capítulo 14.

2513 Palabras
LOS MISTERIOS DE LOLA. CAPÍTULO 14. LA GRADUACIÓN DE JUANSE. Llegamos a casa, doña Amanda y don Alberto hicieron un brindis por su hijo, estaban orgullosos de él. Luego pasamos a la mesa, la cena estaba deliciosa. Yo estaba sentada al lado de Juanse, él cargaba a Manuelito, Carla al frente e Ilse a mi lado. —¿Carlina así es que te llamas? — Indagó Ilse. Todos soltaron una carcajada. Ella se puso roja, ya sabía las intenciones de Ilse la conocía muy bien. —Mi nombre es Carla —se aclaró la garganta. —Ah perdón me confundí ¿tú a qué te dedicas? —volvió a preguntar Ilse. —Soy profesora de matemáticas. —Que interesante, además de ser amiga de Juanse también estudiaste lo mismo que él, cualquiera diría que era para estar cerca de él. Ilse sonreía, ella solo pasaba saliva y le daba sorbos a su copa. Sabía el veneno de las palabras de Ilse, tanto que lograron ponerla incómoda aunque ella fingía con su risa falsa. —Pues no me gustaban mucho las matemáticas, pero Juanse me ayudó, ya luego me enamoré… Ilse la interrumpió, con mucha picardía en sus palabras preguntó. —¿De Juanse? Esa mujer se atragantó con el jugo y empezó a toser, se puso pálida. —Ella se refiere a la materia, no le hagas caso Carla, Ilse es una bromista —intervino Juanse. Ilse sonreía muy maliciosa. —¡Ay sí, era broma! cambia esa cara —Carla soltó una risita forzada—, un día de estos te invito a salir, para que liguemos, al fin Lola ya tiene a su príncipe. —Esta hermosura está lejos de tus malas influencias —comentó Juanse. Todos soltamos una carcajada, ella estaba muy incómoda aunque tratara de demostrar lo contrario. —Ni lo digas, aún me falta la despedida de soltera —Ilse miró a Carla—. Carla tu estás invitada. —Claro que sí, muchas gracias. La vamos a pasar increíble —respondió con una sonrisa falsa. —Claro que sí, ya te imagino con tu vestido de novia, toda una reina —Ilse me miró. —También lo imagino —Sonreí. —Se verá hermosa, bueno aún más porque hermosa ya es —agregó Juanse. —Lo mejor de todo es que tú se lo quitarás —Ilse soltó una carcajada. Todos sonreímos. Ella solo fingía, en el fondo yo lo disfrutaba, Ilse era terrible, todas sus palabras eran con doble intención. Seguimos haciendo plática un rato más, Ilse siguió con su veneno. Ella al parecer no pudo más y se retiró con la disculpa de que iría al baño. Manuelito ya tenía sueño, Juanse me acompañó acostarlo en una de las habitaciones. Luego me arrinconó contra la pared y me besó, esos besos que me encantaban. —Ese vestido n***o te queda hermoso, imagino como se verá si te lo quito —mordió su labio inferior. —A ti también te queda divino ese traje, pero estoy segura que se verá mejor en el suelo —respondí. Me levantó lo rodeé con mis piernas, puso sus manos en mi trasero y me besó recorriendo mi boca con su lengua, haciendo que cada sentimiento de mi piel se erizara. Con la voz agitada le susurré. »¿Cariño, recuerdas que tienes invitados? —Lo sé, pero yo solo quiero estar contigo. —¡Pero es tu fiesta! —recalqué. Hizo un puchero, se acomodó la corbata y yo mi vestido. Salimos del cuarto muy sonrientes. Sentí una mirada fulminante, justo al frente estaba Carla. Se acercó a Juanse y le entregó una pequeña bolsa. —Es un pequeño presente, espero que te guste y que siga siendo tu favorita... Juanse abrió la bolsa, era una colonia. Como agradecimiento la abrazó y le dió un beso en la mejilla. —Gracias por el detalle. Sí, aún me gusta. — Lo sabía bebé, te conozco como la palma de mi mano. Juanse sonrió, lo que le dijo él me dejó helada, a mí también me sorprendió. —Agradecería mucho que me digas como todos los demás, “Juanse”. Eso de bebé como que no me queda. Su estúpida sonrisa se borró de su rostro, aunque trataba de disimular, yo sonreí y la miré. Seguí de la mano de mi novio, esa mujer estaba furiosa. Bailamos un rato, ella no dejaba de vernos. Juanse se quedó hablando con sus compañeros, mientras Ilse me acompañaba a darle un vistazo al niño. —Eres una venenosa —Sonreí. —Eso lo sé, viste la cara que puso la estúpida esa —respondió Ilse. —Eres lo máximo. Platicamos y luego regresamos a la fiesta. Juanse aún platicaba con sus amigos, no quise interrumpir así que le pedí a Ilse que me acompañara por algo de tomar, pero me dijo que se iría a ligar un chico guapísimo que