capítulo 17.

3514 Palabras
LOS MISTERIOS DE LOLA. CAPÍTULO 17. MI COMPROMISO. Después de clases pasé con Ilse a comprar mi vestido para la noche del sábado, después de tanto buscar de tienda en tienda por fin encontré mi vestido. —Amiga que felicidad, por fin te me casas, ahora sí felicidad completa —chilló Ilse. —Dímelo a mí, estoy encantada, aún no lo creo —Sonreí. —¿Para cuándo es la boda? —inquirió Ilse. —Calma, aún no lo sé, el sábado le pondremos fecha. — ¡Ay sí! Ya me imagino tu despedida de soltera. —Ni lo sueñes, ya te conozco —soltamos una carcajada. Hablamos, reímos, planeamos muchas cosas, fue una tarde increíble. —Lo mejor de todo es que esa estúpida se quedó con las ganas de dañar tu relación —comentó Ilse. —Sí, esa mujer no pudo acabar con este amor que los dos sentimos —agregué. Mis papás andaban muy pendientes de los detalles de la recepción, sería algo sencillo; la familia de Juanse y algunos amigos más cercanos, mi familia que no faltaría, mis tíos estarían en primera fila. Esos días nos parecieron muy largos, por no decir eternos, pero por fin llegó el gran día, mis tíos llegaron en la mañana. —Mi niña que felicidad —me saludó mi tía. —Te mereces lo mejor — saludó mi tío. —Felicidades —Felipe me abrazó y susurró—, ojitos de gato, mereces ser feliz. Eso último sí lo dijo en voz alta, no quería pensar en nada, solo en mi felicidad, era lo único que tenía en mente. —Gracias por venir, es muy importante para mí que ustedes estén aquí. —Por nada nos perderíamos este momento, se nos casa la niña de la casa —mi tía me abrazó. No pude evitar pensar en la noticia que les daría en unos días. Ilse llegó muy temprano, ella se encargó de maquillarme y peinarme. Me ayudó a vestir. Ya casi todos los invitados habían llegado, bajé y los saludé. Levanté la mirada y vi a mi guapo prometido cruzar el umbral de la puerta acompañado de sus padres. Estaba divino con su traje impecable y esa sonrisa divina, se acercó y me saludó. —¡Estás hermosa mi princesa! —Sonrió. —Tú no te quedas atrás, estás guapísimo —Sonreí. —Tengo la prometida más hermosa del mundo —dejó un pequeño beso en mis labios. —Eres un exagerado — Sonreí y le devolví el beso. Juanse estaba saludando a mis tíos cuando llegó Leila, salí a recibirla. Estábamos platicando cuando levanté la mirada Carla cruzó el umbral de la puerta, fruncí el ceño, me preguntaba qué hacía esa bruja aquí, di un paso, pero Leila me tomó de la mano, mientras la sínica saludó con una estúpida sonrisa a Juanse. —¿Qué pasa? —inquirió mi hermana. —Esa mujer ¿qué demonios hace aquí? —escupí. —No lo sé —susurró mi hermana. —Ahora mismo la sacaré. —Cálmate —me regañó—, eso es lo que ella quiere, desestabilizarte, no le darás ese gusto. Estás regia, esta es tu noche y nadie la dañará. Juanse pedirá tu mano, mejor déjala que ella esté presente para que le quede claro que nadie acabará con este amor. —Tienes razón, qué haría sin ti —Sonreí. —No caigas en su juego, es lo que ella quiere, tú solo sonríe e ignorala, no le des el gusto. —Tienes razón, nada podrá opacar la noche —volví a sonreír. Me acerqué a Juanse, él me haló hacía él, deslizó su mano por mi espalda hasta mi cintura. Ella solo me miró con odio, yo solo sonreía. Pasamos a la mesa, la comida estuvo deliciosa, todos comentaban, charlaban, reían. Juanse solo me presumía, esa mujer respiraba hondo, tomaba las copas de champán como si fuera agua. —Te llevas la consentida de la familia, cuídala mucho —brindó mi tía. —Donde derrame una lágrima por ti, te las verás conmigo —amenazó mi tío. Todos sonreían, ella