capítulo 9.

3168 Palabras
LOS MISTERIOS DE LOLA. Capítulo 9. Celos malditos celos Eran casi las 12 de la noche cuando sentí una guitarra, me quedé poniendo atención, escuché esa voz, me asomé a la ventana y oh por Dios era Juanse, divino con su guitarra cantando una canción hermosa. Bajé corriendo y abrí la puerta, las lágrimas salían de mis ojos, algo que decía así. Creo en tu amor Por mí Solo atrévete Y sígueme hasta el fin Y ya te encontré Tan dulce tú te ves Yo nunca pensé que fueras tú Lo que siempre esperé Éramos niños buscando amor Sin saber sentirlo Pero ahora no renunciaré Bésame lento, amor Tengo tu corazón El mío en tus manos ya está Saltaba como una niña pequeña, no canto tan hermoso como él, pero esa canción me encantaba, le respondí en voz baja. Bailaré en la oscuridad Abrazándote, descalzos al bailar Nuestra favorita ya sonó Y dices que te ves tan mal Yo susurré y dije Eres tan bella y la más perfecta, amor Encontré una persona Más fuerte de lo que pensé Mis sueños comparte Espero que nuestras vidas también Con esa sonrisa hermosa y con ese brillo en sus ojos, continuó con su guitarra. Tu mano pediré Soy tu hombre, y tú, mi mujer El futuro, en tus ojos, ya puedo ver Bailaré en la oscuridad Abrazándote, descalzos al bailar Nuestra favorita ya sonó Y dices que te ves tan mal Yo susurré y dije, Eres tan bella y la más perfecta, amor. Me lancé a sus brazos, con los ojos aún cristalizados lo besé. —Gracias cariño, que linda sorpresa. —¿Te gustó? —inquirió. —Mi vida tú siempre sabes cómo sorprenderme, te amo, te amo. —Para la dueña de mi vida siempre lo mejor. Me dió un beso y me abrazó en silencio, deslizó su nariz por mi cabello inhalando mi aroma. »Sólo sueño con tenerte conmigo días y noches —Susurró. —Igual yo cariño —respondí. —Bueno ahora sí mi princesa, duerme sueña bonito. —Claro que sí contigo, gracias por el detalle, me encantó. Me cargó, nos besamos apasionadamente. Regresé a mi cuarto, ahora sí a dormir, a soñar con una vida perfecta a su lado, ahora todo es luz en mi vida. Continuamos con nuestra rutina diaria, la casa, la universidad. Esos días Juanse estaría un poco ocupado ya que estaba en sus exámenes finales para su graduación, faltaba solo un mes para graduarse. Me sentía muy orgullosa de sus logros. También me dijo que esa semana iríamos a ver algunas opciones de casa. Estaba feliz por eso, ansiosa y nerviosa, muchos sentimientos encontrados. El jueves en la tarde me recogió, iríamos a ver una casa, estaba tan feliz, llegamos y hablamos con el casero que nos la enseñó, era pequeña con dos habitaciones, el baño y la cocina. —¿Qué te parece amor? —Preguntó. —Me gusta, es muy bonita —Sonreí. —La verdad a mí no mucho —comentó. —¿Por qué? —inquirí. —Esta es muy pequeña, no tiene jardín, solo dos cuartos, quiero algo más grande. —Cariño para empezar estaría bien. —No, para mi princesa yo quiero un castillo —Sonrió, le di un pequeño beso. —No me importa el lugar si estoy a tu lado. —Te amo vida mía. Me dijo que no, que miráramos más opciones algo más grande, visitamos otras tres casas, pero no pudimos acomodarnos con ellas. Luego de un rato me llevó a comer unas deliciosas hamburguesas. Pasamos una tarde increíble como todas. Luego llegamos a casa, mis papás estaban a la expectativa. —¿Bien cómo les fue? — preguntó papá —¿Qué tal las casas? — indagó mamá. —Dejen que lleguemos —solté una risita. —Pues digamos que bien, estuvimos viendo varias casas, pero con ninguna nos acomodamos — respondió Juanse. —Que lástima, no se apresuren chicos ya llegará la indicada —agregó papá. — Lo importante es que ustedes queden a gusto —respondió mamá. —Sí, yo solo quiero lo mejor para mi princesa. —Que lindo —mamá sonrió. —Por supuesto, él es divino —Sonreí. —Se acercan las campanas de boda —murmura papá. —¡Papá! —lo regañé, todos soltamos una carcajada. —Claro que sí, pronto estaré aquí pidiendo la mano de esta hermosura —Juanse tomó mi mano y dejó un beso en ella. —Planearemos la fiesta —respondió papá. —Papá no seas impaciente, se ve que están felices. Parece que se quieren deshacer pronto de mí. Fruncí el ceño, después sonreí, papá tomó mi mano tiernamente. — Para nada mi