vio. Ella nunca cambiaría. Me acerqué a la mesa por un cóctel. —¿Me sirves uno? —habló Carla tras de mí. —Claro, toma. Extendí la mano y se lo entregué, ella me miraba de una forma, no sé cómo explicar, su mirada de odio y su sonrisa fingida. —Todo quedó muy bonito, Amanda se esmeró mucho —le dio un sorbo a su copa. —Sí, todo quedó muy lindo. Las dos miramos al tiempo a Juanse. —¿Ya tienen fecha para la boda? —me preguntó. —En esas andamos — Tomé mi cóctel y le di la espalda. —¿Qué? ¿Tan aburrido te parece hablar conmigo? —preguntó. Volteé de nuevo y me acerqué a ella mirándola a los ojos, ella me devolvió una mirada retadora. —¿Por qué habría de molestarme? —respondí con otra pregunta. —Dímelo tú, que al parecer te molesta que esté cerca de Juanse, lo he notado —arqueó una ceja. —Son ideas tuyas — traté de sonreír. —¿Celos verdad? —volvió a preguntar. —¿Tendría alguna razón? — Sonreí. —Tal vez. Sonrió. Como estábamos tan cerca, de un momento a otro tomó mis manos haciendo ver como si yo le echara el cóctel encima. Ella soltó un pequeño grito, yo aún no entendía nada, lo que yo no sabía era que ella planeó eso porque vió que Juanse se acercaba. Él pensaba que yo le había tirado el cóctel. —¡Lola, qué pasó! — exclamó Juanse. Ella empezó con unas lágrimas de cocodrilo. — Se está vengando de mí por lo de la otra noche. Ella dice que yo la empujé con intención ¡Ay no! Mi vestido. Ahora sí, que cinismo. La tomé del brazo y la halé con fuerza. —¿Qué? ¡No seas mentirosa! —exclamé molesta. —¿Ah, lo vas a negar? Acabas de tirarme el cóctel encima y me dijiste que estábamos a mano. Juanse me miró sorprendido. —Eres una … Juanse me interrumpió. —¡Lola, basta no más! pensé que había quedado claro que lo de la otra noche fue un accidente, te pasaste. — Juanse no te enojes con ella, es mi culpa. Ella solo me devolvió lo que cree que le hice, por eso lo dijo quedamos a mano. Me chocaba el cinismo de esa estúpida. Estallé de la peor manera, la quise tomar del brazo, pero Juanse se interpuso. Me miró desilusionado, esa estúpida logró sacarme de mis casillas y yo caí como una tonta, no pude controlarme. —Eres una maldita mentirosa, yo jamás te eché nada encima —grité. —Tranquila ya te dije que lo olvidemos, quedamos a mano como lo dijiste tú —bajo la mirada—, Mi vestido, mejor me voy. — Eres una hipócrita, mentirosa sabes qué mejor lárgate —la fulminé con la mirada. —¡Lola no más! — gritó Juanse—. Te pasaste, no puedo creer que actúes así. Tomó a Carla de la mano. »Ven vamos a mi habitación para que te limpies. Sus ojos me miraron con desilusión, ella mientras él no veía, sonreía triunfante. Logró lo que quería, hacerme quedar como un zapato frente a él. Me quedé llorando por la ira que tenía. Descargué la mano sobre la la mesa con fuerza, no tenía mis pensamientos claros, la sangre me hervía, una corriente de adrenalina recorría mi cuerpo. En un momento de enojo uno no piensa, ni razona, yo estaba a punto de hundirme más, pero no medí las consecuencias. Atravesé el jardín y caminé rápido, subí las escaleras, empujé la puerta del cuarto. Carla estaba envuelta en una bata limpiando su vestido, Juanse le pedía disculpas por mí. Entré y no les di tiempo de nada, la agarré por los cabellos dispuesta a sacarla a rastras. La estúpida no se defendía, al contrario lloraba y gritaba haciéndose la víctima. Juanse me tomó con fuerza de los brazos, me gritó de una manera que no lo había hecho nunca, eso me dejó en shock. Fue como un golpe en el corazón. —¡YA, NO MÁS! ¿Lola qué demonios te pasa, por qué actúas así? La estúpida empezó a llorar. Él se le acercó revisándola, le preguntaba si estaba bien, ella con lágrimas fingidas le decía que sí. Sentí un dolor en el pecho, las lágrimas rodaban por mis mejillas. —¡Estás ciego, no ves que son puras mentiras, es una manipuladora! —Grité. —¡Ya no más! No digas estupideces. Yo vi cuando le aventaste el cóctel encima y luego llegas como una loca la halas del cabello ¿Cómo quieres que te crea? No entiendo si ya lo habíamos hablado, tú no eres así, te desconozco. —Estás tan ciego que no quieres ver que esta zorra… Otra vez me gritó, eso me dolía más que cualquier cosa, saber que por culpa de ella nosotros estábamos discutiendo otra vez, pero esta vez toda estaba en mi contra. Lloré de enojo y de