seguía dándole sorbos a su copa, me fusiló con la mirada, yo solo la ignoré, sentí algo que no me gustaba para nada, tal vez solo eran nervios. —Les juro que cuidaré a esta belleza hasta con mi vida, si yo hago que derrame lágrimas, se los juro serán de felicidad porque adoro a esta mujer —comentó Juanse. Todos hablaban al tiempo de nuestra relación, del amor tan bonito que teníamos, Juanse se puso de pie, me dijo que iría al baño. Me quedé hablando con Ilse, Leila y mis tíos, todos se hicieron de lado y guardaron silencio, yo estaba de espaldas y no entendía nada, cuando me volteé, miré a Manuelito que caminaba con una rosa en la mano, Juanse tras él. Él niño tomó mi mano y se puso de rodillas, al igual que él, no pude evitar derramar lágrimas de emoción, con una voz tan dulce, susurró mi niño; — Mami, dice papá que si quieres ser su esposa. Todos se morían de ternura, las lágrimas rodaban por mis mejillas, era hermoso, Juanse tomó el anillo. —Bien mi bonita, ¿quieres pasar el resto de tu vida conmigo? Sollozando le dije que sí. Todos aplaudían, el más feliz era mi niño, no sé si él podía entender lo que pasaba, pero aplaudía igual que los demás, sellamos nuestro compromiso con un beso. »Aquí delante de tu familia, mi familia y amigos —Juanse levantó la mirada—, ustedes son testigos del amor que siento por esta princesa, suegro por fin el anillo. Todos soltaron una carcajada, ella seguía tomando de una manera descontrolada, pero eso a mí no me importaba. —Como demorado —Papá sonrió. —Gracias por abrirme las puertas de su casa, le doy mi palabra que haré todo para que ella siempre sonría, para que sus ojos verdes sigan brillando tanto como lo hacen hoy. Esta mujer que ustedes ven aquí, es mi vida, mi mundo, mi todo —sonrió—, solo con una sonrisa me alegra la vida, suegro, suegra, gracias por esta princesa, así como es uno de sus tesoros más valiosos, yo la cuidaré, la amaré como lo merece. Mis ojos estaban cristalizados, los de mis padres ni se diga, estábamos en medio de todos que observaban atentos, él puso sus manos en mi rostro con una mirada tan dulce. »Hoy es el día más feliz de mi vida, hoy empezamos un nuevo camino juntos, señorita hermosa solo viviré por ustedes los pilares de mi vida, te amo mi bonita. Tomó en brazos a Manuelito, me besó, todos aplaudían y gritaban « que vivan los novios» Mi Papá tomó una copa para hacer su brindis, la voz se le entrecortaba, sus ojos se cristalizaron. Mientras chocábamos las copas alguien aplaudía escandalosamente llamando la atención de todos, estaba pasada de copas eso se notaba. —Bravo —Gritó con ironía—, bravo... Salud por los novios. Todos miraban extrañados, el más sorprendido era Juanse, levantó su copa. »También quiero hacer un brindis por tan linda pareja —soltó una carcajada—,¡perdón! Creo que me excedí con el champán, les decía, salud por esta linda parejita. Se acercó señalándonos, se posicionó frente a Juanse. :—Salud bebé, ah perdón me equivoqué, Juanse. Que seas feliz con tu mujer y tu hijo, que por cierto no se parece en nada a ti ¿verdad? — señaló a mi hijo, Juanse estaba confundido, todos murmuraban, él me entregó el niño. —Estás borracha — murmuró Juanse—, ¿Qué te pasa? lo mejor es que te vayas. —¿Por qué me tengo que ir? — gritó—, si estamos celebrando, a poco no es verdad, Manuelito no le sacó nada al papá. —¡Carla, vete, estás ebria! La tomó del brazo, pero ella se soltó, con una mirada retadora se acercó a mí, todos nos miraban, estaban tan sorprendidos, ella estaba dando un gran espectáculo. —¡Salud por ti, Lolita! —Miró