Lolita, que más quisiéramos nosotros que tenerte aquí siempre, es más, podrían vivir aquí con nosotros, pero sabemos que ustedes necesitan su espacio, además tu felicidad, es lo único que nos importa. —Gracias papi eso lo sé. —Además este pobre hombre ya ha esperado demasiado, mira como lo traes trayendo serenata a media noche —comentó mamá. Todos sonreímos, Juanse me abrazó. — Eso sí, estoy loco de amor por esta belleza. Seguimos charlando un rato, mis papás planeando todo, el compromiso, la boda, ya faltaba poco, eso pensábamos todos. Subimos a mi cuarto, jugamos un rato con nuestro pequeño. Manuelito ya había empezado a dar sus primeros pasitos, estábamos felices y nos llenaba de muchas emociones. Mientras él acostaba a Manuelito, pasé al baño, me cambié y me puse un pequeño camisón de seda dejando muy poco a la imaginación. Me paré bajo el marco de la puerta, él fijó sus ojos en mí, mordió su labio inferior, en voz baja susurró. —¡Ay por Dios! Que belleza —¿Te gusta? —mordí mi labio inferior. Moví mi dedo índice para que se acercara. Él se acercó suavemente, solo rozando sus labios con los míos, sus manos temblaban, las puso suavemente en mis caderas. Mirándolo a los ojos muy coqueta lo empujé al baño, apagué las luces y cerré la puerta. —¡Cariño! —susurró. —¡Shhh! el bebé duerme. —Tus papás podrían… Lo callé con un beso. —Mis papás nunca tocan a la puerta, ya duermen solté en su boca. Respiró hondo, con gran deseo me tomó de la cintura y me sentó en el lavabo besándome con deseo. Con su lengua recorrió toda mi boca, bajó por mi cuello inhalando el aroma de mi piel. Le quité la camiseta, lo miré detenidamente acariciando con mis dedos cada uno de sus cuadritos marcados, que me encantaban. Susurró a mi oído con voz temblorosa. —Eres una tentación. —Tu locura favorita ¿Lo recuerdas? Sonrió y me quitó el camisón de un solo tirón, besando todo mi cuerpo. Lo empujé contra la pared y me hinqué de rodillas. Como una niña ansiosa por un dulce, desabroché su pantalón dejando libre la firmeza de su m*****o. Pasé mi lengua desde la punta hasta sus testículos, él solo se estremeció. Luego lo engullí hasta el fondo de mi garganta haciendo movimientos rápidos, él ahogaba sus gemidos mordiendo sus labios, me excitaba aún más. Entrelazó sus dedos en mi cabello suavemente, me haló para que me incorporara. Me volteó besándome el cuello y parte de la espalda, erizó cada vello de mi cuerpo solo con ese roce. Me incliné un poco hacia adelante apoyándome en el lavado. Con sus piernas separó las mías entrando en mí de una sola estocada. Solté un pequeño gemido, él de inmediato tapó mi boca con su manos. Las embestidas aumentaron, una y otra vez con fuerza. Luego me cargó pegándome a la pared, enrollé mis piernas en sus caderas, me aferré de su cuello. Él guiaba mis movimientos poniendo sus manos en mis caderas. Luego de unos minutos y unos movimientos maravillosos y constantes, ahogando nuestros gemidos con nuestros labios, cada grito lo ahogaba con sus besos, hasta llegar al punto en que los dos estallamos en un orgasmo delicioso. Sonreímos malvadamente. Nos deslizamos abrazados por la pared esperando que nuestras respiraciones se normalizaran.. —¿Por qué te amo tanto? —preguntó. —¡Mmm! no sé ¿dímelo tú? —respondí. —Será porque eres el amor de mi vida, me traes loco, aparte me haces cometer unas locuras. —¿Te arrepientes? —inquirí. Me besó y se quedó mirándome. —Eso jamás. Me senté encima de él, jugué con su cabello dándole pequeños jalones, mordí suavemente labio inferior, susurró respirando profundo. »No-no hagas eso. Me acerqué, pasé mi lengua por su oído, él se estremeció. Con voz muy sensual pregunté. —¿Y por qué no? —Por eso. Señaló con su mirada algo que empezaba a ponerse firme de nuevo. Como ya estaba desnuda todo era más fácil, solo levanté mis caderas y empecé a moverme lentamente aumentando mis movimientos con cada beso y cada caricia. Otra vez me hizo el amor hasta llegar al límite del placer. … Quedamos en que pasaría por mí en la tarde a la universidad para ir a ver la casa. Ya en la tarde… Salí con Ilse y esperamos a Juanse en la cafetería. Eran las cuatro de la tarde, me pareció muy extraño