capítulo 6.

3550 Palabras
LOS MISTERIOS DE LOLA. Capítulo 6. Una noche especial. Un mes después. Todo transcurría con normalidad, excepto porque extrañaba tanto a Leila. Pasé nuevamente con mi ginecóloga para empezar a cuidarme. Leila ya había regresado de su luna de miel. Su casa era muy bonita, los dos estaban trabajando. Me contó que aún no planeaban tener hijos. Ese fin de semana era el cumpleaños de Juanse. Planeaba darle una pequeña sorpresa. Estaba muy que segura del siguiente paso que daría. Salí de la universidad, me fui a comprar algunas cosas que necesitaba para el sábado. Mis padres irían a casa de mis tíos y se llevarían a Manuelito con ellos. No me gustaba separarme del bebé, pero en el fondo sabía que era justo que pasara tiempo con sus abuelos, aunque ellos aún no lo sabían. Pero yo sabía la felicidad que les daría a ellos al verlo, sería una gran sorpresa. La casa estaría sola para lo que yo planeaba. En el fondo sentía miedo de que llegara la hora y no poder hacerlo. Porque tenía marcado en mi cuerpo el recuerdo de aquella última noche donde nos amamos intensamente. Manuel siempre sería mi primer amor, el primero en despertar miles de emociones en mí, eso nada ni nadie lo cambiaría. Juanse me había esperado mucho tiempo. Además era hora de continuar con mi vida. No podía seguir aferrada a ese pasado que por más que yo soñara o deseara, no volvería jamás. Esa semana no nos habíamos visto, Juanse andaba fuera por cosas de su carrera. Por cierto faltaba poco para graduarse, solo hablábamos por teléfono. No saben cuanto lo extrañaba. Ya me había acostumbrado a verlo todos los días. Sábado. Le escribí a Juanse, WhatsApp. Chat. Te deseo un feliz cumpleaños ❤ que recibas miles de bendiciones, que todos tus sueños se cumplan ??? Hola, ¿cómo está la reina de mi vida?❤ gracias amor.. Mi único sueño y anhelo eres tú?? Extrañándote mucho, ❤ yo también quiero estar junto a ti siempre. ¿De verdad me extrañas? ? Mucho, muchísimo cariño¿A qué horas llegas?❤ En eso de las 5 ¿por qué? Es que, pues sino llegas muy cansado ¿podríamos salir un rato para celebrar tu cumple?? Claro que sí. Mi mejor regalo será tu compañía ? Me recoges a las 7 pm. Te amo❤ nos vemos más tarde. ❤ Le dije que saliéramos, pero yo tenía una sorpresa para él. Le preparé algo rico de cenar, vino y velas toda una cena romántica. Después de que mis padres se fueron me puse a organizar todo para la comida. Horneé un pequeño pastel, todo estaba listo. Luego subí, me di una ducha, me puse una lencería muy sexy, encima una blusa gris y unos shorts cortos. También decoré mi cuarto con pétalos de rosas, una caja grande decorada con globos y fotos de los dos desde que nos conocimos, estilo álbum. Puse la mesa con rosas, las velas y dos copas de vino. Apagué las luces, salí a esperarlo en la entrada. Ya sabía lo puntual que era, preciso venía caminando guapísimo como siempre. Traía unos jean negros ajustados y una chaqueta del mismo color. Su cabello desorganizado, simplemente divino. Al verme me miró un poco sorprendido, me acerqué y lo besé. —¡Qué guapa! ¿Llegué tarde? —indagó preocupado. — ¡Claro que no! Estaba ansiosa por verte, tú no te quedas atrás mi cumpleañero divino. Me dio otro beso dulce y apasionado, me abrazó y acarició mi rostro. —Te extrañé amor mío. — Yo a ti —dejé un beso en la comisura de su boca. —¿Nos vamos? —me tomó de la mano. —Cierra los ojos. Sonrió con algo de curiosidad, cerró los ojos, tomé una venda y se la puse. —¿Qué pasó? —esbozó una sonrisa. —Tengo una sorpresa para ti —dije. —De verdad ¿Qué es? —preguntó con curiosidad. —Esto es un secuestro —dije con una sonrisa. —Soy todo tuyo —dijo con una sonrisa en los labios. Lo tomé de la mano, lo guié para que no chocara con nada. Nos detuvimos frente a la mesa y le quité la venda. — ¡Sorpresa! Miró todo a su alrededor, me pasó la mano por la