Duncan despertó poco a poco. Le dolía todo. Lo primero que notó es que estaba en una posición incómoda y que hacía frío. Tenía las muñecas esposadas a su espalda aún. Estaba de rodillas en el suelo y lo que impedía que se fuera de bruces era la cadena a la que estaban atadas las esposas. Estaba obscuro. Se puso en pie poco a poco y empezó a explorar el lugar. No había nada alrededor, no tropezó con nada en el radio de movilidad que le daba la cadena. —¿Hola? –gritó. Quería hacer mil preguntas, pero no deseaba que esos tipos creyeran que estaba entrando en desesperación. Se acercó a la pared de concreto en la que estaba sujeta la cadena y tiró. Nada, estaba firmemente atornillada. Duncan siguió la pared hasta que la cadena tiró de sus muñecas, debía ser una habitación amplia, porque