que aún no llegara. Él siempre era muy puntual y la cita con el que nos mostraría la casa era a las cinco. Le marqué a su celular, pero me mandaba a buzón. —Amiga seguro se le presentó un inconveniente, algo de última hora. — No sé, es muy raro, él siempre es tan puntual, me hubiese avisado. —Seguro se quedó sin batería, o quién sabe algún parcial de último momento, no te preocupes. Pensé que tal vez Ilse tenía razón, pero tenía que haber sido algo muy importante para que me dejara esperando. Más cuando él era el más interesado en la casa. Se llegaron las 4:30 pm y ni rastros de él. Después de Ilse insistió tantas veces regresamos a mi casa. Al fin y al cabo debía recibir a Manuelito ya que mis papás irían a casa de Leila. Llegamos a mi casa, Ilse empezó a jugar con Manuelito y yo estaba algo intranquila. Le marqué otra vez y de nuevo a buzón, entré al w******p y no aparecía en línea desde las dos de la tarde. Los minutos pasaban y mi angustia crecía más y más. Eso era muy raro él no era así. Eran las seis de la tarde, empecé a dar vueltas por la sala, le había marcado creo que como mil veces. —Lola, Lola ya cálmate, me estresas a mí también —exclamó Ilse. — Ay amiga, y si le pasó algo, mira la hora y nada que me llama, es muy raro, tengo miedo ¿si le pasó algo grave? Me entró un miedo, me imaginaba lo peor, trataba de no pensar cosas malas, pero me aterraba el hecho de que algo le pasara. Ilse me entregó a Manuelito, escucharlo llamarme mamá y poner sus manitas en mi rostro, me daba una tranquilidad tan grande. — Ay amiga calma, mira, piensa en este hermoso angelito, las malas noticias son las primeras que llegan, calma, recuerda que él está en finales, lo más seguro es que se quedó sin batería, no me gusta verte así. —Te juro que trato de calmarme, pero no puedo, me da miedo, tú sabes porqué. —Yo lo sé, pero esperemos un poco, mira que si te pones así el niño lo notará. —Tienes razón, solo espero que no sea nada malo- tal vez Ilse tenía razón. Tomé mi celular, revisé mis redes, por último f*******:, apareció una notificación. Alguien etiquetó a Juanse en unas fotos, las abrí, quedé en shock. Ilse se quedó mirándome confundida, un mensaje que decía; «Bebé después de tanto tiempo, por el reencuentro y por todos los bellos momentos juntos, que hermosa casualidad» Unas fotos de Juanse con una tipa alta, piel blanca delgada y cabello rojizo. Algunas fotos eran de antes, ellos juntos, otra foto, esa era de ese día. Me hervía la sangre, me puse pálida, roja, de mil colores. —¿Lola qué pasó? —preguntó Ilse. —¡Que soy una estúpida! —mascullé. —¿Por qué? No entiendo. Le entregué mi celular, ella lo tomó miró confundida. »¿Qué rayos? ¿Esa quién es? —No tengo idea. Yo aquí muriéndome de angustia y él feliz en un restaurante con esa vieja. —¡Está guapa! La fulminé con la mirada »Pues digo, no te enojes, era broma esa no te llega a los tobillos, la pregunta es ¿por qué tienen fotos de antes? ¿Será una ex novia? —No lo sé, pero te juro que me hierve la sangre —respondí. —Me imagino que todo tiene una explicación, esperemos a ver que te dice Juanse, aunque… —¿Qué? —la animé a seguir. —Pues para dejarte esperando por esa mujer tuvo o tiene que ser muy importante para él. —No pues gracias —Fruncí el ceño. —Yo solo digo —se encogió de hombros. Su forma de decir las cosas era muy cruda, pero Ilse siempre tenía razón. Debía ser alguien muy importante para dejarme esperando, pero ¿por qué nunca me habló de ella? Estaba tan enojada, Ilse sonreía, entre los dientes decía; —Celos malditos celos, celos. —¡Ya! No más, no es chistoso —Exclamé. La expresión de mi rostro lo decía todo. Algo me quemaba por dentro, pero eran unos malditos celos que me carcomían por dentro. Ilse trataba de calmarme, pero sentía que me quemaba, eran casi las siete cuando sonó el timbre de la puerta. —Amiga respira profundo, calma, esperemos que tiene para decir. —Abre tú, no quiero ni verlo. Me retiré a la cocina por un vaso de agua, tenía que apagar la ira. —Hola Juanse —lo saludó Ilse. —¿Ilse cómo estás? —respondió él. —Muy bien ¿y tú? —Lo dijo con sarcasmo. —¿Está enojada verdad? —inquirió. —¿Qué te digo? ¿Ya viste la hora que es? —Lo sé, me matará —Eso es poco Regresé a la sala con el tetero de Manuelito, con la mirada le dije todo. Tomé el niño, lo ignoré por completo. —¡Amor! —susurró. —Ilse ¿me acompañas a acostar al niño? — Giré sobre mi propio eje. —Ok —respondió conteniendo una risa. —Amor por favor ¿podemos hablar? —preguntó. —Mejor yo acuesto a dormir a este príncipe —Ilse me quito el niño—, ven con la tía Ilse, papi y mami tienen que hablar. Se fue a la habitación, Juanse me tomó suavemente del brazo, pero yo me solté de su agarre. —Perdón amor, la embarré, lo sé, discúlpame Con una mirada fría le dije; —Me estaba muriendo de la angustia pensando que algo malo te había pasado. Te marqué mil veces porque imaginaba lo peor, esta maldita angustia de perder a alguien. Me senté y empecé a llorar, con mis manos me tapé el rostro. Él se arrodilló frente a mí, tomó mis manos suavemente. —Mi bonita discúlpame, el celular se me quedó sin batería y lo olvidé en la universidad. Retiré mis manos bruscamente, me puse de pie. —Sí —Lo dije con sarcasmo—. No me digas. Tomé mi celular y le mostré la publicación. »Por ésto no llegaste, me dejaste plantada. Ya veo lo ocupado que andabas. Sonrió con algo de malicia. :—¡Ah te causa mucha risa! —¿Estás celosa? — me crucé de brazos y le di la espalda—, hasta así celosa y enojada te ves hermosa. —No me digas, sabes estoy cansada hasta mañana. Me haló del brazo con fuerza hacia él rodeándome con sus brazos sin dejar espacio para soltarme, desvíe la mirada. —¿Me dejarás explicarte? —susurró. —No me interesa, no quiero. —No seas berrinchuda. —Ah te parece una tontería, yo no soy la que anda subiendo fotos con otro. —Me encantas así de celosa. Cuando quise hablar me calló con un beso, le volteé la cara, él sonrió, más fuerte, me abrazó »De igual me vas a escuchar, así no quieras. —¿Qué mentiras me vas a inventar? —respondí molesta. —¿Me conoces verdad? Sabes que nunca haría nada para lastimarte. —Eso lo sé, pero ponte en mi lugar, ¿cómo te pondrías tú? —Tienes razón mi niña, solo escucha. Me contó que estaba en la universidad cuando le notificaron que llegaba una nueva maestra. Le pidieron que le mostrara las instalaciones. Vaya que el mundo es pequeño, era Carla. Él estudió en el colegio con ella, entraron juntos a la universidad y eran grandes amigos. Luego él cambió de ciudad y perdieron contacto. Como Carla estaba recién llegada no conocía a nadie, le pidió el favor de que le diera un tour por la ciudad y le ayudara a encontrar un lugar para instalarse, por eso fue que no llegó. Se quedó sin batería y no pudo avisarme. Dejó el celular olvidado en la universidad, sin darse cuenta el tiempo se le pasó. —¿Así de importante es la Carla esa, que te olvidaste de tu mujer? —inquirí. —¿Sigues celosa princesa? Hice un puchero, él dejó un beso en mis labios. — Nadie más importante que tú. La verdad sí me alegró verla después de tanto tiempo porque es una gran amiga. —¿Solo amiga, porque las fotos juntos…? —volví a preguntar. — Solo amigos. Porqué nos conocemos desde hace mucho. Antes pasábamos tiempo juntos, compartimos, eso sí solo amigos. —¿Seguro, no será tu ex? —Indagué. —Para nada amor. —¿Por qué nunca me hablaste de ella si eran tan amigos? —Porque cuando te conocí me olvidé de todo, espero que la conozcas, se llevarán muy bien. Me besó, correspondí a ese beso dulce. »La embarré, lo sé ¿Entonces me perdonas? —Ok, nada más porque es importante para ti. Era un reencuentro con una vieja amiga, sé que me pase un poco, pero me hervía la sangre. — Pero incluso así te ves divina. Me cargó, me besó, cuando alguien nos interrumpió. —Que lindos los enamorados, así debe de ser. Me alegro tanto que no te mataran Juanse, odio los velorios. Todos soltamos una carcajada. »Bueno mi sobrino se durmió, los dejo solos, tienen la casa solo para ustedes, adiós. Después de los disgustos lo mejor es la reconciliación y así fue, se quedó conmigo toda la noche llevándome al cielo con cada beso y cada caricia. Menos mal pudimos aclarar ese mal rato, me sentí fatal. Solo nos quedaba continuar con nuestros planes. Continuará….. ©Todos los derechos reservados
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR