"No te metas con la madre de un Esquizofrénico"
Poe
Una bala roza mi mejilla y me echo a reír por la expresión del hombre frente a mí, está aterrado hasta la mierda y se nota. No puedo evitar jugar con él, es como una rata asquerosa encerrada en un laberinto del cual sabe que jamás saldrá, disfruto mucho de eso.
—Poe, cariño mátalo de una vez. —Murmura g*****a tras de mí mientras rompe el cuello del chico que hace unos segundo se atrevió a batallar con ella cuerpo a cuerpo.
Pobre diablo ¿en qué pensaba?
—Ya voy, hermosa.
Pongo un pie adelante y el muy inepto vuelve a detonar del gatillo, con una de mis espadas la hago rebotar y dar en el ojo de uno de sus compañeros de lucha. Su boca casi cae al suelo de lo sorprendido que está, yo aprovecho ese momento para soltar una carcajada y cortar su cabeza llenando toda la pared en donde lo tenía acorralado de sangre.
—Ya era hora, aún quedan más.
Veo como Miguel detona una bomba que estaba cerca del auto, y con ella se lleva varias vidas. Estos gusanos se van multiplicando y son cada vez más, ¿De dónde salen tantos?
—Parece que ya nos esperaban.
Alguien me toma del cuello por detrás y otro me golpeó en el estómago, es entonces cuando Marcus cae prácticamente del cielo y con una enorme sonrisa le atraviesa el corazón, la persona que me sostenía cae, Trisha sonríe nerviosa al parecer fue ella quien metió una bala en su cabeza.
—Gracias. —Comenté cuando clavo un cuchillo en la boca de una pelirroja que venía tras ella.
Al parecer los c*******s son ahora los que se multiplican a nuestro alrededor, lo que indica que muy pronto nuestra diversión acabará.
Mi celular vibra y lo saco para responder un mensaje de mi madre, por lo que veo está molesta porque no fui a su cumpleaños hace dos semanas. Corté las manos de cuatro personas que venían hacia mí y le respondí con un emoticón triste. Prometo ir en lo que tenga tiempo, ma. Los gritos se vuelven molestos y terminó por cortar sus cabezas para que hagan silencio o me causan migraña.
—Poe, ¡cuidado!
El grito proveniente de Miguel se escucha lejano por el golpe que recibo en la cabeza, es agudo y hace que se me nuble la vista. Escucho sonidos secos provenientes de balas pero todo me da vueltas.
Yo nací en un mundo irreal,
A punto de ser un criminal.
Me propuse nadar contra el mar,
Y pude nadar y pude nadar.
Tuve un sueño y lo quise alcanzar,
Me dediqué a trabajar.
Yo juré que nunca jamás
Iba a mirar, mirar hacia atrás
No renunciaré.
La primera estrofa de la canción de mi celular suena y no tengo ni la más mínima idea de donde ha caído, me dispongo a arrastrarme por el campo de batalla que creamos en busca de alguno de mis amigos.
—Ven aquí —La rubia me levanta con una mano y me da dos bofetadas.
—Eso te pasa por perder de vista a Marcus, el muy canalla te dio con el codo en la cabeza. —La voz de Miguel se escuchaba muy divertida, estoy seguro que está disfrutando de este momento.
Siento náuseas y trato de sentarme en algo, cuando por fin lo hago el olor a sangre inunda mi fosas nasales me senté en un c*****r, tomo fuerte mi cabeza con ambas manos intentando contener el dolor pero me es imposible el golpe de verdad fue muy duro me duele hasta intentar cerrar la boca.
Un vago recuerdo llega a mi mente, lo reconozco de inmediato es del día en que mi padre por primera y última vez agredió a mamá, se ve tan claro como si lo estuviera volviendo a vivir los vellos de mi cuerpo se erizan y siento una corriente caminar por mi espina dorsal. La ira se está apoderando de mí, tanto que no la puedo resistir.
— ¡Bruja! ese sueño tuyo ya no va a volverse realidad, olvídalo.
Estaba ebrio, como siempre. Me encontraba en mi habitación sacando los intestinos del hámster de mi hermana menor, Camille, cuando escuché el primer grito, lo ignoré por completo como siempre hacía.
Mi madre Garmet, era una novelista frustrada. Le encanta leer y escribir mil historias que pasan por su mente, toda su adolescencia trato de vender uno de sus libros a alguna editorial pero nadie prestó atención a sus escritos.
Pablo, mi asqueroso padre. Era un bruto por naturaleza, su familia a pesar de ser buena y con valores lo educo a él de una mala manera, le inculcaron el machismo, para él mamá solo era una sirvienta luego de casarse, como él mismo decía "solo preocúpate de limpiar, cocinar y cuidar de los niños. Ese es tu trabajo mujer."
Para su mala suerte, ese día no estaba de buena y cometió un grave error al ponerle la mano encima conmigo presente. Garmet se encontraba en la cocina haciendo la cena donde por cierto también estábamos mi hermana y yo, Pablo como todas las noches luego de trabajar llego ebrio, molesto y agresivo, empujó la puerta fuerte y agarró a mamá por el cabello, sin importarle que sus hijos nos encontrábamos en el mismo lugar, chocó su rostro con la mesa de la cocina y Camille comenzó a gritar aterrada por la sangre que brotaba de la nariz rota de la agredida.
Yo, en cambio había entrado en un estado de shock que por lo general mi psiquiatra llamaría "Primera fase", esa que sucedía antes de que perdiera el control total de mi cuerpo algo que con el tiempo ya he logrado controlar a la perfección.
Al recuperar todos mis sentidos y dejando de ser racional tome uno de los cuchillos de mi madre para cortar la carne y atravesé con el arma blanca la espalda del abusador varias veces hasta que dejó de moverse por completo.
Ese día mi propia madre fue quien llamó a la policía, se ocultó junto con mi hermana en un armario, unos meses después recuperó sus sentidos y alegó a mi favor ante el jurado, que deseaba encerrarme de por vida tras las rejas. La psiquiatra que llevaba mi caso argumentó que sufría de un desorden mental, que ella estaba interesada en investigar y que si mi progenitora firmaba los papeles correspondientes, me liberaría de una muerte segura en la cárcel.
Mamá cayó en su trampa, firmó con lágrimas aquellos documentos que me encerraron por un largo tiempo en una prisión a la que nadie deseaba entrar, el manicomio donde jugaban con nuestras mentes y nos exponían a pruebas macabras, desde choques eléctricos donde caían inconscientes muchos, hasta inyecciones que quemaban nuestras venas. Las drogas eran nuestro pan de cada día, el dolor motivo para saber que seguíamos vivos.
— ¿Poe?
Alcé la vista y noté a g*****a a escasos centímetros de mi cara, escudriña cada parte de mi ser con esos ojos penetrantes de puma.
—Cariño, ¿estás bien? —asiento lento y pausado porque aún estoy un poco atontado, empiezo a creer que Marcus lo hizo a propósito.
—Estoy bien, solo dame unos segundos y me repondré rápido. —Le doy una sonrisa socarrona que por alguna extraña razón le encanta, me da un beso en los labios y se endereza haciendo un gesto con la cabeza.
—Marcus, ¡Cálmate! —Miguel trata de evitar que el monstruo clave su cuchillo, en quien tenía años sin ver, desde el escape del manicomio y que altera tanto a Dylan.
— ¿Qué hace Mika aquí? —murmura g*****a para que solo ella y yo escuchemos o de lo contrario Marcus nos matara sin pensarlo dos veces por lo alterado que está.
—No lo sé, pero nunca imagina encontrarlo en este lugar.