a todos—. Saben ella dice que yo soy una zorra… Juanse quiso sacarla, pero ella lo empujó, gritó que no la tocara, empezó a reírse de una manera que daba miedo, sentí escalofríos, pero lo siguiente que dijo nos desconcertó a todos, dejándome en shock. »Cuando la zorra es ella, que engaña a Juanse diciéndole que ese niño es de él. ¡Ay Lola! que rápido se te pasó el luto, hace dos años que se murió el papá del niño y tú ya te vas a casar. Todos nos miraban, empezaron a murmurar, mis padres y mis tíos estaban perplejos, sentía como una daga en el pecho, me quedé helada, miré a Juanse, él estaba tan sorprendido como yo, la tomó del brazo en voz baja quiso callarla. —¿De qué hablas? Estás loca. Todos se preguntaban qué pasaba, los más confundidos eran mis tíos y mis padres, ella se soltó, exclamó con más fuerza. —¿Por qué te quedas callada? —me señaló—,¡Lolita! ¿Acaso miento? ¿Es mentira que el papá de ese niño era tu adorado Manuel, el amor de tu vida? Eso era como un balde de agua fría para todos, mis tíos se quedaron pasmados y mis papás me miraban como buscando una respuesta, yo sentí que el mundo se me vino abajo, un frío recorría mi cuerpo, no podía moverme. —Estás borracha, no sabes ni lo que dices ¿De donde sacaste esa estupidez? —Juanse la regañó. —No es ninguna estupidez Juanse, recuerdas, si tú mismo me contaste, que esta se revolcaba con los dos al tiempo, que mala memoria bebé, si tú me contaste toda tu historia, cómo te hiciste cargo de un niño que no es tuyo, no lo niegues, bien claro que contaste todo. Sentí que todo a mi alrededor se detenía, volteé con gran tristeza, lágrimas se escaparon de mis ojos, susurré entre dientes. — ¿Le contaste? —Sentía que mi corazón iba a explotar. —Nunca — estaba desconcertado. —Juanse tú me dijiste que ella se quedó contigo porque no tuvo opción, al fin, el otro se murió, que mala memoria tienes bebé, por eso soy tu confidente, no me mires así Lola, entre él y yo nunca ha habido secretos. —¡Qué! —Juanse exclamó —,¿Por qué mientes? — Ya sé que me pediste que guardara silencio, pero se me salió. Sentí las miradas fulminantes de mis tíos, mis papás y mis suegros, todo era caos, hablaban a la vez, gritaban, yo sentía como ecos a mi alrededor, sentía morir. El mundo se me vino abajo, el dolor más grande fue saber que Juanse fue capaz de contarle a esa mujer. Andrés me recibió el niño y se lo llevó e Ilse sacó a todos los invitados que estaban murmurando, ella seguía atacándome hablando de mi vida, volví en mí cuando sentí unas manos que sujetaban las mías, me sacudían con fuerza. —¡Lola! —Gritó mi tía con lágrimas en sus ojos—, ¿Lo que dice esa mujer es verdad? Habla ¿cómo que Manuelito es hijo de mi Manuel? Su voz se rompió. Todos me miraban con desilusión, una lágrima rodó por mi mejilla. —Yo puedo explicarlo —Juase intervinó. —Lola eres el colmo —Interrumpió Carla —, tus tíos muriéndose de dolor y tú les ocultaste que tenías un pedacito de su hijo, o sea su nieto, que feo eso no se hace. —¿Lola, de qué rayos habla esa mujer? —preguntó mi papá. —¿Como que tú te acostabas con Manuel, por Dios qué rayos pasa? —indagó mi madre. —¡Carajo habla! — gritó mi tío. —¿Es verdad eso, dime, dímelo? —sollozó mi tía. —¿Traicionaste a mi hijo? —preguntó furiosa Amanda. —¿Le hiciste creer que era su hijo? —Indagó Alberto—, que descaro. Yo solo dejé salir mis lágrimas porque las palabras se me quedaron atoradas en la garganta. En un acto desesperado Juanse gritó. —¡Las cosas no son así, yo puedo explicarlo! Estaba tan dolida, todo se derrumbaba, lo miré y