Su perfume, a madera con un leve toque de sudor, se colaba por mi nariz.
Los pétalos de los girasoles se movían al compás del viento.
El canto de los pájaros, a lo lejos, creaba un aura de tranquilidad.
¿Y nuestros labios?
Se rozaron.
Fue algo lento, sutil, delicado. Cerré los ojos, dejándome llevar, sonriendo apenas. Su mano acarició con suavidad mi barbilla, provocando que suspirara. Su lengua entró con delicadeza, y me dejé envolver por él.
El roce de la yema de sus dedos, el beso lleno de ternura... y mi corazón respondió con latidos fuertes, desesperados.
Con lentitud, detuvo el beso. Yo también lo hice, sin poder evitar soltar una pequeña risa. Fue una sonrisa cómplice. Cuando estuvimos a punto de hablar, escuchamos un grito de uno de los guardias que patrullaban la zona. Al parecer, nos había visto besándonos y nos llamó la atención.
Logan, con una sonrisa vivaz y llena de vida, tomó mi mano y nos dirigimos al campamento.
Esa mañana la pasé con él, paseando junto al lago, riendo, dejándonos llevar.
Porque el amor no se dice. Se siente.
Y mi corazón me gritaba que él, Logan Stone, era el amor de mi vida.
El tiempo pareció detenerse, dándome ese respiro que tanto necesitaba.
Alrededor del mediodía tuvo que despedirse; tenía algo que hacer en la biblioteca. Lo agradecí pues no quería ser yo que lo despidiera pues: también debía practicar con mi equipo.
Me dirigí a cambiarme, y tras encontrarme con mis compañeros, llegó él.
Llegó como mi tormento.
Una sonrisa inconfundible, un aura arrolladora y un club de fans detrás que casi babeaban mientras lo seguían. Hice lo imposible por ignorarlo y caminé directo hacia mi grupo. Luke por otro lado se acercó con uno de los remos, sonriendo con descaro.
—Cerecita, ¿estás lista para perder?
—Eres tan idiota como iluso —dije, acomodándome en el kayak de mi grupo.
—Espero que no llores cuando te gane. Recuerda: solo quedan tres días para que comas polvo... o en este caso, agua.
Lo ignoré, pero los siguientes tres días fueron mi castigo.
Me lo encontraba en todas partes, como si el universo quisiera burlarse de mí.
En la cena del grupo, no hubo otro lugar y terminé obligada a sentarme junto a él.
En la biblioteca de las cabañas, lo vi varias veces, supuestamente buscando a su hermano Logan.
Y en lugares donde no tenía que estar... también aparecía.
Incluso juraría que, desde el baño de las chicas, lo escuché cantándome desde afuera.
Con rabia contenida, me tapé los oídos dentro del cubículo, deseando poder callarlo con cinta adhesiva.
—Oye, ¿no es Luke el que está cantando afuera? —preguntó una voz femenina.
—Sí. No sabía que tocara la guitarra —respondió otra, divertida.
—¿Crees que le esté cantando una serenata a alguien?
—No me sorprendería —añadió una tercera—. Escuché que esta mañana casi lo encuentran "ocupado" con una chica en los baños.
—Entonces sí, seguro que esa serenata es para ella —comentó otra—. Qué suerte tienen algunas.
Las risillas cesaron. Se fueron. Pero Luke seguía cantando. Reconocí la canción, era: All of the Stars, de Ed Sheeran. Cantó hasta el final. Luego, silencio.
Por fin... paz.
Aunque dentro de mí, algo quería más. Quería seguir escuchándolo pues una parte de mi muy masoquista le gusto. Negué con la cabeza. Tenía que fingir que eso nunca pasó. Me arreglé, pero en cualquier sitio al que iba, él aparecía.
Con su tono ególatra.
Con su sonrisa petulante.
Y con esa mirada que lo reclamaba todo.
Odiaba que las chicas lo siguieran.
Detestaba que fuese tan popular con los chicos.
Y, por sobre todo, que solo me prestara atención a mí… para molestarme.
El viernes fue más de lo mismo. Apenas me vio, sonrió y se acercó con paso seguro.
—Vaya, cerecita… ¿estás lista para perder?
—Oh, por favor, Luke. No te lo creas tanto.
—Vamos, si me hablas lindo, te dejaré tomarte una foto conmigo y mi trofeo.
Me sujetó de la cintura con una actitud posesiva. Lo empujé de inmediato.
—¿Quieres limpiar mi trofeo, Stone?
Él solo río con una expresión vivaz y encogió los hombros.
—Ya veremos quién gana, cerecita.
—Ya veremos quién le gana a quién. —dije.
Sus ojos jade se oscurecieron. Rompió el hechizo con un leve movimiento de cabeza.
—Ánimo, cerecita. No te vayas a volcar en tu kayak.
Me guiñó un ojo.
Odiaba que me afectara tanto.
Logan se acercó tras terminar de hablar con una chica. Sus ojos jade me examinaron con detenimiento.
