LOS MISTERIOS DE LOLA.
Capítulo 16.
EL CUMPLEAÑOS DE MANUELITO.
Juanse continuó trabajando, ahora como maestro de la universidad. Yo seguí con mis estudios, en la tarde me recogía. Salimos a comprar todo para la pequeña fiesta de mi hijo, yo quería algo sencillo, pero Juanse insistió en que sus dos añitos los celebraría en grande, quién le decía que no.
Todo estaba listo para el sábado a las tres de la tarde, le marqué a mis tíos, ellos tenían todo el derecho de estar aquí, como se trataba de Manuelito no dudaron en aceptar. Eso me hacía estar más segura en la decisión que ya tenía, pero primero debía hablar con Juanse. Tenía más o menos planeado contarles después del compromiso que sería en 15 días.
Me organicé y pasé a la universidad donde trabajaba Juanse. Llevaba días evitando a esa tipa, esperaba no encontrármela. Llegué a la universidad y fui directo a su oficina, para mi suerte ahí estaba él.
—Que hermosa sorpresa —me besó.
—Necesito hablar contigo —comenté.
—¿Pasa algo? —preguntó preocupado.
Cerré la puerta.
—Es importante…
—Siéntate amor —Me señaló la silla.
—No. Aquí no cariño, no quiero que alguien entre como si nada por esa puerta.
—Me asustas — sonrió—, ¿puedes adelantarme algo?
— Es sobre Manuelito.
—¿Le pasó algo? —
Bajé la mirada y suspiré.
—Tú sabes amor, creo que llegó la hora.
Tomó mis manos, me miró con dulzura.
—Está bien amor, vamos por un capuchino al centro comercial, luego al mismo lugar de siempre.
Salimos tomados de la mano, cuando esa voz chillona le habló.
—¿Juanse tengo unos exámenes, me ayudarás a revisarlos?
Giró su cabeza solo para mirarla.
—Luego los revisamos, ahora tengo cosas más importantes que hacer.
Seguimos nuestro camino, me imagino la cara de esa estúpida. Llegamos a la cafetería del centro comercial, pedimos nuestros capuchinos y luego salimos hacia el parque, nos sentamos bajo unos árboles.
—Bien cariño ¿Qué es eso tan importante qué debías decirme? —inquirió él.
—Después de tanto pensarlo creo que llegó la hora de hablar con la verdad, sacar esa verdad a la luz.
—¿Estás segura amor? —Tomó mi mano.
—Es lo justo, mis tíos deben, tienen el derecho de saber que es su nieto, ya bastante han sufrido con la muerte de Manuel. Ya callé demasiado, es justo —respiré profundo—, solo que me da miedo su reacción, es traer otra vez ese pasado que marcó mi vida, es hablarles de esa historia de amor que existió entre Manuel y yo, enfrentar todo eso y sola.
—Mi bonita te equivocas, no estás sola porque desde el día que supe que estabas embarazada, decidí luchar para conquistar tu corazón, y yo decidí convertirme en el papá de Manuelito. Desde ese día los dos estamos en esto, aunque el niño no lleve mi sangre es mi hijo, lo amo. Si tu decisión es sacar ese secreto te apoyaré mi bonita, juntos hablaremos con tus tíos y tus papás, es hora que sepan la historia de amor que hubo entre Manuel y tú, una historia hermosa cuyo resultado fue Manuelito.
— Aún recuerdo cuando competimos por tu amor para saber quién lograría conquistarte —Sonrió.
—Claro que recuerdo esa locura que se les ocurrió a ustedes, un día salía con uno, otro día con el otro, yo más loca que acepté, tenía que elegir entre los dos.
— Pero yo sabía que tenía las de perder porque era obvio que tu corazón ya lo había elegido a él.
—¿En serio ya lo sabías? —Indagué.
—Desde que lo busqué para impedir que se fuera sabía que su amor era muy fuerte. Yo tenía la partida perdida, aunque trataba de hacer mi último intento.
—Tiempos aquellos —Sonreí con tristeza—, los tres estábamos locos. Manuel se fue y tú a pesar de todo te quedaste a mi lado cuando mi mundo se vino abajo. Mis papás se pusieron furiosos y tú otra vez conmigo, te echaste la responsabilidad y dijiste que el bebé era tuyo.
— Manuel se fue, pero nos dejó un regalo hermoso, siempre estaré contigo, Manuelito siempre será mi hijo.
—Gracias amor por apoyarme, esto no será fácil, pero es lo justo.
—Yo estaré contigo en todo momento, ¿Cuándo hablaremos con ellos? —Preguntó.
—Después de la noche del compromiso.
Sentí un ruido justo detrás de nosotros, me quedé en silencio.
» ¿Escuchaste? —pregunté preocupada.
—Seguro son los niños que juegan en el parque.
—Debe ser.
Nos pusimos de pie y caminamos despacio abrazados.
—Entonces así lo haremos hermosa —me regaló una pequeña sonrisa.
—Gracias amor.
—Todo va a salir bien.
Él regresó a la universidad y yo a casa. Después de hablar con él quedé más tranquila, el resto de la semana salíamos a organizar algunas cosas de la que sería nuestra casa. Estaba tan feliz, mamá, Ilse y Leila me ayudaron con la decoración y los pasabocas, todo para la pequeña fiesta.
…
Me organicé, me maquillé y me recogí el cabello en una coleta, organicé a mi príncipe. Una nostalgia me invadía, que rápido pasa el tiempo, que lindos ojos los de mi pequeño, no podía evitar verlo en los ojos de mi niño. Llegaron los invitados, algunas eran vecinas con sus niños, por supuesto los abuelos y mis tíos. Mis tíos le trajeron una pista de carros, mi niño feliz y ellos aún más.
—Gracias por venir —comenté.
— Ni lo digas mi niña, no me perdería por nada el cumpleaños de este príncipe —respondió mi tía.
—El consentido de la familia —agregó mi tío.
Mi tía se quedó jugando con el niño en el jardín mientras yo iba a la cocina a ayudarle a mamá. Juanse muy juicioso ayudándonos también.
Mientras tanto en el jardín llegó una visita indeseada, si yo hubiera estado cuando ella llegó la hubiera sacado a rastras.
—Hola doña Amanda, ¿cómo estás? —saludó Carla.
— Carla que bueno que pudiste venir ¿Muy bien y tú?
—Bien ¿Y Juanse? — preguntó mientras miró todo a su alrededor.
—Está en la cocina con Lolita.
—Ah, qué bien —Trató de sonreír— ¿Y el cumpleañero hermoso dónde está?
—Mira, está allá con la tía de Lola —Señaló con la mirada.
—Ah, voy a entregarle este presente que le traje —levantó la pequeña caja de regalo.
—Gracias no debiste molestarte —agradeció Amanda.
—Sabes que yo estimo mucho a Juanse y Manuelito es su hijo.
— Mi nieto es hermoso, una bendición.
— Me imagino. Él es hermoso, voy a saludarlo.
Se acercó a mi hijo con su maldito cinismo.
—Hola pequeño ¿cómo está el cumpleañero hermoso? Que lindo estás.
—Él es un príncipe —respondió mi tía.
—Mucho gusto, me llamo Carla y soy amiga de Juanse —tendió su mano.
—Un gusto, soy la tía de Lola — estrechó su mano.
Quiso entregarle lo que le llevó, cuando se le acercó se puso inquieto y no dejó que lo tocara, se aferró a los brazos de mi tía.
—¿Pero qué pasa mi niño? Te trajeron un regalo —mi tía lo recibió por él—, mira que bonito, él es muy amable no sé qué le pasa.
—Seguro porqur casi no me ha visto —trató de sonreír.
—Debe ser.
—Pero que lindos son los ojos de este príncipe —Comentó Carla.
Mi tía suspiró.
—Son iguales a los de mi hijo —pasó saliva.
—¿Y dónde está su hijo? —volvió a preguntar Carla.
— Él falleció —murmuró mi tía.
—Cuanto lo siento no sabía, perdón —susurró
—Tranquila, pero este niño hermoso me lo recuerda.
— Él es divino, le dije a Juanse que Manuelito no le sacó nada a él, ni los ojos a Lola —Carla lo siguió mirando.
—Salió a la familia —mi tía inspiró profundamente—, es igual a mi hijo cuando tenía esa edad, tiene sus mismos ojos bellos, su misma sonrisa…
—¿En serio? que bello —Sonrió—, ¿Cómo se llamaba su hijo?
—Manuel…
—¡Qué coincidencia! —arqueó una ceja.
—Juanse y Lolita se lo pusieron en honor a mi hijo —suspiró.
—Qué mejor manera de recordarlo.
— Sí, más porque Lolita se llevaba muy bien con mi hijo.
—¿Me imagino que se querían mucho? —indagó con curiosidad.
—Él decía que era la niña de la casa, su consentida.
