis padres me miraron serios. —Cariño, es un masaje linfático no uno de spa. —Podríamos ir a uno—Comenté mirando a mi mamá. —hace tiempo no hacemos nada. —Ehhh, yo las acompaño, que me he pasado la vida pagándoles y nunca he ido a uno. —¿Nunca papá? —le pregunté sorprendida. —Yo voy a pagar el primero A la mañana siguiente el médico amigo de mi madre me esperaba en la sala, Patrick y mis sobrinos ya habían llegado al junto al desayuno equilibrado que mi madre preparaba paró para mí. Les miré molesta, porque sabía que no era nada, llamarían a Facundo y él sí que era todo un problema en estos días. —Hola, tía Serenula. —Dijo Percy y se acercó para abrazarme. — Estás súper delgada. —Le di un golpe en el hombro antes de llenarlo de besos. Perc, es casi mi hermano, se crio junto con nosotras al igual que Messer, la diferencia era que los tres éramos mayor que él, a veces Ada y yo fantaseábamos con que le mandábamos y aquello nos resultaba fantástico, era como tener un hermano menor, pero sobrino lo cual según mi hermana nos daba más autoridad sobre él, yo le convencía siempre de comer mi carne y él me daba el yogurt que tanto odiaba durante la merienda. Es el hijo mayor de Patrick y Mercy, guapísimo y dulce con su tía favorita. —Mi hombre favorito —dije mientras le acariciaba el cabello. —Tu hombre se la ha pelado en grande; flores monumentales y dormiste en casa de tus papás. —comentó mi cuñada y rodé mis ojos. —¿Qué hizo? —preguntó Percy. —¿Te puso los cuernos? —¡Me embarazó! —Todos rieron y fui a tomar asiento. —Vamos, Doc, mi hermana tiene que salir del loquero, diga que estoy sana. —Debes orinar aquí. —me dio el frasco. —te sacaré sangre y tomaré tu presión. Fui a obligarme a orinar y cuando regresé Alessandro conversaba con Kyle. Le entregué mi muestra de orina a mi hermano, el cual rodó sus ojos y se quedó observándola con detenimiento. —¿Cuánta agua estás tomando a diario? —preguntó mi hermano. —Una botella cada dos horas. —¿Cada cuánto orinas? —preguntó el médico. —¿Cinco, tres veces? —contesté. —Estás reteniendo líquido, Serena. —Dijo el médico y me comenzó a tomar la presión. —Su orina está turbia, deberíamos intérnale. —¡No! ¿Se drogan? No, no quiero que Ada se moleste. —Que se lave el culo, lo que importa es el bebé, y tú…—Dijo mi sobrino mayor ganándose un pellizco por parte de su madre. — ella ya está cagada. —Percy, hablas de tu tía, ¿crees poder no usar tantas malas palabras? —Iré hoy a ver a mi hermana, luego me internaré y nadie llamará a Facundo hasta que sepamos qué tengo. —Anuncié. —Si algo sale mal… No me volverán a ver ni a mis hijos. Desayuné las dos claras de huevo y un batido proteínico según mi madre, luego fui a terminar de vestirme. Me puse un camisón, dos tallas más grandes y tacones, me fui en el auto con Laini y Kyle. Los dos parecían felices, se veían con aquellas sonrisas cómplices y no dudé en preguntar qué, mi hermana suplicó para que mi hermano dijera que podíamos contármelo, finalmente me mostró su mano y la de mi hermano antes de que empezáramos a chillar. —Zack llegó y dijo lo que siempre quise que dijera y luego Kyle respondió lo que siempre mi corazón ha necesitado, así que fuimos al juzgado, sacamos la licencia y nos casamos. —Serás la dama en la boda cara, sensual y lujosa que tendremos. —los tres reímos. —Se cumple lo de que el lugar no importa cuando es la persona adecuada. —Dije. —Felicidades, chicos. Por supuesto necesitamos una boda. Llegamos al retiro Pieth para personas con desequilibrios temporales, me pregunté si no se prolongaría cuando se dé cuenta de que estoy embarazada. Emma nos indicó qué haríamos y cómo, mi hermana estaba en una habitación que parecía una casa para una familia de siete, me pregunté cuánto están pagando mis padres por eso y cuánto hubiese pagado por las locuras de alguno de nosotros. Mi hermana estaba en una sala pintando. —Ada, ¿estás lista para salir? —preguntó Emma y ella asintió. —Sabes que tienes que decir las cosas, así que empieza. Se disculpó con todos menos conmigo, mis hermanos y mi cuñado se le quedaron mirando en espera de una respuesta, o mejor dicho una disculpa hacia mí. Sentí una mano posarse sobre mi hombro, me volteé hacia Facundo, el cual tomó