espalda y me abrazó. — Gracias mi princesa. Que linda sorpresa, preparaste mi comida favorita. —Cariño, espero que te guste. Pasamos a la mesa bajo la luz de las velas, serví dos copas de vino. »Salud por ti, que sean muchos años más, pero a mi lado. Chocamos las copas. —¡Salud! Por una vida entera a tu lado. Te amo. Me paré y me acerqué. Acaricié su rostro, él me miraba con tanta dulzura. Me senté en sus piernas, le di un beso dulce, me rodeó con sus brazos y me besó. Recorrió cada parte de mi boca con su lengua, ese beso estremeció cada centímetro de mi piel. Hundí mis dedos en su pelo sedoso, sus besos eran tan dulces que me hacían sentir una corriente extraña que recorría mi cuerpo. Deslizó su nariz junto a la mía, sentía los latidos de su corazón, su respiración agitada. —Te amo con todas las fuerzas de mi alma. Mi princesa, eres mi realidad más bonita, en verdad solo anhelo tenerte a mi lado para siempre. Acaricié sus labios con los míos, mordí su labio inferior con delicadeza. Me incorporé y lo tomé de la mano. — Aún tengo una pequeña sorpresa. —¿Otra? con esta te luciste hermosa. Lo tomé de la mano y empecé a caminar, él me seguía con curiosidad. Subimos a mi cuarto, le dije que cerrara los ojos, él siempre tan complaciente, así lo hizo. Al abrir la puerta abrió sus ojos y miró lo que había en el cuarto. Sus ojos se cristalizaron, se acercó mirando atentamente aquella caja donde estaban todas las fotos que nos habíamos tomado juntos. Me abrazó y me dio un cálido beso. —Hermosa sorpresa, son todos nuestros momentos, me has dejado sin palabras. — De eso se trataba, de darte una gran sorpresa. Sonreí malvadamente. Él miró toda la habitación, fijó su mirada en la cama que estaba decorada. — Este es el mejor cumpleaños de mi vida —susurró con una sonrisa. —Será aún mejor. Puse mi dedo índice en su pecho empujándolo suavemente hasta llegar a la cama. Retrocedió sin alejar sus ojos de los míos. Se quedó sentado en el borde de la cama mirándome fijamente, le di un pequeño beso en la mejilla, le susurré al oído. —Espera un minuto. — A ti la vida entera. Entré al baño, estaba tan nerviosa que las piernas me temblaban y las manos me sudaban. No entendía porqué estaba así, me quité la ropa dejándome solo la lencería negra, encima me puse un kimono. Sentía que mi corazón se quería salir de mi pecho, no lograba entender ese mar de emociones que sentía. Abrí la puerta lentamente, él fijó sus hermosos ojos en mí. Me miró detenidamente de pies a cabezas, como embobado. Mordió su labio inferior, tan sexy, con ese brillo al mirarme. Se acercó a mí sin dejar de mirarme, puso su dedo índice en mi hombro, bajó rozando todo mi brazo. Ese solo roce provocó escalofríos en mí, como una pequeña corriente recorriendo cada partícula de mi cuerpo. Al ver lo que provocó en mí sonrió. Tomé su rostro en mis manos y lo besé recorriendo con mi lengua cada parte de su boca. Mordí suavemente su labio inferior, cada que yo rosaba sus labios con mis dientes su cuerpo se tensaba. Me abrazó con fuerza acercándome a su cuerpo mientras me besaba. Sentía las piernas como gelatina. Enredé mis dedos en su cabello, con su mano derecha sostenía mi cabeza y con su mano izquierda acarició mi espalda. Con su lengua recorría cada parte de mi boca, una guerra de lenguas que parecía no tener fin. Besos de los que sientes en todo el cuerpo, sentía como mis bragas se mojaban. No solo yo sentía esos besos. Sentía como algo se ponía duro, su m*****o se quería salir de su pantalón, sentí ese bulto fuerte y tirante contra mí. Me miró y sonrió, con un tono dulce susurró. —Estás realmente hermosa el día de hoy, lo siento, lo siento, pero hay cosas que no puedo controlar. Bajé la mirada hasta ese gran bulto que sobresalía de su pantalón, sonreí malvadamente. Bajé mi mano suavemente por su pecho hasta llegar a su m*****o, le di un ligero