Despertó poco a poco. Tenía una aguja canalizada en el hueco del codo derecho, y un agudo sonido de alguna máquina cercana resonaba en su oído. Estaba en un hospital. Edna estaba dormida en un sofá. No sabía si era de día o de noche, las ventanas estaban corridas y no había mucha luz. —¿Edna? –Ésta despertó al escucharla. Caminó hacia ella y le tomó la mano con suavidad. —Estarás bien. Los médicos dicen que te recuperarás. —Qué… ¿qué me pasó? –Ella guardó silencio, y Allegra le apretó la mano en un ruego—. Dime la verdad. Por favor. ¿Qué me pasó? —Allegra… —Edna dio unos pasos alejándose, y Allegra vio que intentaba disimular su nerviosismo—. Estabas embarazada, nena. Y perdiste al bebé. —No… —Sollozó ella. —Lo siento. Lo siento terriblemente. —No, no, no… Allegra se giró en la c