mi mano y entrelazó nuestras manos. —Me tengo que ir a internar. —Solo quería que no estuvieras sola, puedes molestarte después. —Sonreí y Facundo musitó una disculpa. Mi hermana comenzó a mostrar su faceta como dibujante, su forma de ser única y especial, Facundo por supuesto se burló pasivamente de ello a mi lado, ambos comenzamos a explicarnos cuán satisfactoria era la situación, nunca habíamos disfrutado una exposición como esta jamás, hasta este momento. —¿Esta es su forma de sentirse mejor por estar en un sanatorio? —preguntó Percy. —Lo ves, eso es ser cruel. —respondió mi esposo. —Tía Ada. —dijo Percy. —Quiero que te disculpes dos veces. —¿Percy? —dijo su madre. —¿De qué va esto sino? —preguntó su hijo de vuelta y la doctora asintió. —¿Qué es lo que quieres? —¿Recuerdas cuando estábamos pequeños? Yo tenía cinco y tú tenías diez, tenía aquel buñuelo maravilloso y crujiente, abuela lo apartó para mí y tú te lo comiste en mi cara, luego dijiste que fue tía Serena. Tía Sere, se llevó el castigo, pero yo sí sabía que fuiste tú y tú sabías que no fue Serena. Heriste los sentimientos de Serenú y los míos. —No recuerdo eso —Contestó y se dio media vuelta. Aparentemente mi sobrino, cinco años menor que nosotras insistía en que su tía tenía que recordarlo, ni siquiera yo recuerdo haber recibido el castigo, pero Percy comentó detalles como el clima que hacía y en poco tenía la atención de todos los presentes. —Todos estábamos en casa de los abuelos. Era un día lluvioso por lo que hicimos las pizzas en la chimenea. Pero sabían extrañas porque la ceniza de la chimenea le había roseado algo. —Entonces lo recordé, sí lo hizo. — Tía Addi sentía las náuseas de su embarazo, pero creía que era gripe, —mi hermana dejó de caminar y se volteó hacia mi sobrino mayor el cuál seguía dándole detalles. — Abuelo insistió con que estaba embarazada, pero estaba el cambio de estación y todo estaba muy lluvioso, entonces ella dijo que era la gripe estacionaria. Estabas vestida de blanco y sonreíste con cada mordisco que le diste, me tiraste las boronas y tía Serena solo vestía de n***o, siempre estaba en otra nube, algo pasaba con ella, parecía ser la decaída mentalmente de la familia. Ahora entiendo que intentaba cubrir los senos porque tú no tenías. —Percy... —Le amenazó su padre. —Le ayudo a recordar—mi mamá asintió. —La cocina seguía pintada de amarillo. El estampado era blanco. Yo vestía de rojo. Fue un cumpleaños de abuelo, por eso comimos buñuelos. "Buñuelos gigantes por ser para el más grande..."—Canturreo lo último un par de veces más. —¡BASTA! —gritó finalmente. Facundo, Percy y yo estallamos en carcajadas silenciosas y mi hermana se quedó seria, en silencio. Mi cuñada intentó apaciguar el acto de persuasión de su hijo, pero mi hermana parecía no responder. —Perdón Percy, pero tengo demasiadas cosas por las cuales pedirle una disculpa a mi hermana, el buñuelo, el castigo, sus novios, las mascotas, el choque del auto. —¿El choque del auto? —Me abofeteaste por esa —Acusé a mi padre el cual continuaba viendo a su hija consentida con sorpresa. —Serena son idénticas. —Papá, el policía tenía que creer eso, pero cuando Daniel la sacó y te cotillearon, viste el auto, no debiste creer eso, somos física y mentalmente opuestas. Te perdono, todo eso, pero jamás te voy a perdonar hacerme sentir siempre menos o culpable, estar embarazada debería ser algo bonito, pero tú lo has manchado con tu negatividad e histeria. —¿Tendrás un bebé? —¡Sí y seré una mamá feliz! No pediré disculpas por no haberlo intentado o por pintar su habitación color caramelo o alguna estupidez, porque estoy cansada Ada, no eres la jodida víctima, peores cosas le pasan a la gente seguida, despierta y muévete, mamá nos sacó adelante con seis niños más y un montón de miedo. Salí molesta acompañada por Facundo quien me llevó al hospital, en cuanto llegué me tomaron de nuevo la tensión, la cual estaba más alta, me asignaron una habitación y conectaron todo lo que se les ocurrió a mi cuerpo y mi barriga. Le pedí a facundo que saliera unos minutos y el médico de la vez pasada se hizo cargo de mí. —¿Aún no lo sabe?—dijo negué con la cabeza. —Es mi sorpresa navideña. —dije y el hombre rió. —Creerá en los milagros y las cuentas caras. —El poco sexo. —Defecar será un reto—Ambos reímos. El médico se sentó a mi lado y me explicó qué era la Preeclampsia y por qué debía relajarme y evitar que mi tensión aumentara, ponía en riesgo mi vida y la de mis bebés. Por lo que sin importar la insistencia no recibí a ninguno de mis hermanos por nada del mundo. Tomé varias siestas, baños de agua tibia. Revisé revistas y me puse al día con los chismes de famosos. Por lo que, al abrirse la puerta me asombré y más aún cuando entró Sofi, la pequeña corrió y tomó asiento en el sofá, pego el espacio en el borde de la cama y colocó su cabecita sobre el borde de la cama con sus manos en las mejillas. Corrió hasta mi cama. —¿Te puedo contar algo y no se lo cuentas a nadie? —preguntó y le hice un campo en la cama. —Te contaré algo súper emocionante que no le puedes contar a nadie primero. —Ella asintió y le invité a cobijarse conmigo. —Tendré cuatro bebés. —¿En serio? —Asentí y sonrió emocionada. —Debería llamarse Sofía alguna. —le di un par de besos en las mejillas y uno sobre la nariz. —Tienes mi secreto, cuál es el tuyo. —Parker me dio un beso. —Quería chillar, pero Sofía no era Laini, y podría acabar tan apenada que saldría corriendo sin parar. —¿Por qué? —Me invitó a comer helado, pero le pedí permiso a Xavier para ir y cuando… Fue raro. —¿Raro con mariposas y nervios o raro con chispas? —Chispas, extrañas como escalofrío, fue como si me estuviese dando un ataque, no sé… raro. —reí. —¿Te lo dio luego del helado? —Asintió—tus labios quedaron calientes. —¿Quieres detalles?, las mamás no hacen eso. —Soy una cotilla. —Duró mucho tiempo y me quedé sin aire y me picaron los labios y tuve que meterme una cucharada enorme para que Xavi no sospechara. Igual creo que sabe. La puerta volvió a abrirse e ingresaron los Laggun con regalos. —¿Alguien tuvo una cita hoy? —Dijeron Xiomara y Tom mientras hacían ruidos de besos y maullidos. —¡En moyo! —Gritó Xiomara y la pequeña les miró horrorizada. — ¿Qué tamaño de helado te compró? —preguntó Facundo antes de reír. —no puedo creer que se lo hayas pedido a Xavier y no a mí. Soy el discreto. —Sí, claro. ¿Cómo Gossip Boy? —preguntó Tom. — XOXO toda la familia lo sabrá, "Gossip Boy". —comenzaron a reírse de Facundo y el trauma que Xiomara le había causado. —Son chismosos, acorraladores y metiches; son crueles. —Dijo Phil antes de salir. Le di un beso a Sofía en la mejilla quien estaba atormentada y sonrojada, Xavier fue a ver qué le pasaba a su hermano mientras yo evitaba más chistes hacia la más pequeña. Facundo y Phil volvieron algo serios. —¿Qué pasó? El doctor ingresó y me dio una gelatina. —Te vas a casa, a ser una mamá responsable de tus hijos y cuidando un embarazo, responsablemente, con poca sal y yoga, nada de sexo y tienes que vigilar tus heces y orina. —¿Por qué mis heces? —Muchas se estriñen durante el embarazo, pero quiero que aprecies cuán fácil es defecar ahora. —Le arrebaté su gelatina y rió con ganas. —Adiós, no vuelvas hasta que se vea la cabeza afuera, me caes bien y me alegras, pero, si te vuelvo a ver en una semana así de mal como llegaste no pasarás tres días, aquí serán tres meses. Con Karla, la enfermera sexy. —reí y me despedí. Los chicos salieron para que Facundo y yo arregláramos las cosas, que llevaría a casa, me cambié por un buzo y até mi cabello, mi esposo me recordó lo guapa que estaba y me dio un beso sobre los labios y tomó mi mano para salir de la habitación. —¿Qué es lo gracioso de Karla? —Come cosas con grasa y no se lava bien las manos antes de tocar sus pacientes. —respondí y él asintió, El viaje en el auto fue tranquilo a excepción por la actitud hostil de Tom hacia sus hermanos. Lo dejamos pasar por un par de días, pero cuando llamaron del colegio por un comportamiento histérico algo agresivo, Facundo dejó su rincón de hermano pasivo y pasó al hermano confortativo, feroz que es; sin embargo, su hermano caminó hacia su habitación y se encerró a la hora de la cena volvió a bajar para comer con nosotros. —Podrías darme una explicación. —¿Estamos cenando? —Contestó molesto el chico. —Yo almorzaba y acabé poniendo excusas por mi hermanito en dirección. ¿Qué es lo que pasa? —No es