LOS MISTERIOS DE LOLA.
UN FIN DE SEMANA MUY LARGO.
CAPÍTULO 12.
Llegó el dichoso fin de semana. Antes de irse Juanse pasó a despedirse de mí. Era tanta mi mala suerte que esa Carla se iría en el auto con él. Sabía que haría todo por molestarme, aunque delante Juanse me mostraba tranquila. Luego llegó Ilse, ella se quedó conmigo, así no sería tan largo este fin de semana. Yo confiaba ciegamente en Juanse, pero en esa mujer no. Sabía que una mujer enamorada podía hacer todo por conquistar al hombre que quería, o por meterse en su cama.
—Amiga, después de todo lo que pasó con esa bruja, dejaste a Juanse en sus manos —Comentó Ilse.
—No podía hacer nada, además si digo algo terminaré discutiendo con Juanse y es lo menos que quiero. De alguna manera tengo que demostrar que ella está enamorada de él.
—Lola eso lo veo muy difícil, esa vieja es una víbora, sabe cómo manipular las cosas a su favor —replicó ella.
—Eso lo sé, es lo que más me enoja, no entiendo como Juanse no ve lo que ella siente por él.
— O no lo quiere ver —alegó.
—¿Tú crees que él se lo imagine? —inquirí.
— Puede ser, pero no quiere reconocerlo.
Hablamos varios minutos. Ilse salía con cada cosa, eso me ayudaba a despejar un poco la mente. Luego de tres horas sonó mi teléfono, era Juanse.
—Hola hermosa.
—¿Cómo vas cariño? —saludé.
—Muy bien, acabamos de llegar, nos estamos instalando.
Al fondo escuché la voz de ella, esa voz chillona y fastidiosa que decía; bebé, ¿cuál cama escoges tú? Eso sí que me molestó, la sangre me hervía, yo sabía que ella lo hacía para molestar.
— ¿Cómo que qué cama? ¿Acaso se quedarán en la misma habitación? —Indagué.
—Sí cariño, cuatro personas nos quedaremos en la misma habitación ¿Por qué?
—Nada amor curiosidad, te dejo para que te instales, te amo.
Traté de actuar lo más normal posible.
— Vale amor, te extraño.
El solo imaginar la cara de satisfacción de esa estúpida, me hacía arder de coraje, hasta la cabeza me dolía.
— Para colmo juntos en el mismo cuarto, ella hará todo por seducirlo —comentó Ilse.
—¡Cállate, ni lo digas! —exclamé molesta.
—¿Por qué no salimos un rato y te distraes? —agregó.
—Sabes que tus planes de ligar y fiesta, no van conmigo —ruedo los ojos.
—Se me olvidaba que te volviste amargada.
Empezó a reírse, fruncí el ceño y me crucé de brazos.
—¡No seas payasa! —mascullé.
—Calma, no te desquites conmigo. Solo saldremos a comer, lo prometo.
Después de tanto pensarlo, me di cuenta que era buena idea salir a distraerme para no pensar tonterías. Me cambié de ropa, me puse algo cómodo. Salimos, yo conducía, Ilse miraba su celular, la expresión de su rostro cambió.
—¿Qué pasa? —pregunté sin alejar la mirada de la carretera.
—No imaginas.
Extendió su mano, la tipa ya había empezado a subir fotos, abrazados disfrutando del atardecer con un mensaje con doble sentido:
Esto es el paraíso, una excelente compañía, te quiero bebé, por los viejos tiempos.
Sentí como me subía el calor a la cara. ¿Por qué tenía que aparecer esa mujer en nuestras vidas si todo marchaba de maravilla? Desde el primer momento que la vi, algo no me gustó de ella, no me equivoqué, esa mujer sería la piedra de mi zapato.
—Lolita solo relax, sabes que Juanse no te fallará jamás —exclamó Ilse.
—Pero esa zorra hará lo posible por fastidiarme —escupí.
—Tengo la solución, no entres a f*******: y listo, ojos que no ven, corazón que no siente —soltó una risita.
Yo solo la miré, ella se encogió de hombros. Llegamos a nuestra pizzería favorita, pedimos algo y empezamos a charlar tratando de olvidar el mal rato.
Juanse me mandaba mensajes, o me llamaba cada que podía. La fastidiosa siempre hacía de las suyas para fastidiarme. Esa noche ya se imaginarán lo larga que fue para mí. Además esa estúpida cada que podía subía una foto con él. No entendía como Juanse no se daba cuenta que el amor se le salía por los poros.
Quería distraerme, por eso el sábado muy temprano salí con Manuelito a casa de mis tíos. Era una buena oportunidad para que así pasaran tiempo con él, así aún no supieran la verdad. No se imaginan la sorpresa de mis tíos, ya que llegué sin avisarles. Al primero que saludaron fue al niño, a mi tía se le dibujó una sonrisa en el rostro, saludé a mis primos que también estaban ahí.
— Mi niña qué linda sorpresa, pero que hermoso está este príncipe —saludó mi tía.
— Lolita que bueno tenerte por aquí, que guapo está este bebé —mi tío lo tomó en brazos.
—Hola prima, ¿cuánto hacía? —saludó Felipe.
—Que lindo es ver a Manuelito, nos recuerda mucho a mi hermano —comentó Martín.
Todos cruzamos miradas, a mi tía se le cristalizaron los ojos.
—Así es, tener este angelito es recordar a mi hijo, yo creo que por eso llegó a nuestra familia para darnos alegría —murmuró mi tía.
—¡Así es tía! —susurré.
—Mi niña, o tu odiabas o querías mucho a Manuel, porque este príncipe cada día se parece más a él —agregó mi tía con una sonrisa.
No pude evitar sentirme mal por ese comentario. Cómo no va a ser igual sí era su hijo. Como quisiera haber tenido el valor y decirles la verdad. Traté de disimular con una sonrisa.
—Será tía, él si era fastidioso y a veces me sacaba unas, pero yo lo quería mucho, a veces lo criticaba, será por eso que me salió igual a él —traté de sonreír.
—Claro hija, lo que más críticas de alguien, lo heredan los hijos, pero me alegro tanto, porque ver este angelito es como ver a mi muchacho.
Todos jugaban con él, cada que veníamos, él era el más consentido. Salí al jardín a tomar un poco de aire. A veces me sentía la peor persona del mundo. Yo sabía el dolor de mis tíos, sobre todo mi tía, que a pesar del tiempo, aún lloraba su ausencia. Si ella supiera la verdad su dolor sería más llevadero. Sabía que tenía que decirles, pero eso significaba traer el pasado otra vez y la verdad saldría a la luz, no sería fácil. Tampoco sabía como lo tomarían, pero debía hacerlo.
Ellos adoraban a mi niño, lo amarían aún más sabiendo la verdad. No sería fácil, pero era lo correcto. Hablaría con Juanse para decirle que ya había tomado la decisión, de hablar con mis tíos para decirles la verdad. Sabía que podía contar con el apoyo de él y eso me ayudaría. Sentí pasos alguien y me sacó de mis pensamientos
—¿Por qué tan sola? — preguntó Felipe detrás de mí.
—Aquí pensando —Sonreí.
—¿En qué, si se puede saber? — volvió a preguntar.
—Mirando ese jardín, me trajo recuerdos —sonreí con tristeza.
—¡Mi hermano verdad! — inquirió, pero más que una pregunta parecía una afirmación.
Abrí los ojos y lo miré, él sonrió.
»Lo digo porque ustedes se llevaban muy bien.
— Sí, aún parece una pesadilla —miré al frente.
—Imagínate para nosotros, quería darte las gracias.
—¿Por qué? —pregunté con un gesto de confusión.
— Por traer a nuestro primito, es la única manera de ver esa sonrisa en el rostro de mamá. Desde que él se fue, nuestra familia no volvió a ser igual.
Si antes ya me sentía mal, escucharlo a él, me hacía sentir peor, me confirmaba que tenía que hacer lo correcto.
—No tienes que agradecer, saben que lo hago con todo el gusto, también me alegro porque mi tía le cambia la cara cuando está con él.
—Es sorprendente el parecido que tienen.
