capítulo 7.

2781 Palabras
LOS MISTERIOS DE LOLA. Capítulo 7. Un día increíble. Me dijo que me pusiera algo cómodo porque me tenía una invitación según él al paraíso. Pasamos a su casa, se cambió de ropa, luego me invitó a pasear, era una sorpresa. Salimos en su coche, nos alejamos un poco de la ciudad. —Cariño ¿A dónde vamos? —Indagué. —Que niña tan curiosa, es sorpresa. —¿Te estás vengando de mí por lo de anoche? Me regaló una hermosa sonrisa y me dió un beso. —Para nada, solo quiero darte una linda sorpresa, así como tú me diste una noche mágica, yo quiero darte un día increíble. Solo déjate robar un día solos tú y yo. —Vale cariño, yo encantada de estar con un ladrón hermoso. Una hora después… Llegamos a nuestro destino, una reserva natural, un lugar divino donde solo se respira tranquilidad, alejados de todos. Árboles y el canto de las aves, un río de agua cristalina, un verdadero paraíso solos los dos. —¡Espectacular! —Murmuré maravillada mirando todo el lugar. —¿Te gusta? —indagó. —Me encanta, aquí solo se respira paz. — Es un lugar mágico. —Tienes razón, un verdadero paraíso. Me tomó de la mano y me besó con dulzura. —El paraíso eres tú, estar contigo, tenerte aquí, solos tú y yo. Me aferré de su cuello, salté sobre él, lo rodeé con mis piernas, entrelacé su cabello con mis dedos y lo besé apasionadamente. — El paraíso es esto, tus labios, tus besos, tus ojos y la forma en la que me miras, la manera en que me tratas, lo que provocas en mí cuando me tocas. Lo que me haces sentir con tu forma de tratarme, lo que me haces sentir cuando estamos así cerquita. Tú eres mi paraíso. Volvió a besar mis labios. —Te amo mi princesa, no sabes cuanto anhelaba escuchar esas palabras de tu boca. —Sí, lo sé, esperaste demasiado por mí. Lo importante es que pude entender que tengo un hombre maravilloso a mi lado y que lo amo. Me abrazó con fuerza mientras daba vueltas conmigo, sus ojos se cristalizaron, pero sabía que era de felicidad. —Mi bonita, soy el hombre más feliz y afortunado, ahora solo quiero convertirte en mi esposa y poder estar contigo el resto de mi vida. —También sueño con eso cariño. Empezamos a caminar tomados de la mano. Por lo que me dijo ya conoce este lugar, iremos a un arroyo donde el agua es cristalina. Nos adentramos en el bosque, no cabe duda que este lugar es especial. Eso es lo que más amo de él, que cada lugar a su lado es increíble. Me enseña a conocer cosas nuevas, a ver la vida de una forma diferente, disfrutar de cada momento. Pueden creer que ya no extraño las fiestas. Desde que estoy con Juanse aprendí a disfrutar de esas pequeñas cosas que antes ni notaba. Luego de caminar unos minutos llegamos. Había una pequeña cascada y un lago hermoso. —¿Te gusta? —me preguntó con una sonrisa. —¡Divino! —Ven sentémonos aquí. Nos sentamos en la orilla, mientras él me quitaba los zapatos. —¿Cariño qué haces? —Indagué con curiosidad. —Descansaremos y luego nadaremos. —¡Qué! El agua debe estar helada Soltó una carcajada, me encanta cuando sonríe. —¿Por qué te ríes? —Hice un puchero. —Amor no seas floja, el agua es deliciosa. Se acercó a mí, puso su mano sobre mi hombro, con una sonrisa malvada susurró. —Además si te da frío, yo te doy calor. Lo empujé sobre el pasto quedando encima de él, con voz sensual mordí mi labio inferior y le susurré. —¿Cómo me darás calor, dime? Me tomó de las caderas y en un giro brusco ahora él quedó encima de mí, con una mirada muy sensual respondió. —¿Cómo quieres tú señorita, dime? Enrollé mis dedos suavemente en su cabello, rozando mi nariz con la suya con pequeños besos le dije. —Que tal con ese cuerpo hermoso. Nos besamos. Me miró muy malicioso moviendo suavemente su cadera, oww