nada. —Puedes molestarte conmigo. —No. Estoy molesto con todos, nada jamás será igual. —Tom, me enloqueces cariño. —dije y le tomé de la mano. —Necesitamos saber, nada es lo mismo si estás molesto, te amamos, solo queremos saber qué pasa. —Se burlan de mi hermana por dar su primer beso y mi otra hermana duerme con hombres casados, Tom me arrastra por pasillos, no están bien y no podrán quererme, no me querrán jamás. —¿Cuánto dinero me robaste, prometo no intentar matarte? Si dañaste el auto, a todos no ha pasado. —Soy gay, bastante por eso tu amiga me hablaba, porque el mismo diseñador que le gusta me gusta y conseguí entradas. Y ahora harán eso de verme, pues véanme en cinco minutos no me verán. Fue por su chaqueta y tomó las llaves del auto, facundo tomo el cuchillo con el que estábamos cortando el pollo. —Si alguno se atreve a fastidiar a mi hermano será nuestra siguiente cena. —Ahora no podemos hacer chiste con la palabra gay. —No. —respondí a las gemelas y las dos asintieron. —Él sabe que nos sigue cayendo bien, es como cuando Xio tuvo dos novios, es raro pero la queremos. —O... cuando vimos a Fack en el centro comercial tomándole la mano a la señora en la joyería. —dijo Royce. —No, no es lo mismo que eso, cariño. —¿Por qué? —Por que cuando tu hermana lo hizo era tu hermana no conocíamos a los tipos pero a mí me conocen, me adoran, me mienten juntos y soy la que les da de comer, me casé para que fueran felices, así que el cuchillo con el que cortamos la cena debería partir en trozos a su hermano por pasearse con su amante en el jodido centro comercial, a una joyería, de la mano. Sabes que es lo que me caga más sé que tiene unos cuarenta usa canas, tiene el cabello castaño y es flaca como un palo. —Serena necesitas calmarte, cariño. Necesitas…—dijo e intentó tocarme. —Sí, era muy guapa, tenía unas botas altas y los ojos verdes. —Todos los chicos inclinaron al cabeza hacia Rayna. Facundo se puso en pie y caminó hacia mí. —No se te ocurra, no se te ocurra tocarme. Comparto la custodia de seis y estoy esperando más Facundo, lo mínimo que pudiste haber hecho fue ser discreto. —Lo dice la que durmió con mi mejor amigo. —¡Antes! ¡Antes de casarme! Cometí un error, en mi adolescencia, estás por cumplir cuarenta y ella cien, así que los dos conocen los resultados y la discreción. Eres un cerdo, maldito y lo que querías era esto, el drama y la tensión —Dije antes de tirarle el plato de comida, el candelabro, el adorno navideño y finalmente ponerme en pie. — Facundo cuánto más tengo que pasar, me lo has quitado todo y me lo das cuando te nace; ya no tuve un cuento de hadas de boda, no tuve una pedida romántica, no estoy siquiera segura de que el padre de mis hijos me ame como lo hago yo, cometí un error ¿cuántas veces lo he de pagar? —No... no más esto... —Facundo, ¿con quién? Simplemente, dilo, di si no quería pegarme en la cara, con esto querías que me doliera, que sangrara, dilo, en voz alta, lastímame, ¡Vamos dilo! Di su nombre no seas maricón y dilo. —Bien... me acosté con Ivana. —Facundo lo hiciste cuando iniciamos, hace tres años lo repetiste y ahora. Venderé la noticia para que puedas disfrutarlo. Sabías que según el acuerdo soy libre de irme cuando quiera. —Ser... —¿Quieres saber algo más? —Me acerqué. — Daniel quiere torturar a mi hermana y yo justo ahora quiero torturarlos a ambos. Me quedo aquí, en tu castillo de cristal, para que veas en los cristales cuando no estoy y te tortures pensando en dónde estoy y qué hago con él. Fui hasta mi habitación y me encerré en ella, luego en el baño y me senté a llorar mientras pensaba en la triste y las malas decisiones de mi vida, me pregunté cuándo había dejado de amarme tanto que el pecho me ardía. El único ardor en mi pecho me decía cuán triste se había vuelto mi vida. A la mañana siguiente me desperté y preparé el desayuno para los chicos. —Si quiere… —No quiero hablar. —respondí y mi cuñado depositó un suave beso sobre mi mejilla. Mi amiga entró a la casa con un montón de muestrarios, negué con la cabeza y ella me dio un fuerte abrazo. —Buen día. —dijo Facundo. —¿Quedó café? —tomé la jarra y boté el contenido. —los espero afuera.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR