"Necesita Ayuda"
Dos días despierta, unas ganas de morir inmensas.
Me habían despertado a la fuerza, retirando las vías por donde respiraba, no podía siquiera moverme en el lugar que me encontraba. Cuando abrí mis ojos por primera vez estaba postrada en una camilla, con varios tubos saliendo de mi cabeza, los retiraron y las náuseas junto al dolor cesaron, mi cuerpo estaba bien cuidado, tanto que no parecía haber dormido por un largo tiempo y lo notaba nutrido.
—No debiste despertar.
La chica de cabello rojo es mi acompañante del día, según lo que me contó hay veces en la que duran tiempo sin venir, así que opta por cazar y comer ratas para sobrevivir.
Le doy un asentimiento de cabeza y sigo mirando a la nada, no puedo hablar por el tiempo que pasé durmiendo y no hice uso de mis cuerdas vocales, tampoco puedo comer nada sólido. Al principio un hombre de aparentes cuarenta años, entró para retirar los tubos que pasaban sustancias extrañas a mi cabeza, trató de darme un bocado de una manzana que trajo, pero como dije no puedo comer nada sólido, así que cuando intenté tragar mi cuerpo reacciono por sí solo y termine expulsando todo.
Y como no estoy de viaje en las Bahamas de vacaciones, el hombre corpulento me abofeteó hasta que se cansó, los gritos de mi acompañante resonaban llena de pánico, otros dos sujetos que vestían de n***o al fondo no paraban de reírse de la situación.
—Recuerdo cuando mi mamá me cantaba canciones para calmarme, porque hacía un espectáculo por tan solo un capricho —ríe y bebe de una gotera que hay en la pared, se podría decir que se ha vuelto una salvaje. —Solía decirle que me importaba poco lo que tuviera que decir, ahora que tengo no sé cuánto tiempo aquí, es cuando más me hace falta escucharla, saber de ella y abrazarla.
El constante titileo de la bombilla que ilumina la habitación me causa una irritación enorme. —Debes acostumbrarte a esto, al menos seguimos con vida aquí. —Se queda callada y me giro para mirarle con claridad, me siento débil, mi compañera se ha encargado de darme algo de agua con sus manos sucias, y algunos restos de animal muerto que son tan blandos que puedo digerirlos.
—Las otras murieron mientras sus cuerpos eran consumidos por el virus que nos indujeron, vomitaban, convulsionaban e incluso pedían a gritos que las mataran. Tú y yo hemos sido siempre la excepción, mi cuerpo reaccionó ante el último virus, ocasionando que despertara mientras aún quedaban con vidas otras chicas, que con suerte me contaron los planes de estos enfermos y el tuyo parece haberse acoplado tan bien al virus que te hizo inmune.
La observé fijo y traté de pronunciar alguna palabra, pero una simple "a" desgarrada es lo que sale de mi boca y hace que la chica sonría. — ¡Bien! ya puedes pronunciar una vocal, en poco tiempo podrás volver a hablar con calma. — Reparé en que ha hecho su necesidad frente a mí sin darse cuenta, o quizás está tan acostumbrada que ya lo ignora.
—Claudia —me quedo petrificada en la camilla mientras veo al dueño de la voz pastosa entrar a la habitación, en cambio la mencionada aplaude entusiasmada. —Te traje algo de comer y tomar, los demás están en la ciudad.
Cabello n***o con mechones azules, ojos negros y profundos, un cuerpo bien formado y portador de un arma de fuego, es el chico que se acerca a la pelirroja.
— ¡Ya despertó! ¡Mírala Mika! —señala hasta mi lugar y el joven me ve con los labios entreabiertos como si estuviera procesando mi rostro.
—Ya veo, por eso has estado tan alborotada estos dos días. Bien, de igual forma traje suficiente podremos comer los tres aquí.
Mueve la bolsa de un lugar a otro y luego saca su contenido, panes, jugos e incluso agua. Parte en trozos los panes, dado que nota que no puedo caminar porque los músculos aún no están preparados para dar más allá de pasos pequeños, se acerca a mí y une nuestras manos, entonces deja un pedazo y algo de jugo en un recipiente mientras en otro deja el agua.
—No puede hablar aún, le cuesta mucho. —La voz de Claudia se escucha distorsionada porque devora como una fiera la comida.
—No hay problema, quizás en unos días volverás a hablar y moverte con naturalidad, que estés rígida es culpa del efecto de la droga que te han estado inyectando. —Ablanda aún más el pan con sus manos y luego lo une al jugo.
—Así podrás comerlo, será más fácil para ti tragarlo. — Se aleja y sienta en el suelo para comer lo suyo, mientras mira a la pared como analizando algo.
—Mika es uno de ellos, solo que bueno y obligado. — Ambos miramos a la chica que trata de domar su cabello con la mano. — ¿No es así? —el chico asiente cabizbajo y toma un sorbo de jugo.
—Debo dinero y la única manera de pagarles es encargándome de que nadie se acerque a este lugar, soy francotirador y mi lugar es en las afueras pero a veces me escapo para venir. La primera vez fue por curiosidad y me enteré de toda esta mierda, pero ahora lo hago para poder ayudar aunque sea un poco.
Una brillante idea cruzó mi cabeza así que empiezo a mover mis manos de una manera desenfrenada para que él sepa que lo necesito.
—Creo que le duele algo —comenta Claudia alejándose de mí. — Quizás, está muriendo como las demás. —Comienza a sollozar pegada a la pared y Mika se levanta hasta donde estoy tomando mis manos.
Trato de hablar pero solo suelto puras "a" el chico en cambio nota que no me estoy convulsionando o muriendo y saca su teléfono del bolsillo. —Si recuerdas cómo escribir, hazlo. —Coloca el aparato en mis manos y trato de teclear lo mejor que puedo.
Conozco personas que pueden ayudarnos, pero necesito llamar su atención para que sepan dónde estamos.
Mika frunce el ceño y me mira preocupado. — ¿Cómo nos ayudarían? estamos metidos en el bosque donde no existen las leyes.
¡Exacto! ellos no siguen las leyes y son de esta misma zona.
Un brillo de esperanza llena sus ojos. —Llámalos, tengo poca cobertura pero puedo hablar por ti. —Niego porque no tengo ni la más mínima idea de que numero tienen, jamás les pregunte.
Chasqueo mis dedos y ambas personas me miran expectantes. —Si tienes red social, necesito que escribas algo en ella. —Es lo último que escribo antes de que el chico responda apresurado cuando su comunicador comienza a recibir señales.