algo estaba poniéndose muy duro. Hacía movimientos suaves rozando su m*****o en mi entrepierna, me producía una corriente por todo el cuerpo, mi ropa interior estaba empapada. »Que delicia ¿así me darás calor? Lo empujé quedando yo encima, haciendo los mismos movimientos suaves, él puso sus manos en mis caderas, pasó saliva. Sentía como se ponía más duro, su respiración era más agitada, me puse de pie. Él me miraba atento, me quité la ropa solo quedando en ropa interior y me lancé al lago. :—Vamos cariño, el agua está deliciosa. —Amor eres mala. Con sus dedos señalaba la gran erección que tenía, frunció el ceño. —Aquí te refrescas. Se quitó la camisa, luego el pantalón quedando solo en su bóxer, por cierto se veía guapísimo. Empecé a tirarle agua, él solo dió un pequeño salto. »Cosita deliciosa, pero que guapo te ves —Grité. —No te rías, deja que te alcance y verás lo que te haré. Se lanzó, pero yo empecé a nadar para no dejarme alcanzar. Después de unos minutos, entre juegos gritos y risas me senté a tomar el sol en una piedra grande que había. Él seguía disfrutando del agua, me quedé en silencio mirándolo como tonta. El agua se escurría por su cabello desorganizado, las gotas recorrían su torso desnudo, sus ojos brillaban bajo el reflejo del sol. Pensaba en lo afortunada que era al tenerlo conmigo. Moría por convertirme en su esposa, nada podría empañar nuestra felicidad. Estaba pérdida en mis pensamientos cuando sentí unas manos heladas en mi cintura, me cargó directo al agua. —¡Aaaaaaah! Frío, frío —grité como loca. Soltó una carcajada, me soltó en el agua, con mis brazos rodeé su cuello, salté sobre él abrazando sus caderas con mis piernas. »¿Venganza verdad? —No seas flojita mi princesa. Se quedó mirándome fijamente a los ojos, suspiró, me abrazó fuerte rozando mi espalda con la yema de sus dedos. »Si te pudieras ver con mis ojos, entenderías lo mucho que te amo vida mía, tus ojos verdes cuando brillan así, tus labios dulces que no me canso de besar, son como un oasis en el desierto. Tus carcajadas son melodía para mis oídos, verte así felíz me llena la vida. Te amo vida mía, daré todo por verte siempre sonreír, juro que siempre te cuidaré, apoyaré y amaré, nunca te fallaré, siempre haré todo lo posible por hacerte feliz. —Mi vida eso lo sé, cuento contigo en todo momento por eso y más te amo. Le devolviste la luz a mi vida, me enseñaste un mundo que no conocía, mi hijo y tú, son los motores de mi vida. —Mi Lola, mi bonita, mi vida entera, mi futura esposa — sonrió muy malicioso —, pero ahora te haré mi mujer. —¡Mmm! ¿Eso cómo es? Me volvió a besar, acarició mi espalda desabrochando mi sostén. Besó mi cuello suavemente, bajó su mano acariciando mi abdomen hasta mi sexo. Ese solo rose me producía escalofríos. Sonrió muy malicioso, me quitó las bragas dejándome totalmente desnuda, se alejó un poco, me miraba de pies a cabeza. —Que vista tan espectacular. —¡Entrégame mi ropa! —hice un puchero. —¿Y si no quiero? —Sonrió. — ¡Me la darás! —pedí. —Alcánzame —Sonrió y empezó a nadar. —¡Oye! Cariño no se vale, ya verás lo que te haré. Empecé a nadar tras él, pero quién le ganaba. Me detuve en la mitad del lago, él ya estaba en la otra orilla, me crucé de brazos, fruncí el ceño como haciendo pucheros, él solo se reía. »¡Cariño mi ropa! —Exclamé—. Eres un tramposo, alguien puede vernos, estoy desnuda ¿Eso es lo que quieres? —Estamos totalmente solos, nadie más que yo admirará ese hermoso cuerpo, que por cierto es solo mío — mordió su labio inferior. Lo miré a los ojos, con voz muy sensual le dije. —Este cuerpo es tuyo ¿Lo quieres? — con mis dedos rosé mi cuerpo, él solo me miraba muy malicioso. —Es mío, muero por él. Nadé