susurré. —¡Lárgate! —le dije con el corazón hecho trizas— . Llévate esa maldita, no finjas que te importa. —Esa mujer es una cajita de sorpresas — Comentó Carla. Ilse estalló y le gritó que se callara, la arrastró por los cabellos sacándola de la casa, todos me atacaban, sus miradas de desprecio, reproche, discutían, parecía una batalla campal hasta que grité. —¡Basta! Es verdad, Manuel es el verdadero papá de mi hijo. Sentí una bofetada que me marcó el rostro. —No puedo creerlo —mi tía me gritó con desprecio —, tenías un pedacito de vida y te quedaste callada cuando nosotros moríamos de dolor. —Eres despreciable —Habló mi tío—, ¿cómo pudiste ocultarlo? —Eres una cualquiera, no mereces a mi hijo — Amanda descargando otra bofetada en mi mejilla. —¡Mentirosa! —gritó Alberto. —¡Ya! — gritó Juanse — ¡o más! Ustedes no saben cómo pasaron las cosas. —¿Cómo rayos te metiste con Manuel? —preguntó furioso papá. —¿O sea que tú eras la mujer misteriosa de la que se enamoró, con la que se iba a casar? —indagó mi tía. —¿Por qué no hablaron? —alegó mi tío. —¿Acaso no les dimos confianza? — inquirió mamá. Todos me atacaban, Juanse trataba de defenderme, pero yo no sabía qué dolor era peor, si mi familia atacándome, o saber que él fue capaz de hablar con esa mujer de algo que era sagrado, luego de tantos gritos por fin pude hablar. —Nosotros nos amábamos, era un amor real, y sí, lo evitamos muchas veces, pero fue más fuerte que nosotros. —¿Por qué demonios se quedaron callados? —preguntó mi papá—, lo grave no es que se enamoraran, no serían los primeros primos ni los únicos en el mundo en hacerlo, el problema es por qué se quedaron callados. —¡Pero habla! —Gritó mi tía tan fuerte que me hizo sobresaltar. —Estamos esperando —exclamó mi tío. —¡Ya no más! —intervinó Leila—, dejen de atacarla como si fuera lo peor solo porque se enamoró de un primo. —¿Leila tu sabías? —mi mamá preguntó. —¿Qué clase de familia son? —Exclamó alterada Amanda. —¡Mamá , por favor! —Juanse gritó. —Nos largamos de aquí, vámonos Juanse, no te quedarás con esta zorra —Alberto lo haló del brazo. —¡Papá, la respetas! —refutó. —¿Entonces qué es? —Amanda lo miró. —Se callan —Juanse elevó el tono de su voz—, ustedes no saben, nadie me engañó porque yo sabía todo, era muy consciente de lo que pasaba, si se callan y escuchan entenderán. Todos se miraban aún más confundidos, el ambiente era tenso, mi tía lloraba, guardaron silencio esperando la explicación. »Ella jamás me mintió — mis lágrimas salían sin parar —, cuando la conocí ella me dijo que había alguien en su corazón, que lo amaba, pero era un amor prohibido, sabiendo eso seguí insistiendo, luego supe que ese hombre era Manuel, yo mismo lo busqué y le dije que si la amaba luchara por ella, eso fue lo que hizo. —¿Por eso él era tu favorito verdad, porque se amaban? —me preguntó papá. —Nosotros nos amábamos —Susurré con la voz entrecortada—, tratamos de alejarnos, pero nuestro amor era más grande, claro que pensábamos hablar con ustedes. —No me digas ¿Y cuándo? —Mi tía rodó los ojos. —Ese fin de semana del accidente planeamos todo, hablaríamos con ustedes, pero ya saben lo que pasó. —¿Mi hijo sabía del bebé? —Indagó mi tía. —No, porque me dí cuenta del embarazo después. —Pero que tonto somos, con razón casi te mueres, tú eres la culpable de la muerte de mi hijo —me gritó. —¿Qué? No, eso nunca —elevé el tono de mi voz. Mi tía empezó a llorar. —Por tu culpa mi hijo se murió, por venir a verte. —Tú eres la única culpable —Atacó mi tío. —Un momento —interrumpió papá—, mi hija no tiene la culpa de lo que pasó, fue un accidente. —No, ella es la culpable, es egoísta, no le importó mi dolor —gritó mi tía. —¿Ustedes creen que a mí no me dolió? —Grité con el alma desgarrada—, era el amor de mi vida. Mi tía volvió a pegarme, mi madre se metió y la empujó, ahora todos discutían, los papás de Juanse se fueron desilusionados de mí, según ellos era una cualquiera. Juanse me abrazó, con lágrimas en los ojos y con una profunda desilusión le dije que se fuera de mi casa, que esto era solo entre mi familia y yo, lágrimas salían de sus ojos, pero no lo dejé hablar. Ilse lo convenció de que me dejara con ellos, luego hablaríamos, ella también se fue. Mi familia se destruía poco a poco, todos se atacaban y discutían, mis tíos me estaban echando la culpa de la muerte de Manuel eso sí que me dolía, yo no tenía la culpa, grité con todas mis fuerzas. —¡No más! No fue mi culpa, a mí también me destruyó su partida, fue mi primer amor, daba la vida por él. —¿Entonces por qué dejaste que se fuera? —Mi tía me gritó—, si lo amabas, si no lo hubieses dejado ir, mi hijo estaría vivo. —Ustedes creen que no le insistí, pero me dijo que tenía que irse. —No fue suficiente , eres la causa de su muerte —me volvió a gritar. —Por tu culpa mi hijo se murió —Añadió mi tío. —Las cosas no son así —Alegó papá. —Maldita egoísta, te quedaste callada cuando yo me hundía en el dolor —alegó mi tía. —No te importó nuestro sufrimiento, tú tenías una luz de esperanza, ese niño que es nuestro nieto y lo callaste —demandó mi tío. —Si lo hice fue por miedo a su reacción —susurré. —No te creo mentirosa, asesina —gritó mi tía. —No permito que le hables así a mi hija —interrumpió mi mamá. —Vas a saber qué es el dolor, pagarás la muerte de mi hijo —exclamó mi tía. —Te acordarás de nosotros —agregó mi tío. —¡A mi hija no la amenazas! —gritó papá. —Ese niño —Gritó mi tía y me haló del brazo—, también es nuestro nieto y tenemos todo el derecho de estar con él, por eso te lo voy a quitar, me llevaré a Manuelito conmigo, te voy a quitar a tu hijo, sentirás mi dolor, así como por tu culpa mi hijo se murió. Escuchar eso fue como un golpe en el corazón, mis papás se opusieron rotundamente, otra vez discutían, enfrentándose entre ellos. —¡Jamás! Es mi hijo —grité. —Tú no eres una madre apta para el niño, eso lo comprobaremos, hablaremos con el abogado —respondió mi tío. Tomaron sus cosas y se fueron. No solo la verdad salió a la luz, mis tíos me odiaban y me culpaban por la muerte de Manuel, me amenazaron con quitarme a mi bebé, eso no podría soportarlo, era mi niño. Y mis papás estaban desilusionados de mí. Todo el mundo, me tachaba como una cualquiera, esa mujer destruyó mi vida y logró lo que quería, lo peor, el dolor y la desilusión porque Juanse me falló. Me desplomé en el piso, lloré y lloré, lágrimas que desgarraban mi alma, Leila corrió abrazarme, con la voz quebrada susurré. —Sé que me equivoqué por no hablar con la verdad, pero yo no tengo la culpa de su muerte, juro que lo amé, fallé sí, por ocultarlo, pero mi niño no dejen que me quiten a mi niño. Papá me miró con tristeza, mamá me decía que ellos no dejarían que alejaran el niño de nosotros. Leila les habló, les dijo que no me juzgaran, que si callé fue por miedo, les contó toda la historia, mis papás me pidieron mi versión, aún llorando les conté todo de principio a fin. Así fue como mi mundo se despedazó la noche más feliz, pasó a ser un infierno, yo sentía morir, eso no se comparaba con lo que aún me faltaba. Continuará …
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