Capítulo XVIII

1059 Palabras
"En busca de tu felicidad" Galatea. Un mensaje, eso bastó para ponernos en marcha a donde todos creíamos se encontraba el espíritu de Angy, la novia de mi amigo Dylan, porque a pesar de que ellos no se daban cuenta, eso eran. La preocupación del chico de ojos azules se reflejaba a través de sus ojos, aunque el mismísimo Marcus quería evitar que cualquier emoción saliera del cuerpo, no podía. —g*****a, al llegar necesito que coloques estas bombas por todos lados. —Asiento porque enserio quiero ayudar, ya me da igual si otros vienen por la acción y la sangre. Yo quiero salvar a esa persona con potencial para ser mi amiga, desde que perdí a Evelin en lo que creímos "sería la mejor hazaña de nuestras vidas" patrañas, lo único que pasó el día en que quisimos ser heroínas y proteger a unos estudiantes de secundarias de ser robados por los bandidos de la ciudad fue una golpiza y balas. Ella fue la que corrió con la peor suerte tras gritar pidiendo ayuda, Caleb, el imbécil que vivía a unas cuadras de mi casa apuntó en dirección a su cabeza, ocasionando que el sonido seco del disparo y el cuerpo de Evelyn al caer en el asfalto se quedarán grabado en mi cabeza de por vida. La mirada de Miguel quien conduce me trae de vuelta a la realidad, dejando en claro que los tres chicos en el auto saben en lo que pienso, a causa de la mueca que opte como costumbre cada que recuerdo ese fatídico día. Esa quizás es la mala suerte de tener amigos a los cuales conociste en un manicomio, porque si, así fue como nos conocimos. Tenía solo quince años cuando presencia la muerte de mi mejor y única amiga, el psicólogo que llevó mi caso no vio mejoras en mi salud mental, así que termino refiriéndome con su esposa la cual era una excelente psiquiatra. Pero el detalle fue que ni siendo la mejor pudo calmar mis demonios, a los dieciséis metí una bala entre los ojos de Caleb como venganza, nadie pudo detenerme ni su madre quien alegaba ante los abogados que su hijo era un santo. A esa misma edad el psiquiatra me diagnosticó Esquizofrenia indiferenciada, esa en la que no muestras señales de estar perdiendo la cordura pero igual la pierdes. La madre de Dylan, la cual ya había encerrado a Poe por mostrar demasiado interés en las armas filosas, en su uso con animales, a Miguel por poseer un coeficiente intelectual muy alto al que denominó Síndrome de Asperger e incluso su propio hijo en el que llevó a cabo varios experimentos para saber de dónde provenía su esquizofrenia y hasta qué lo llevaría. Doy un suspiro que empaña el vidrio de la camioneta en la que vamos, al menos llevo sentada en este asiento unos treinta y cinco minutos, pasando por un camino que hasta hace unos instantes dejó de ser asfaltado. — ¿Cuánto falta? —el GPS de la camioneta aun no suena, dando a entender que nos queda más camino que recorrer. —No lo sé, al menos una hora. El castaño se mueve incómodo en su lugar, la morena duerme plácidamente y Dylan, bueno él sólo está sentado justo en medio de ambas, mirando al frente pero es seguro que no está con nosotros, está metido hasta el fondo en sus más oscuros pensamientos. Quizás los mismos pensamientos que lo llevaron a matar a las enfermeras del manicomio, para darnos la libertad de ese lugar de espantos. —Cuando lleguemos hasta ese lugar, no tendré trasero que modelar. La risa de Poe llega a mis oídos y saca su décimo quinto dulce del bolsillo, la única manera en que puede mantenerse calmado si no quiere acuchillar a alguno de nosotros. Los recuerdos siguen llegando a mí, de una forma lenta y dolorosa, si tan solo esa mujer no hubiera colocado su diploma antes de la vida de los demás, todos estaríamos en perfectas condiciones. Si mis padres se hubieran dado cuenta que lo que corría por mis venas no era una enfermedad sino una sed de venganza, si los padres de Poe y Miguel no fueran tan ignorantes se habrían dado cuenta que sus hijos eran brillantes, pero que sus profesores les temían y los doctores solo querían saber cómo trabajaba su mente —El camino se acaba. —Murmura Trisha tras despertar. Si el padre de Dylan en vez de hacerle caso a su mujer y temerle a su hijo, le hubiera llevado con un sacerdote no habían ligado a su pequeño con un demonio, tal vez, él y nosotros seríamos normales y fuéramos aceptados por los demás. —De aquí en adelante esperen lo peor, francotiradores, violadores y más. —La morena carga su arma y le quita el seguro, la primera vez que vine me topé con una pequeña cabaña pero la segunda vez... —deja las palabras al aire y suspira profundo como tratando de pasar un trago amargo. — Volví con la policía, desmantelaron la cabaña y abajo en donde se supone es el sótano encontramos tantos c*******s de mujeres que muchos vomitaron. — ¿Cómo es que no encontraron a las chicas vivas? Los ojos curiosos de Dylan miran en todas las direcciones mientras bajamos del auto, él lleva una ametralladora en sus manos, pero está más que claro que prefiere atacar con el cuchillo que lleva escondido en su bota de combate. —Alguien les había alertado, pensaron que no volverían más a este lugar puesto que la policía sabía, pero con el cierre de toda la zona quizás tuvieron la misma idea que yo. Algo se mueve entre los arbustos y Poe lo ensarta con su cuchillo, los demás le cubrimos la espalda y cuando vuelve camina con el c*****r de un chico al que le calculo unos treinta años en sus manos. —Esconderse donde saben que nadie los buscara por la mera idea de que en un principio los encontraron ahí. —Chasqueo la lengua cuando veo el reflejo de un lente y disparó sin pensar logrando que quien fuera el dueño caída de bruces al suelo quebrando su cuello. —Que empiece el juego. —La voz de Marcus nos hace ponernos en guardia y caminar adentrándonos en el lugar.
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