hasta él. Me posicioné frente a él, me volteé dándole la espalda rozando mi trasero en su entrepierna. Puso sus manos en mis caderas y me pegó aún más a su cuerpo. Con sus labios suavemente rozaba mi cuello y mi espalda, sentía una corriente por todo el cuerpo, ese fuego que me quema, con una voz muy dulce susurró en mi oído. —Eres mi locura favorita. —¿Por qué locura? Lentamente di media vuelta, sonreí. Puso sus manos en mis caderas y me acercó a él rodeándome con sus brazos, sintiendo su aliento caliente en mi rostro. —Porque solo tú provocas en mí estas cosas. Señaló con su mirada ese bulto que se marcaba. Dejé un pequeño beso en la comisura de su boca . —¿Qué cosas te provoco dímelo? Con sus dientes haló suavemente mi labio inferior. —Quiero hacerte mía aquí mismo. Lo miré con lujuria. Bajé mi mano acariciando suavemente su pecho, trazando con mis dedos las líneas de su abdomen marcado hasta la firmeza de su m*****o. Lo tomé con mi mano, dejé una leve caricia, él solo respiró profundo. —¿Qué te lo impide? —inquirí con una sonrisa—, si soy tuya. Me abrazó con fuerza besándome apasionadamente recorriendo cada centímetro de mi boca con su lengua, cada beso era aún más excitante. Le quité su bóxer dejándolo desnudo. Puse mis manos en su cuello, él puso sus manos en mi trasero levantándome a la altura de su cintura, con mis piernas lo rodeé. Ya estaba más que listo para entrar en mí, dándome embestidas suaves que aumentaban al sentir mis gemidos, mi desespero aumentó. Solté pequeños gritos que él ahogaba con sus besos, clavé mis uñas en su espalda, sentía como mi sexo se contraía a punto de estallar en un gran orgasmo. Mis gemidos salían de lo más profundo de mi pecho, él los calmaba con sus besos, eso me desesperaba aún más. Halé su cabello y solté un pequeño gruñido estallando en un gran orgasmo que me dejaba sin alientos, él solo seguía besándome apasionadamente, entre jadeos me decía. —Grita todo lo que quieras vida mía. Continúo acariciando mi cuerpo jugando con sus manos y sus labios, sentí perder las fuerzas de mi cuerpo. Después de 5 orgasmos deliciosos, mi respiración estaba vuelta nada. Me recostó en una piedra grande, todo me temblaba y él sonreía pícaramente. —¿Te rindes? —inquirió con una sucia sonrisa. —Nunca — Lo empujé sentándome encima de él. —Sabes que te amo, te adoro, me encantas. —Claro que sí, porque yo te adoro y eres mío. Sonrió muy malicioso, mordió su labio inferior. —Que lindo se escucha eso —volvió a sonreír. —Es verdad, eres mío. Sonrió y me besó. Acarició mi espalda, bajó sus manos hasta mis caderas, ahora quedamos sentados frente a frente rodeándolo con mis piernas. Entró en mí suavemente, pero ahora yo me encargaba de los movimientos. Podía sentir su desesperación. Ahogaba sus gemidos con mis besos, empecé a subir y bajar con más frecuencia, su respiración era más agitada, mordía su labio superior, jugaba con mi lengua en su boca aumentando más y más mis movimientos. Me cargó, entramos de nuevo al agua, donde él tenía el control de todo dándome embestidas salvajes y deliciosas que me hacían estallar en orgasmos alucinantes. Hacer el amor en el agua es lo máximo. Mis gemidos eran más fuertes. Me besaba con fuerza, nuestras respiraciones agitadas se hacían una sola, estallamos al tiempo en un orgasmo dejándonos sumergir hasta el fondo. Salimos juntos de nuevo a la superficie tomados de la mano, frente a frente uniendo nuestros labios. —Te amo —dije. —Yo más vida mía. Me cargó en brazos, deslicé mi nariz sobre la suya pérdidos en el reflejo de nuestros ojos en un silencio dorado, como si en el mundo no existiera nadie más, solo él y yo. Nadamos un rato más disfrutando cada segundo entre besos