dolor, me sentía frustrada al ver que ella manipuló todo, no tenía como demostrarlo. —¡Ya! —Gritó. —¡No me grites, menos por esa! —grité—, ¿Qué no ves que se muere por ti? Tú no lo quieres ver. —¿Lola de qué hablas? —intervinó Carla—, estás equivocada, imaginas cosas que no son, yo sé que no te caigo bien, pero tampoco para que inventes cosas. Quise lanzarme otra vez sobre ella, pero Juanse se interpuso. La verdad me salí de mis casillas, no sabía ni lo que hacía. —¿Sigues con lo mismo? —exclamó Juanse molesto. —¡Tú te callas desgraciada! —la señalé con el dedo. —¡No más! Compórtate, estás fuera de tus casillas —exclamó Juanse. —Estás tan ciego que no quieres ver la verdad —escupí. —La que está imaginado cosas eres tú. —No. Cuando una mujer está enamorada y celosa es capaz de cualquier cosa por meterse en una relación. Eso es lo que ésta quiere, quedarse contigo. Los dos teníamos la cabeza caliente no medíamos las palabras que decíamos. Lo que él me dijo eso sí me dolió, yo sé que era en un momento de rabia, pero en ese momento yo no lo vi así. Las palabras hieren y lo peor después de dichas nada se puede remediar. Con sus ojos cristalizados elevó el tono de su voz. —Lo dices por experiencia. Quedé fría al escucharlo, saqué la mano y la estrellé en su rostro. Un par de lágrimas rodaron por mi mejilla. —Juanse, tal vez ella está pasada de tragos, no discutan, menos por mí —intervinó Carla. —¡Tú te callas maldita! No te creas tan importante —mascullé. Miré a Juanse y lo señalé con el dedo índice. La voz se me empezó a cortar, eran muchas cosas mezcladas, dolor, enojo, tristeza. » ¡Y tú, quédate con esta aparecida! Tiré la puerta, estaba hecha pedazos. Lo que más me dolía fue que caí como una estúpida en su maldita trampa. Ella logró desestabilizarme, me salí de mis casillas. Ella logró hacernos pelear, yo quedé como la villana y ella como la víctima. Caminé hasta el cuarto tomé a mi hijo en brazos y seguí mi camino. No paraba de llorar, menos mal nadie lo notó, solo Ilse que corrió al verme. Sin querer asusté al niño y empezó a llorar, pero yo no razonaba. Ilse me hablaba, pero yo seguía caminando con mis ojos nublados por las lágrimas, ella caminaba tras de mí. Juanse nos seguía. —¿Qué rayos pasa? ¿Alguien me explica? —preguntó Ilse. Él me tomó del brazo. —¡Detente, el niño está llorando! Estaba cegada por la ira, halé mi mano retirándola. Lo miré con enojo y le grité. —¡No me toques! — le grité —. ¡Y él es mi hijo! Vete con ella, a mí déjame en paz. Seguí mi camino. —¿Juanse qué pasa? —le preguntó Ilse. —Ayúdame, la ofendí me salí de mis casillas, me dejé llevar por el enojo. Descargué la mano contra la banqueta. — No entiendo nada. Yo la conozco está muy molesta, déjala, dale tiempo, yo me encargo. —Por favor Ilse, no la dejes sola. —¿Qué fue eso tan grave que hiciste? Juanse regrésate a la casa y no la sigas. Está muy mal, luego te aviso. Ilse corría tras de mí, yo seguía caminando, ella me suplicaba que le entregara el niño. Estaba tan cegada que ni notaba lo asustado que estaba el bebé. Al final Ilse lo recibió, hizo una llamada. Minutos después llegamos a casa. Subí a mi cuarto, casi al instante llegó Leila. Ilse le pidió que se encargara del niño, me senté en el suelo y abracé mis rodillas. Estaba temblando, no podía dejar de llorar, estaba tan enojada, lo que más me dolió fue la manera en la que él me habló, lo que me dijo. Ilse se arrodilló frente a mí, acariciaba mi cabello. — Lola mírame, qué pasa, calma bonita, respira. Me abrazó como arrullándome, solo la miraba, las palabras no me salían, solo logré decir. —Es una maldita. Luego entró mi hermana. —¿Ilse, qué le pasa a Lola? —preguntó preocupada. — No lo sé, aún no logro que se calme, creo que tiene otra crisis, Ay no sé ¿Y el el niño? —Está dormido, Andrés está con él —Leila acariciaba mi rostro con mucha ternura —. ¿Qué pasa mi bonita? —Leila mírale la mano, creo que se la rompió, está muy hinchada —habló Ilse. —Ay Dios, es verdad, vamos al hospital —respondió mi hermana. Me ayudaron a levantar, seguía llorando. Ya se me estaba pasando la adrenalina y ahora sentía el dolor en la muñeca. Al parecer sí me la había roto. No recuerdo nada más porqué el dolor era tan intenso que me desmayé. Continuará ….
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