—Me imagino lo duro que fue para Lola su pérdida —más que una pregunta parecía una afirmación.
— Para todos fue un golpe devastador, sobre todo para mi niña, ella casi se muere, pero gracias a Dios llegó este ángel que fue como un rayo de luz.
—Pobre Lola, me imagino, más si lo quería tanto, pero menos mal llegó este pequeño.
— Sí, él fue una luz en medio de tanta oscuridad.
— Ya me dió curiosidad de conocerlo ¿De casualidad no tiene una foto? pues si no es indiscreción —se encogió de hombros.
—Sí claro.
Tomó su celular y le mostró la foto.
—Oww que guapo era, en verdad Manuelito se parece mucho a él, ahora veo de dónde sacó el parecido, al primo —su cara de sorpresa era evidente.
—Sí, salió al primo, son como dos gotas de agua.
—Que cosas de la vida, la genética de la familia no se pierde —sonrió.
Salí con algunos dulces. Cuando levanté la mirada me llevé una gran sorpresa, ahí estaba esa estúpida hablando con mi tía, me hervía la sangre al verla cerca de mi hijo. Quise caminar hacia ella cuando sentí una mano que me detuvo.
—¿Amor qué pasa? —preguntó.
—¿Qué hace ella aquí? —inquirí—, Te dije muy claro que no la quería cerca de mí, menos de mi hijo.
— Mamá la invitó, pero me dijo que no podía venir.
—Ahora mismo se irá —escupí molesta.
—Calma amor.
Me acerqué.
—Tía me harías el favor de llevar al niño a que se lave las manos —miré a Carla.
—Claro que sí mi vida. Hasta luego Carla.
—Fue un gusto conocerte.
Mi tía salió con Manuelito.
»Que lindo te quedó todo —miró todo el lugar.
—No finjamos ok, sabes que aquí no eres bienvenida.
—Gracias por venir, pero lo mejor es que te vayas —Habló Juanse.
El gesto de su rostro se transformó.
—¿Aún sigues molesta por lo de la otra noche? —me miró—, la que debería estar molesta soy yo, al fin mi vestido fue el que se arruinó.
—Mira no finjas solo porque Juanse está aquí, bien sabes que ninguna de las dos nos soportamos.
Ponía esa cara estúpida de inocente.
—No sé de qué hablas.
Giré sobre mi propio eje dispuesta a irme.
»¡Lola! —Habló—, por cierto qué guapo está tu niño, ahora veo a quién le sacó lo bello. Por supuesto que Juanse es hermoso, pero ya supe a quién se parece.
Me quedé fría, sus palabras tenían cierto veneno.
»Juanse tenía razón, salió a tu familia. Tu tía me mostró la foto de tu primo ¿cómo se llama? —se pellizcó el puente de la nariz—, ah verdad que tonta, si tienen el mismo nombre.
—Sí, a mi primo Manuel, no le veo nada raro, al fin somos familia.
Seguí mi camino, sabía que lo que ella intentaba era provocarme, no le daría ese gusto. No sé porqué, pero su mirada me causó nervios, como un mal presentimiento, tal vez solo es mi imaginación. Juanse se quedó hablando con ella.
—¿Ahora qué hice? —Carla hizo un puchero—, al parecer se molestó tu novia.
—No se molestó, solo está ocupada —respondió Juanse secamente.
—¿Sería porque mencioné al difuntito? — preguntó.
—¡Carla! No hables así de las personas que ya no están —Juanse la regañó.
— Lo siento, no fue mi intención, se me salió. ¿Pero viste cómo me miró cuando mencioné el parecido del niño a su primo?
Él le respondió secamente.
—No entiendo porqué le pones tanto misterio a eso, ya te había dicho que se parecía a la familia de Lola.
—No te enojes, solo fue una tontería —hizo un puchero.
—Luego hablamos, iré con mi hijo —dio la vuelta y la dejó sola.
Respiró profundo, estaba furiosa, más porque Juanse la dejó hablando sola. No le quedó más remedio que irse porque esta vez no logró meterle cizaña a Juanse, él simplemente la ignoró.
Todo estuvo perfecto, mi niño estaba feliz, nosotros mucho más al ver como se dibujaba esa bella sonrisa en su carita. Ahora solo faltaba la noche del compromiso para sellar nuestra felicidad. Ahora solo faltaba esperar la tan anhelada pedida de mano. La noche de mi compromiso se supone sería el día más feliz de mi vida, pero se convertiría en el peor de todos.
Continuará …
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