y caricias. El tiempo se nos pasó súper rápido, eran casi las cuatro de la tarde y ni nos dimos cuenta. Obviamente saqué muchas fotos para el recuerdo. Nos vestimos y caminamos tomados de la mano, disfrutando de ese paraíso hermoso hasta llegar donde estaba el auto. Nos recostamos en el césped un momento mirando ese cielo azul en total silencio. Puse mi cabeza en su pecho, que lindo escuchar los latidos de su corazón. Él entrelazó sus dedos en mi cabello, soltó un suspiro. —Eres mi alma, mi respiración, mi todo. —Tú eres mi polo a tierra, él que me ayuda, me da fuerzas para continuar cuando siento desfallecer, eres mi complemento perfecto. —Muero por hacerte mi esposa, estar a tu lado siempre, hacerte el amor día y noche. Sonreía, me volteé apoyándome en mis codos mirándolo fijamente. —Que rico suena todo eso ¿Será que si aguantas día y noche? Abrió los ojos y se sentó rapidísimo, muy serio preguntó. —A todas estas ¿tú te estás cuidando? —No. Se puso las manos en la cabeza, mientras yo me burlaba de su cara. — ¡Ay no! Ahora sí me matan mis suegros. Aún nada del anillo y otro bebé, de esta no me salvo — solté una carcajada—, no te burles de mí, es en serio qué hacemos. —¿Tan malo te parece tener un Juanse hermoso como tú? Me abrazó mientras quitaba mi cabello de mi rostro. —O una Lolita con unos ojitos verdes y un cabello rubio como el de mami, una princesa hermosa como tú —A sí, ¿te gustaría otra mujer que llegue a controlar tu vida y a robar tu corazón? —Me encantaría, más si es hermosa como tú, pero ahora no. Manuelito está muy pequeño aún, no quiero imaginar, me matan tus papás. Me subí encima de él y lo besé. —Tranquilo amor, no quiero enviudar sin casarme, otras bofetadas de mamá y ya. —No te burles, bien duro que pega. —Amor no te preocupes, como dices tú aún es muy pronto para más bebés, más adelante tal vez. Por ahora tranquilo porque yo pasé por la ginecóloga y empecé a cuidarme. Suspiró y se dejó caer con los brazos abiertos en el césped, yo solo me reía. —Que mala eres, qué susto —susurró con una voz de niño mimado. —Mala, ¿en serio? —Hice un puchero. Se puso de pie, me cargó, me abrazó y me dió un beso. —Todo lo contrario — sonrió muy malicioso —, ¿O sea estás planificando? — Sí. Abrió la puerta del auto con una mirada perversa susurró. —¿Eso quiere decir que puedo hacerte mía, las veces que yo quiera, podemos repetir? —¡Mmm, será! — Sonreí malvadamente. —Sí, tú eres mía. —Solo tuya — Murmuré. Lo empujé al puesto de copiloto, me besó. De esos besos que excitan, me subí encima de él, yo sería la dominante ahora, él solo se dejó llevar. Ya se imaginan lo que pasó, nuestros cuerpos temblaban, no solo quedamos mojados de sudor, sino de todos sus fluidos y los míos. Fue espectacular, retomamos el aire unos minutos mientras nos acomodamos la ropa, salimos de ese lugar hermoso. Llegamos a casa nuestros ojos hablaron por sí solos, solo se desbordaba amor de ellos. Fue un día inolvidable, único y mágico. Saludamos, lo primero que hicimos fue tomar a Manuelito en brazos. Para nosotros fue una eternidad estar lejos de él. Subimos a mi cuarto, Juanse jugó un rato con el niño hasta que lo hizo dormir, se quedó unos minutos conmigo, luego nos despedimos. —Gracias por el día más maravilloso que me has dado —Sonreí. —Tú compañía lo hizo maravilloso. —Te amo, te amo. Nos besamos con tanta dulzura. Esperaba que pronto lleguara el día en el que no me tuviese que despedir. Subí a mi cuarto y me di una ducha, me acosté para continuar con la rutina de todos los días. Todo era tranquilo y felicidad completa. Pero como hay días soleados, también los hay oscuros. Continuará……
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