—¿Estás lista? —dijo con suma tranquilidad.
—Sí. Prometo callarle la boca a tu hermano.
Soltó una risa seca, pero amable. Me acarició el cabello con esa ternura juguetona que tanto me gustaba. Pero entonces lo sentí.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Me giré y lo vi.
Luke, observándonos.
Su expresión, furiosa.
Apretaba el remo con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.
Lo ignoré. Ese día brillaríamos.
—Esfuérzate, Melody. Solo te veré a ti.
Su comentario me provocó un leve sonrojo y una sonrisa involuntaria. Me preparé junto a mi equipo. Hablaban emocionados, convencidos de que podíamos ganar. Su entusiasmo me contagiaba. El sol estaba brillante, el olor a nuestro alrededor se mezclada con el moho, y el viento acariciando mi cabello me daba entender que el día seria hermoso para esa competencia.
—¡Bueno, chicos! ¡A ganar! —gritó el capitán.
Éramos solo tres que íbamos a competir y eso no podia quitármelo el tonto de Luke. Estábamos en la final. Los vítores estaban dirigidos, por supuesto, a Luke. A pesar de que alguno de mis compañeros se puso nerviosos, yo por mi lado le recomendé ignorarlo pues ellos eran solo eso, un ruido inútil. Al posicionarnos en el kayak acomodaba mi coleta para que no me molestara. Parpadeé varias veces para acostumbrarme a la luz. Respiré hondo para tranquilizarme, y sin esperarlo:
Sonó el pitido.
Comenzamos a remar de manera tan sincronizada que parecíamos un reloj suizo. La corriente golpeaba bajo mis remos. El agua chocaba contra nuestros cascos. El dolor en mis manos era agudo mientras sujetaba el remo. Mi respiración se agitaba a una velocidad sorprendente. Y la adrenalina comenzó a invadir mi cuerpo.
Nuestra coordinación era tan envidiable que parecíamos un reloj suizo y nuestros remos parecían parte de nuestros cuerpos. Avanzábamos con furia. Nos acercábamos cada vez más rápido hacia la meta.
La emoción en mi cuerpo me invadió, definitivamente si podríamos ganar.
Y entonces...
Un silbido agudo, claro y cortante atravesó la tensión.
Giré el rostro. Era Luke. Sonriendo, confiado.
—Vamos, cerecita. Si te esfuerzas un poco más, tal vez me ganes —dijo en tono burlón.
Me desconcentré un segundo. Como si hubiera sido una advertencia divina esos segundos se volverían mi tormento. Ese silbido destrozo mi concentración no solo me afecto a mí, sino a mi equipo igual. Nuestro kayak chocó de lleno contra el suyo.
Volcamos.
El agua helada me cubrió.
Todo fue caos.
Grité con frustración al ver a Luke riendo mientras aun remaba con su equipo.
—¡Eres un idiota! —grité a todo pulmón.
Con la ayuda de mi equipo, nadé hasta la orilla tras quedar de tercer lugar pues era el único puesto que quedaba. Salía junto a mis compañeros que estaban bajoneados, pero yo, yo no estaba asi ¡Estaba sumamente furiosa! Empapada y enojada.
Muy probablemente mis mejillas tendrían el mismo color de mi cabello por mi enojo. Mi sangre hervía. Respiraba erráticamente por la furia que sentia en esos momentos. Me acerque a él apretando el puño y al llegar a Luke simplemente lo apunte con enojo.
—¡Tú hiciste trampa!
—¿Trampa? Para nada, cerecita —dijo, con esa sonrisa arrogante que me hervía la sangre—. Es la ley del más fuerte. Aún te falta experiencia para estar a mi altura.
—¡Idiota! —grité, furiosa. Las gotas de agua caían por mi dedo.
Mis palabras parecían perderse entre los aplausos. Para todos, yo era solo una lunática más, desahogando su ego herido. Al ver que solo me intento provocar con su sonrisa petulante, solo me di una vuelta y lo deje en su absurda celebración de trampa.
Ese día me encerré en mi cabaña y no quise ver a nadie. Ni siquiera dejé que Logan se acercara. No fui a cenar. No hablé con nadie.
Solo el silencio me hizo compañía… hasta que escuché un leve golpe en la puerta.
Me acerqué, pero no abrí.
Algo se había deslizado por debajo.
Una carta.
Al verla, un escalofrío recorrió mi espalda.
Tenía mi nombre escrito a mano… y olía a él.
La abrí.
“Esto apenas comienza, cerecita.
No vas a poder librarte de mí tan fácilmente.
Muy pronto vas a entender por qué.”
Mi cuerpo se tensó. El corazón me retumbaba en los oídos.
—¿Qué…? —susurré con la carta temblando entre mis dedos.
¡¿Qué demonios significaba eso?!
Una cosa era segura: desde ese momento, iba a mantener a Luke Stone
a tres metros sobre el cielo... y aún más lejos de mi vida.
Porque esta guerra apenas empezaba.
Y yo pensaba ganarla.