apretón encima del pantalón, se estremeció. —Porque controlar esta delicia, tú no te quedas atrás, estás más guapo que nunca, hoy este será mi plato fuerte. Lo apretaba con delicadeza. Puso sus manos en mis caderas levantándome. Lo rodeé con mis piernas, deslicé mi nariz junto a la suya. —Tú serás mi plato fuerte, mi postre favorito —Musitó. —Seré tuya, solo tuya, quiero ser tuya. No sé imaginan la manera en la que me miró, sus ojos se cristalizaron. Me bajó suavemente, acarició mi rostro sin alejar sus bellos ojos de los míos, susurró. —¿Estás segura que quieres?... Lo interrumpí con un beso. —¡Shhh! Quiero ser tu mujer ahora y para siempre. Quiero estar en tus brazos, quiero ser tuya, solo tuya, quiero que me hagas el amor. Quiero sentir el calor de tu cuerpo. Una lágrima rodó por su mejilla, me besó con tanta dulzura, me dejó sobre la cama. —Está noche te haré el amor, te llevaré al cielo, serás mía, solo mía, mi mujer, para siempre… Estaba tan nerviosa que todo me temblaba. Él me miraba, sonreía, notaba los nervios que tenía. Entrelazó sus manos con las mías. Las apretó suavemente, calmando mi ansiedad. »¡Mi princesa! Tú solo disfruta, de lo demás me encargo yo. Mi respiración aumentó, las palabras no me salían, solo asentí. Besó mis labios suavemente, pasó su lengua por mi boca, con sus dientes mordió mi labio inferior. Sentía un fuego que me quemaba por dentro con cada beso. Bajó por mi mentón hasta el cuello, empezó a quitarme lentamente el kimono. Al estar encima de mí podía sentir la firmeza de su m*****o contra mi sexo. Con sus labios bajó dibujando un camino en mi cuello hasta llegar a mis pechos. Cuidadosamente los sacó y empezó a pasar su lengua por mis pezones endurecidos, que al roce de su boca más firmes se ponían. Él se quedó jugando con mis senos, yo sentía reventar, mordía mi labio inferior al sentir como jugaba con mis senos. Dejé escapar pequeños gemidos que más le excitaban. Mi ropa interior estaba empapada, él podía sentirlo. La manera en que me miraba me tenía al borde de la locura. Cerré los ojos disfrutando de cada beso y caricia bajo la luz de unas velas. En este cuarto pasaron muchas cosas. Tiempo atrás para mí era sagrado y ustedes saben porqué. Por un momento su imagen se cruzó en mi cabeza, respiré profundo y entendí que era hora de continuar con mi vida. Lo que sentía estaba más que claro. Esa sensación que provocaba en mí, cada beso y cada caricia, solo confirmaban lo que ya tenía en mente, pero me daba miedo reconocer. Bajó besando mi abdomen, jugando con su lengua en mi ombligo, se sentía muy rico. Mi respiración era agitada, se me escapaban pequeños gemidos. Sentía un deseo enorme de sentirlo entrar en mí. Lo deseaba, moría por sentirlo. Lo pude comprender, tenía muy claro lo que sentía por él. Besó mis caderas y lentamente me quitó la ropa interior dejándome totalmente desnuda. Puso su lengua en mi sexo que escurría humedad, empezó de arriba abajo, me aferraba de las sabanas. Los gemidos eran más continuos, succionaba mi clítoris lentamente, yo sentía enloquecer. Empezó a simular una penetración con su lengua, me aferré a su cabello y gemí en voz alta. El desespero se apoderó de mí, mi sexo se contraía hasta estallar en un orgasmo acompañado de un pequeño gruñido que salía de lo más profundo de mi pecho. Llené su boca de todos mis fluidos, él solo los saboreó quitándose los residuos que salían de su boca. Se deleitaba como si fuese el más rico manjar. Continuó pasando su lengua por mi sexo introduciendo uno de sus dedos, coordinando cada movimiento con su lengua. Otra vez el desespero se apoderaba de mí, los gemidos eran más continuos, sentía reventar hasta que no pude más. Estallé hundiéndome en el placer, quedándome sin fuerzas, extasiada. Besó cada parte de mi cuerpo, desde la cabeza hasta los pies. Nuestras respiraciones se encontraban en cada beso, la debilidad se apoderaba de mi cuerpo. Se tumbó a mi lado con una sonrisa en su rostro. Ahora era mi turno, yo quedé sin fuerzas, a él lo dejaré sin alientos. Me puse a horcajadas sobre él, lo miré fijamente a los ojos. Mordí mi labio inferior, lo besé mientras le quitaba la camiseta. Bajé por su cuello dejando besos húmedos, su piel se enchinó. Desabroché su pantalón ansiosa por eso que escondía debajo, liberando su erección. Lo miré con una sucia y malvada sonrisa. Bajé mi mano acariciándolo su torso desnudo hasta llegar a su m*****o dándole una leve caricia. Soltó un gemido, lo apreté con delicadeza. Su respiración se pausó, me puse de pie y él me seguía con la mirada. Me acerqué a uno de los cajones, lo abrí, saqué unas cintas y una venda. Abrió los ojos y preguntó con una pizca de malicia. — ¿Qué harás con eso? —Vamos a jugar, solo disfruta. — ¿Me harás sufrir verdad? —volvió a preguntar. — El festejado eres tú — Sonreí —, solo relájate y disfruta. Le guiñé un ojo y sonreí. Me acerqué y tomé las cintas atando sus manos al borde de la cama. Dejé un beso en sus labios. —Amor, déjame ver al menos, sí —suplicó. —No, solo sentirás y disfrutarás. Puse la venda en sus ojos, me alejé y bajé recorriendo con mis labios su torso desnudo hasta llegar a su m*****o. Lo tomé con mis manos, pasé mi lengua por la puntita, él solo se estremeció. Su respiración aumentó, poco a poco lo metí a mi boca. Pasé mi lengua por el tronco hasta sus testículos los cuales succioné suavemente. Tenzó su pelvis, su desespero me excitaba más. Sus gruñidos eran música para mis oídos, lo engullí hasta lo más profundo de mi garganta, a punto de sentirme ahogada. Aumenté mis movimientos, coordinando los movimientos de mi boca con los de mis manos, su desespero aumentó. Sentía como tensaba su pelvis, sus gemidos deliciosos eran más seguidos, con la voz temblorosa jadeó. —Pa-para, no puedo más. Suéltame las manos cariño, quiero sentirte, muero por sentirte… Me incorporé, él movía la cabeza hacia los lados tratando de adivinar qué hacía. Eso lo desesperaba aún más, me encantaba verlo así. El sudor recorría su hermoso cuerpo, me acerqué a uno de los cajones, tomé un aceite para masajes calientes. Dejé caer unas gotas sobre su pecho, él solo se estremeció. —¿Qué es? —preguntó con curiosidad—, ¿Qué haces? —No seas curioso, solo relájate. Respiró profundo, vacié aceite en todo su cuerpo y empecé a hacerle un rico masaje. Primero con mis manos, su respiración era muy agitada, luego me vacié aceite en mi cuerpo y empecé a masajearlo con él. Subía suavemente rozando mi cuerpo con el suyo, su desespero aumentó otra vez. Con mi sexo rosaba su m*****o y con mis pechos todo su torso bajando por su abdomen hasta llegar a su m*****o. Juanse se retorcía bajo mi cuerpo tratando de soltarse. Su sexo estaba tan duro, anehalaba sentirlo dentro de mí. Seguí sobre él moviéndome muy despacio, nuestras respiraciones se hacían una sola, rozaba mi sexo con el suyo dejandole sentir mi humedad. Gemí en voz alta porque sé que eso lo volvía loco. —Mi vida, suéltame por favor —suplicó jadeando. Lo besé y respiré suavemente en su oído. Cada centímetro de su piel se erizó, con la voz temblorosa susurré. —Tu- tus deseos son órdenes. Solté sus manos, él se quitó la venda de sus ojos y me miró ardiendo por el deseo. Se levantó y se acercó a mí, me tomó de la cintura, lo rodeé con mis piernas y me recargó contra la pared con una pasión desenfrenada. —Eres mía. —Sí-Sí —jadeé—. Tuya, solo tuya. Me besó con fuerza, acarició mi espalda, bajó su mano hasta mi trasero apretándolo. Caminó hacia la cama sin separar nuestros labios, me dejó en ella poniendo mis piernas a la altura de su pecho. Tomó su m*****o y lo puso en la entrada de mi sexo haciendo un pequeño rose que me estremeció toda la piel. Me aferré de sus brazos, él no dejaba de mirarme. Poco a