Se quedó mirándome a los ojos, como buscando una respuesta ¿será que él sabía algo más? Menos mal mi tía nos interrumpió, lo último que dijo me dejó fría, él se despidió y dijo;
» Nos vemos más tarde, ojitos de gato.
Sonrió y se fue. Me puse pálida, no sé si era imaginación mía, o solo tal vez fue un comentario y le dio por decirme así, o de verdad él sabía más de lo que yo imaginaba. Pero cómo saberlo, no me atrevía a preguntar nada. Mi tía preparó una cena deliciosa, se la pasó consintiendo, mejor dicho malcriando a Manuelito.
El día se me fue rápido, casi ni me dió tiempo de pensar en la tonta esa que se la pasó subiendo fotos con Juanse a sus redes. Ni siquiera sé cómo me controlé. Nos acostamos, pero no podía dormir. Tenía tantas cosas en la cabeza, el comentario de Felipe, la felicidad de mis tíos, la manera que buscaría para decirles la verdad, cuál sería su reacción. Eran demasiadas cosas, solo esperaría la graduación de Juanse para hablar con él, luego enfrentar la tormenta que se avecinaba. Lo pensé demasiado, pero al final decidí que tenía que hablar con la verdad, aunque me muriera de miedo.
Mis tíos nos invitaron a una feria que había. Todos estaban sorprendidos porque mi tía fue la primera en querer ir, solo por llevar el niño. Ella estaba feliz, a mí me alegraba tanto verla así. Se la pasaron compartiendo con el niño, de vez en cuando me perdía en mis pensamientos, imaginaba tantas cosas, hasta llegué a pensar cómo sería mi vida si él estuviera aquí ¿Qué sería de nosotros?
—Te traje un helado —di un pequeño salto —, no quería asustarte, ten tu favorito, chispas.
Otra vez esa mirada, como si buscara algo.
—Gracias, ¿Cómo sabes que es mi favorito? —no aguanté y le pregunté.
—Un día me lo dijiste ¿O cómo crees que lo sé? —respondió Felipe.
Tenía curiosidad de saber que más sabía, porqué me miraba como buscando respuestas, pero no me atrevía a investigar más allá.
—Tengo tan mala memoria, no me acordaba —traté de sonreír.
—Eso veo, y cuéntame para cuándo será la boda —cambió el tema.
—En esas andamos, Juanse se gradúa en 15 días, después de eso anunciaremos nuestro compromiso, creo que en unos meses.
— Me alegro mucho por ti ojitos de gato —sonrió.
No me aguanté le pregunté.
—¿Por qué me dices así?
—¿Te molesta? —me miró a los ojos.
—Para nada solo curiosidad.
Trataba de mantener mi mirada y ocultar mis nervios.
—Tus ojitos son verdes por eso lo digo ¿O acaso quién te dice así?
Ahí estaba otra vez esa mirada. Él sabía algo más, estaba segura, pero cómo, o solo estaba delirando. Cuando pensaba responderle me salvó la campana, era una llamada de Juanse.
—Hola hermosa mía, ¿cómo va todo?
—Muy bien, aquí en la feria con mis tíos y primos, ya luego me regreso a casa.
—¿De verdad amor? Me alegro mucho, parece increíble.
—Dímelo a mí, pero luego hablamos de eso, ¿tú cómo vas?
—Ya también de salida hermosa, muero por verte.
Hablé un par de veces con Juanse, evitaba un poco sus llamadas porque ella estaba siempre pegada a él como un chicle. Pasamos un rato más, le dieron juguetes hasta más no poder, me lo malcriaron mucho, luego me despedí.
—Bueno espero vernos pronto.
—Gracias hija, fue un lindo fin de semana —comentó mi tía.
—Nos vemos después, cuídate mucho —agregó Felipe.
—Estaremos contigo en tu compromiso —respondió mi tío.
—Allá los espero —Sonreí.
Los abracé, me despedí de cada uno. Más tarde en casa, Juanse me avisó cuando llegó, pero ya era tarde, así que ya me tocaba esperar hasta la mañana siguiente para verlo. Manuelito quedó rendido, estaba cansado. Revisé mis redes y la muy estúpida se la pasó tomándose fotos con él, como si fuera su novio, como me chocaba la vieja esa.
Continuará ….
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