poco fue hundiéndose en mí, sentí un ligero dolor que era muy excitante. Dejé escapar un pequeño grito, me miraba de una manera única. Sus ojos brillaban tanto, la expresión de su rostro solo era de felicidad. Entró en mí, poco a poco aumentaba sus embestidas, que rico era sentir el calor de su piel dentro de mí. Primero suavemente, al escuchar mis gemidos sus embestidas eran más fuertes. Cerré los ojos solo escuchando como su respiración chocaba con la mía. No sé porqué, pero una lágrima rodaba por mi mejilla. Me aferré a su cuerpo con todas mis fuerzas. Él se detuvo lentamente y me miró confundido. Con su dedo índice limpió esa lágrima, con la voz agitada susurró. —¿Mi vida, estás bien? Lo halé con mis piernas hacia mí, lo rodeé con mis brazos y lo besé. Lo que dije entre gemidos, me salió del alma. —Te amo. Se quedó en shock. Me miraba fijamente, sus ojos se cristalizaron, se alejó de mí y me preguntó. —¿Qué dijiste? Repítelo. Me incorporé mirándolo fijamente a los ojos y le repetí lo que por tanto tiempo anhelaba escuchar. —TE AMO… TE AMO… TE AMO… QUE YO TE AMO… —exclamé. Se puso las manos en la cabeza, unas lágrimas salían de sus ojos, pero esta vez eran de felicidad. Me cargó, me besó, me llevó hacia la pared y entró nuevamente en mí. Esta vez era diferente, solo se respiraba amor y felicidad. Sus embestidas eran más fuertes, coordinadas con sus besos y caricias, entre gemidos me susurraba al oído. — Repítelo una y mil veces. Con la respiración agitada, sonreí. —¡Te amo! Te amo, Te amo con todas las fuerzas de mi corazón. Me hizo el amor de una forma única, por toda la habitación de todas las maneras. Apoyé mis manos en el buró, él se posicionó tras de mí dándome embestidas salvajes. Con una mano acariciaba mis pechos y con la otra suavemente me tomaba del cabello besándome el cuello. Escuchar sus gemidos era excitante, sentí un gruñido que salía de lo más profundo de su pecho, a la misma vez que yo dejaba salir un pequeño grito terminando los dos en un orgasmo. Caímos al piso exhausto de tanto placer, esperando que nuestras respiraciones se normalizaran. Estaba llena de todos sus fluídos, amaba estar impregnada de su aroma. Me abrazó contra su pecho, podía escuchar los latidos de su corazón. Nos quedamos abrazados en silencio por unos segundos. Acariciaba mi cabello, con mi dedo índice dibuje corazones en su pecho. —Me haces el hombre más feliz del mundo, te amo tanto mi princesa. —Tú mereces todo lo mejor del mundo, soy tan afortunada de tenerte, te amo mi vida. Dio media vuelta quedando encima de mí, llenándome de besos. —Esas palabras se oyen tan lindas cuando salen de tus dulces labios, no me canso de escucharlas. Lo empujé y ahora yo quedé encima de él. —Pues te las repetiré muchas veces, te amo, te amo. Así lo hice, en cada beso le decía lo mucho que lo amaba. Me cargó y otra vez me hizo suya. Dormimos juntos, en la mañana me llevó el desayuno a la cama. Él siempre tan lindo y especial conmigo. Luego del desayuno, nos duchamos juntos. Y sí, otra vez me hizo el amor con ese amor que desbordaba con cada beso y cada caricia, dejándome sin aliento. Terminando los dos en orgasmos maravillosos. Ahora mi vida por fin empezaba a tomar un rumbo diferente. Hablamos de tantas cosas, incluso planeamos cómo sería la boda. Faltaba poco para que él se graduara de la universidad. Él me dijo que después seguiría trabajando donde está, pero como maestro. Buscaría una casa y luego nos casaremos. Estábamos tan felices, por fin podríamos estar juntos los tres y formar esa familia que tanto soñamos. Eran muchos los planes que teníamos, pero una cosa era soñar y otra la realidad. El destino tenía pruebas muy duras que los dos debíamos superar y así saber que tan fuerte y real era nuestro amor, pero nosotros ni lo imaginábamos. Continuará ….
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